El ejemplo de Paraje Altamira

Joaquín Hidalgo
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19 de junio de 2016  

El vino argentino está inmerso en un viaje al origen. Trata, en pocas palabras, de establecer diferencias gustativas entre vinos según el origen de la uva. Es una vieja idea en el mundo que ahora gana predicamento a nivel local: definir lugares con gusto y marca común, tal como Rioja, Barolo o Pomerol.

Llegar a esa precisión supone atravesar un largo proceso histórico o bien sobrellevar una discusión acerca de qué criterios se emplean para establecerlas. La Argentina está hoy en ese momento. Y el ejemplo más cabal es la reciente constitución de la Indicación Geográfica Paraje Altamira, en San Carlos, Valle de Uco. Un lugar sin límites políticos, en donde un centenar de productores construyó una reputación por el color, la aromática y la frescura singulares de sus vinos, que hoy tiene reconocimiento legal. ¿Cómo sucedió?

Por una iniciativa de las bodegas Catena Zapata, Familia Zuccardi y Chandon, en 2013 la Cátedra de Suelos de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Cuyo realizó un estudio en el cono aluvial del Río Tunuyán, en cuyo abanico estaba situado este lugar indefinido, por todos conocido como Altamira. El trabajo arrojó algunas conclusiones clave: había zonas de regularidades en el suelo, con profundidad, texturas similares y presencia de carbonato de calcio, atravesados asimismo por curvas de nivel equivalentes, que podían sistematizarse en una región.

Un año después nació la IG Paraje Altamira, añadiendo paraje para diferenciarla de una marca comercial registrada. Todo de común acuerdo y no sin discusiones: la primera delimitación abarcó 4790 hectáreas pero, como el mismo estudio también avalaba regularidades fuera de ese perímetro, finalmente se amplió a 9290. De esas, a la fecha hay 2786 plantadas.

Lo importante del caso es que el abordaje científico definió una región vitícola, un terroir. Y ahora toca a los productores comprendidos en la IG la responsabilidad de interpretarla en sabor. A los consumidores, en cambio, nos tocará juzgar si los vinos gustan o no. Si todo marcha bien, la región ganará prestigio. Entretanto, una cosa es segura: la delimitación de nuevas regiones seguirá el ejemplo de Paraje Altamira.

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