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El encuentro con un extraño le reveló el lugar donde habitaba su corazón

Señorita Heart
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28 de diciembre de 2018  • 00:18

En el 2006 se habían cumplido 10 años desde la partida de Agustina de la Argentina. Si bien en Charlotte, su lugar de residencia en Carolina del Norte, Estados Unidos, tenía un buen pasar, extrañaba a su familia, amigos y cultura tan amada.

Fue durante ese mismo año que, mediante una simple llamada, se enteró de que su padre había muerto; una noticia dura que la llevó a decidir volver por unos meses, para reencontrarse con sus raíces y ordenar sus ideas. "Este viaje me ayudó de alguna manera a cerrar una etapa con mi papá y, a la vez, pensar si mi vida era en donde mi corazón siempre estuvo, Buenos Aires, o en Estados Unidos, donde estaba saliendo con alguien sin estar muy convencida y en donde debía darme cuenta si podría ganarle a la barrera cultural. Un país que, sin embargo, me dio la oportunidad de volver a nacer y ser una persona más independiente. Un lugar que me enseñó a madurar", reflexiona Agustina.

Ya en Buenos Aires, unos amigos le ofrecieron trabajar en un café, con la idea de que ella pudiera abrir un espacio similar en Charlotte. Pasaba la mayor parte del tiempo en la cocina, aprendiendo a hacer budines y tortas, hasta que un día, carente de personal, le pidieron que atendiese a los clientes. "Con mucha vergüenza lo hice", cuenta Agus , "Y entre mesa y mesa, me encontré con un personaje. ¡Sí! Un personaje que estaba comiendo su ensalada y tenía el detalle de que sus pantalones estaban dentro de sus medias. Así de simple, por ese detalle morí de amor", continúa.

Javier, se llamaba. De él supo que estaba terminando una relación y que tenía fama de ser algo mujeriego. "Era imposible no sentir la vibra que había entre los dos, pero la realidad era que él todavía tenía novia y que yo vivía a miles de kilómetros de distancia. ¿Para qué perder el tiempo?", recuerda Agus con una sonrisa. Y esa fue la primera y última vez que lo vio durante su estadía y no lo pudo olvidar.

El encuentro con un extraño con las medias dentro de sus pantalones le cambió la vida.
El encuentro con un extraño con las medias dentro de sus pantalones le cambió la vida.

El mensaje inesperado

Los meses pasaron. Agustina ya estaba reinsertada en su rutina norteamericana, cuando de pronto le llegó un MSN en medio de una conferencia de trabajo. "Hola", decía; "Quién sos", replicó. "¿Quién sos vos?", le devolvió él. Y fastidiada, ella cortó la conversación y siguió en lo suyo.

Al día siguiente, le llegó un mail de disculpas por los mensajes. Era Javier. Ya separado, él había decidido pedirle el contacto a su amigo en común y dueño del café, pero este se negó. "Conocía a Javi y, como era considerado el playboy del grupo, lo veía para futuros problemas", cuenta Agus divertida. Pero Javier no se dio por vencido, la googleó, encontró su mail laboral y así logró contactarla. "El bombón del café con sus medias adentro del pantalón de traje", pensó Agus al revelar su identidad. Ya los dos solteros, creyó que sería entretenido continuar con el juego.

Al mes de enviarse mensajes diarios se dieron cuenta de que su comunicación era espectacular. Hablaban por chat más de tres veces al día y Javier comenzó a insistirle en hacerlo también por teléfono, pero a Agus le daba vergüenza poner su voz en la comunicación. "¿Y si no era lo que esperaba? Sentía que esas charlas, tal como eran, me hacían tan bien. Tenía un amor casi anónimo y cambiarlo me daba miedo. Pero bueno, al final, hablamos y la fantasía siguió. Eso sí, a la camarita me negué rotundamente", recuerda Agus.

No hay vuelta atrás

Hasta que un día Javi le contó que tenía que pasar por Estados Unidos para luego seguir de viaje a Europa por trabajo. "¿Verse?", eso menos aún, pensó ella. ¡Si le había costado poner voz, menos iba a hacer real su fantasía! Sin embargo, cuando supo que la exnovia de Javier estaba muy triste y lo quería recuperar, entendió que era hora de tomar coraje y hacerse de armas. Sintió que debía verlo o lo perdía.

Decidieron poner un punto medio para el encuentro: Washington DC, pero ella, que prefería estar en su territorio, le compró el pasaje más económico de sorpresa para que volara desde su lugar de llegada, Nueva York, hasta Charlotte. "Ya no hay vuelta atrás", le dijo. Y él estaba feliz y ella asustada al extremo.

Agus y Javier
Agus y Javier

Agustina no podía más de los nervios. Iban a pasar dos días juntos y ni siquiera lo conocía realmente. "Mis preguntas eran miles: ¿Si lo veo y no hay piel? ¿Si tiene mal aliento? ¿Mal olor? ¿Si no le gusto? Muchas preguntas. Y cuando aterrizó me llamó, yo llegando tarde, y ahí estaba, lo vi, él me sonrió y yo con mucha vergüenza, le devolví la sonrisa. Era él, el chico de los pantalones dentro de las medias", rememora.

Lo primero que les salió fue abrazarse, algo que les resultó extraño, pero a la vez familiar. Ambos estaban muy nerviosos. Fueron a comer y charlaron por horas. Claro, sabían de eso, se conocían hace rato, ya era una etapa aprobada. Entonces llegó el momento de su primero beso. "Y la verdad es que no tengo palabras. ¡Fue alucinante! El beso más lindo, más esperado y apasionado que tuve en mis 31 años de vida", confiesa Agustina.

Pasaron un fin de semana tan loco como espectacular. Habían comenzado su relación a distancia hacía un par de meses, se vieron dos días y todo lo que sentían se percibía como si hubieran estado juntos dos años.

Cuando él se fue, Agustina quedó con una tristeza profunda. ¿Cómo se podía extrañar tanto a alguien con quien solo había estado 48 horas? Pero así lo sentía. "Y pasaron unos días y él me dijo que había sacado pasaje de nuevo desde Nueva York hasta Charlotte, para volver a verme unos días antes de ir definitivamente a su viaje por trabajo a Europa. Estaba feliz, unos días más juntos. Lo fuimos a recibir con Hugo, mi perro, y esa semana la vivimos como nunca", relata Agustina, emocionada.

Fueron a ver "La casa del lago".
Fueron a ver "La casa del lago".

En uno de esos días fueron al cine. Allí, ella observó a ese hombre al lado suyo y sintió que él sería su gran amor, el padre de sus hijos. "Estaba tan segura con él como si hubiera sido parte mía toda la vida", confiesa.

La revelación

Sin embargo, en el día de la despedida el miedo se apoderó de Agustina. Miedo a que no se vieran más, a que conociera a otra persona, o que simplemente se olvidara de lo especial que había sido lo vivido. Que al final todo fuera una fantasía de su cabeza. "Hasta que antes de irse me dio la entrada de la película que habíamos ido a ver. Le había escrito un Te Amo. Ahí mis temores desaparecieron", continúa Agustina conmovida.

En los meses que siguieron hablaron todos los días de tres a cuatro veces. Hasta peleaban como cualquier otra pareja, se contaban todo y reían juntos, pero la distancia comenzó a afectarlos. Él volvería a Charlotte, pero sabían que iba a ser temporario, como siempre, y a ninguno le gustaba la idea. "Y entonces, una noche, llegó mi revelación, esa que había ido a buscar en mi último viaje a la Argentina: me iba a volver a Buenos Aires con él, allí es donde realmente habitaba mi corazón", cuenta Agustina sonriente.

Agus, Javier y sus dos hijas.
Agus, Javier y sus dos hijas.

"En un mes cerré una etapa de 10 años. Hice diez valijas, le hice los papeles a mi perro Hugo, me despedí de mis amigos, le dejé todas mis cosas a mi compañera de departamento y despegué con el amor de mi vida a una nueva etapa. Desde ese día, nunca más nos separamos. Tenemos altibajos como cualquiera, pero nuestra historia de amor no fue en vano. Hoy ,13 años después, con dos hijas hermosas, seguimos hablando como el primer día, seguimos disfrutándonos como siempre y no hay un solo día en que no me acuerde de ese instante, cuando vi al chico de traje con los pantalones adentro de sus medias y que me cambió la vida", concluye, feliz.

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar

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