El diseño, un modo de vida

Reflexiones de profesionales que apostaron a vivir de lo que hacen. Las estrategias que aplican
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29 de diciembre de 2001  

Se acerca fin de año y entre los brindis, las tarjetas y los reencuentros, siempre asoma el tiempo del balance.

El diseño y la decoración, dos actividades que vienen pisando fuerte entre nosotros, han sido pródigos en emprendimientos a cual más renovador. Por eso, y como una pequeña semblanza de una realidad que se vislumbra cada vez más rica y compleja, les daremos la palabra a varios representantes de estas profesiones. Algunos al comienzo de sus carreras y otros, en la plenitud de sus logros profesionales. Tienen un bagaje de experiencias y proyectos que merecen compartirse.

El llamado de la vocación

Arquitecta y decoradora, hace 17 años que Anne Bazán se dedica al interiorismo. "A veces trabajo más en un área que otra, pero siempre me gustó el diseño de interiores", comenta.

Su ingreso en la profesión se dio naturalmente, sin sobresaltos ni grandes complicaciones. "Desde un primer momento pude vivir de lo que hacía -rememora-. Fue dándose espontáneamente, casi sin buscarlo."

De algún modo, a medida que surgía más trabajo, se fue especializando y dando forma a un estilo personal. Las propuestas que se enlazaban una con otra, los viajes, las compras de material y el intercambio con otros profesionales, la fueron ayudando a encontrar un lugar propio. Anne formó un equipo de trabajo que duró ocho años con Mónica Melhem. Luego, decidieron seguir caminos separados.

Hoy también trabaja en equipo. Junto con los colegas que integran su estudio, aspira a lograr combinaciones interesantes de objetos, elementos y estilos. Le gusta el trabajo compartido y creativo, "en el que se pueden incorporar matices, articular miradas... aceptando una realidad en permanente mutación". Con vistas al futuro, espera continuar con este estilo profesional, segura de que es el camino para crecer en forma constante.

Quemar las naves

Gerardo y Claudio Caruso son dos hermanos que llegaron al diseño casi por casualidad. A principios de los años 90 se dedicaban al marketing y el comercio; a mediados de esa misma década, dejaron de lado toda su actividad anterior y fundaron Gropius, un local dedicado a artículos de diseño realizados entre los 30 y los 70.

"Hay pasiones que uno lleva silenciosamente y afloran en el momento menos esperado", comenta Gerardo. Ese instante de magia llegó hace unos seis años, cuando se acercó a una tienda de remates. "Estos muebles de Batman no los quiere nadie", escuchó quejarse a uno de los empleados. Las piezas en cuestión eran varios modelos art déco de los que se enamoró inmediatamente.

"A veces la gente ve sólo el tapizado raído o la madera deteriorada -se explaya Claudio-. Pero cuando uno está en tema, puede imaginar cómo va a quedar una vez restaurado." Precisamente, él se ocupa de todo lo que tiene que ver con reparar artículos confeccionados tanto tiempo atrás. Como Gerardo, puede decirse que es un autodidacto. Ambos se formaron lejos del rigor de las aulas, respaldados por sus inquietudes y entusiasmo.

"Cuando empezamos con esto, nadie nos conocía", rememoran. Su primer local se ubicó en las instalaciones de una antigua mercería. Piso, puertas y paredes fueron remodelados por los dos animosos hermanos. Con el tiempo la propuesta se consolidó y creció hasta el punto de necesitar un espacio mayor: el local actual, también ambientado por los Caruso. Y la historia continúa: a mediados de enero van a inaugurar un lugar nuevo. Allí no ofrecerán muebles originales, sino reproducciones de los diseños clásicos. Una forma de seguir en la línea, pero incorporando propuestas más accesibles.

Ante todo, divertirse

"Mi vocación siempre fue hacer realidad las cosas que me imaginaba; materializar proyectos", reflexiona, siempre jovial, Sergio Muchnik. A esa voluntad por darle entidad a los sueños habría que agregar otra: la de encontrar siempre un espacio para el placer y la creatividad.

Semejante alquimia parece haberse dado en Dash, el local dedicado a amoblamientos juveniles que Muchnik abrió hace 23 años.

"Me gusta sorprenderme y sorprender -enfatiza-. Siento que los diseños que nacen aquí no siempre lo hacen desde un estricto punto de vista comercial. Algunos, por supuesto, impactan en el mercado, pero conviven con los otros, los que creamos por puro gusto de hacerlo."

Apasionado por el diseño, se formó solo, a fuerza de espíritu abierto y frecuentes visitas a ferias europeas, como la de Milán. Hace aproximadamente ocho años incorporó a Dash un equipo de trabajo integrado por jóvenes diseñadores industriales, gráficos y arquitectos. Su objetivo es lograr una unión cada vez más intensa entre fusión y diseño... con materiales exclusivamente argentinos. "No importamos absolutamente nada", declara, sin ocultar el orgullo.

¿Los momentos de mayor satisfacción en su vida profesional? La posibilidad de diseñar artículos especialmente concebidos para chicos discapacitados y el día en que el Colegio San Andrés lo convocó para diseñar sus bibliotecas. La mención que en la última Casa FOA obtuvo su cuarto para niños se suma a la lista.

Agradecido y optimista, Muchnik está preparando una muestra en Cariló (estará allí todo el verano) y proyecta la apertura de una nueva tienda, dedicada enteramente a objetos.

Renovarse siempre

La vocación de Tati Mancini se despertó muy tempranamente. "Siempre me gustó la decoración -comenta-. Ya de chica ayudaba a mi madre a colgar cuadros, ubicar objetos, ordenar bibliotecas o armar mesas diferentes."

Lo que era una pasión informal se fue profesionalizando hace unos 25 años. Comenzó ambientando las casas de familiares y amigos, y luego fue armando su propia cartera de clientes. "Puedo decir que he vivido de la decoración desde entonces", afirma. Lo suyo es la mezcla de estilos. Le gusta hacer convivir objetos antiguos con muebles modernos, o detalles de vanguardia en un marco clásico. Asimismo, es partidaria de la libertad a la hora de elegir colores y materiales.

"La gratificación más grande que puedo tener es cuando me llama un matrimonio en cuya casa trabajé años atrás, pero para que ayude a armar el hogar de sus hijos." ¿Otra fuente de satisfacción profesional? "Descubrir que una ambientación que realicé hace un tiempo me sigue gustando en la actualidad."

Es que la meta de esta interiorista es la atemporalidad; es decir, lograr espacios con identidad, que no estén atados a modas y tendencias.

Tati cuenta con una formación lo suficientemente sólida como para sostener este tipo de desafío. Durante mucho tiempo fue alumna asidua de cursos de historia del arte, temática que sigue estudiando en el presente.

Además, siguió cursos de historia del mueble con los museólogos Juan José Ganduglia y Mora Cattaneo. La Universidad de Texas y la Parsons School of Design la contaron entre sus inscriptos en artes visuales.

El auge de lo oriental también llamó a su puerta por medio de unos cuantos cursos de feng shui.

Luego de este recorrido, continúa encontrando encanto en lo que realiza. Afirma que su principal sistema de trabajo es "garantizar un excelente servicio a la persona que me convoca para ambientar su hogar".

Para eso procura interpretar lo más fielmente posible las necesidades de cada caso. "Al encarar un trabajo, me propongo llevarlo adelante junto con los dueños de casa. Me adapto a su estilo y busco entender sus deseos frente al espacio que van a habitar."

FUENTES CONSULTADAS: Anne Bazán: B. DESIGN GROUP, 4723-6384. Tati Mancini: 4811-9098. Perfectos Dragones: Dragones 2414; 4780-2065. Sergio Muchnik: Dash, Arenales 1231; 4813-5855. Gropius: Honduras 5851.

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