El dinero en la pareja: "Le dibujo mis gastos”

Detrás de tus garabatos económicos,¿se esconde un posible conflicto de pareja?
Detrás de tus garabatos económicos, 
¿se esconde un posible conflicto de pareja?
Detrás de tus garabatos económicos, ¿se esconde un posible conflicto de pareja? Crédito: Inés Auquer. Producción de Maru Gabe.
Detrás de tus garabatos económicos,¿se esconde un posible conflicto de pareja?
María Soledad Cotelo
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6 de diciembre de 2016  • 00:00

Sean cuentas juntas o separadas, la cuestión del dinero en la pareja es un tema que nos toca a todos y todas muy de cerca.

Imaginate esta situación: salen a cenar y tu chico repara en tu nuevo vestido. Te dice que te queda divino y enseguida respondés: “Gracias. ¿Podés creer que me salió dos mangos?”, cuando, en realidad, el resumen de tu tarjeta de crédito demuestra que el vestidito lo compraste en 6 cuotas que suman un total de 4 cifras. No fue una ganga y no hay ningún problema en que así sea. Sin embargo: ¿a veces sentís la necesidad de falsearle a tu pareja qué hacés con la plata y todavía no sabés muy bien por qué? Veámoslo juntas:

los motivos

Puede haber tantas razones como parejas para que vos le dibujes tus gastos, ocultes compras o hagas pasar por “barato” algo que definitivamente no estaba en oferta. Quizás él sea bastante “codito” y en su universo no haya lugar para comprar un jean de 2 mil pesos o jamás haya hecho terapia y no quiera ni escuchar cuánto te cobra la psicóloga. O la verdad es que están ajustados y vos sos medio compulsiva o estás gastando dinero que habían acordado que iban a usar para unas vacaciones. ¡Vaya una a saber!

Lo cierto es que tanto hombres como mujeres somos muy particulares y personales con nuestros gastos. Vos podés comprarte una cartera de 5 mil pesos y evitar por todos los medios tomarte un taxi porque “está carísimo”. Mientras que él gasta un dineral en tecnología pero posterga cambiar el sillón del living que ya está desvencijado.

A diferencia de nuestros padres o abuelos, estamos inmersos en una cultura súper hedonista en la que la gratificación y el placer están, desde ya, incluidos como ítems en nuestra planilla de gastos mensuales. Sin embargo, a vos te cuesta blanquear lo que hacés con tu plata. Esto te jode y querés resolverlo. Fijate cuál es tu perfil y aprovechá las puntas que te tiramos para relajarte con el tema.

La transgresora

En la convivencia, cada pareja tiene sus convenios en lo que a la economía hogareña refiere. Puede que aporten lo mismo o que manejen los gastos comunes según porcentajes: por ejemplo, cada uno pone el 40% del sueldo. Por otro lado, hay acuerdos sobre ahorrar para un viaje soñado, cambiar el auto o cualquier cosa que ambos deseen. Después, vos tenés total potestad sobre tu plata.

La cuestión se complica cuando transgredís ese acuerdo y usás los pesos que venías guardando para un viaje en una lámpara vintage para tu escritorio o no pagás las expensas para aprovechar una promo de depilación definitiva. No estás cumpliendo con lo convenido y, en lugar de decirle a tu muchacho: “Este mes, pagá vos las expensas porque me quedé sin un mango”, preferís meterte en un intríngulis antes que ser sincera. Si sabés que sos medio zarpada, te encanta tarjetear y no te asusta ver tus cuentas en rojo porque al mes te recuperás, primero encargate de los gastos fijos comunes. Después, quemate la plata en lo que quieras sin necesidad de andar tapando agujeros con mentiras.

La cuidadosa

Ganás más que él y te parece que si le contás cuánto gastás y en qué, va a sentirse incómodo, menospreciado o afectado en su virilidad. Esto puede ser un fantasma o suceder en realidad. Si vas por la segunda opción, hay que dejar de ocultar y trabajar el tema en pareja. Vos no podés sentir pena porque disponés de más dinero. Si a tu pareja le jode, es necesario hablarlo. Él tiene que estar contento con tu desarrollo laboral, lo que hacés y lo que ganás. Pero prestá atención porque el mambo puede ser más tuyo que del otro, puede que la que en realidad se sienta incómoda seas vos, al lado de un hombre que percibe un sueldo menor.

La culposa

Incluso si tus compras no complican la economía de la pareja, preferís decirle que las sandalias que tenés puestas te las regalaron porque te sentís culpable con vos misma. El otro es simplemente el espejo que te hace mirar tu culpa, el que te interpela aunque no te diga nada. Y vos te quedás ahí, enroscada pensando que no deberías haber gastado, que te pasaste de la raya o que simplemente no era necesario. Ponete el traje de buzo y sumergite en lo profundo de este sentimiento que no te permite disfrutar de tus gastos e inversiones. Preguntate qué papel ocupan la carencia y la privación en tu cabeza. Laburá sobre eso, vale la pena. Cuando te saques de encima la culpa, vas a descubrir cuán gratificante es hacer uso de tu dinero en función de tu deseo y no sentir la necesidad de ocultar.

La miedosa

Cabeza a cabeza con la culpa hay otro sentimiento maldito: el miedo. Si a tu pareja le copa la ropa tanto como a vos y para su último tatuaje desembolsó unos cuantos pesos, seguramente te encante mostrarle qué te compraste para la fiesta de fin de año de la empresa. Es más: ni siquiera reparás en si se lo decís o no. En cambio, si tu chico es más bien austero y no lo vas a ver con una camisa nueva hasta que vos le regales una, el miedo a la crítica puede ser letal. “Seguro va a pensar que es cualquiera, que siempre estoy gastando en frivolidades”. Creés que te va a considerar una mina superficial porque preferís comprarte una mini antes que un libro o porque, directamente, no elegiste ahorrar.

Deberías preguntarte qué gastos están legitimados para vos, si es que hay alguno, y sacarte de encima el miedo al qué dirán. Hacete cargo de tu decisión, pero no de la opinión de tu pareja. Ese es un tema de él. Puede que no entienda por qué necesitás un nuevo outfit para ir a la oficina, pero vos tampoco entendés cómo puede sacarse tanto cuando mira fútbol y, sin embargo, no te parece un inadaptado. Él es austero y vos no. Tenemos que ser desparejos para poder emparejarnos.

¿contigo pan y cebolla?

Frente a todos estos posibles escenarios de “infidelidades financieras”, es indispensable saber ubicarse en la intersección más que en la unión para ver con otra perspectiva la economía de la pareja y la propia: siempre debe existir un lugar para cada una y nadie puede pedirte explicaciones sobre lo que hacés con tu plata. Por otro lado, sabemos que el “contigo pan y cebolla” no es más que un romántico lugar común: tené siempre presente que si hay amor, hay que poder hablar sin rollos del dinero. •

Y vos: ¿dibujás?

Laura Conde, 32 años, Lic. en Comunicación: Yo soy la que divide una compra grande en varias tarjetas. Así, unos zapatos en tres resúmenes se convierten en tres inocentes remeritas”.

Ailin Yanzón Antón, 29 años, organizadora de eventos: “Me compraba algo y lo escondía en el placard. Me di cuenta de que lo hacía por mí y no por él: me costaba tanto ahorrar ¡que no podía ni ver lo que había gastado!”.

Silvana Onnainty, 34 años, proyectista: “Compré un vuelo en ala delta para los dos y él me preguntó, de curioso, cuánto había salido. Como soy de zarparme con los gastos, le dije la mitad del precio”.

¿Cómo te manejás con el dinero frente a tu pareja? ¿Te identificaste con alguno de los perfiles mencionados? También leé: Viajes: secretos, sitios y aplicaciones para conseguir pasajes baratísimos y Misión verano: ¿Es conveniente incentivar a los chicos a dejar los pañales?

Expertos consultados: Patricia Faur, psicóloga y docente de la Universidad Favaloro y Juan Tonelli, escritor y autor del libro Poder ser.

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