Él es más maternal que yo

Para todos, él es un “súper papá”, pero a vos te agobia un poco su omnipresencia. Dejá de sentirte la tercera en discordia, cada uno tiene su lugar, ¡y hay amor para todos!
Constanza Boquet
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19 de junio de 2016  • 00:34

De la misma manera en que vos no podés saber cómo vas a ser como madre antes de que nazca tu primer hijo, tampoco podés adivinar cómo será él como padre. Pero una vez que llegan los tres a casa con el bebé en brazos, descubrís que él ayuda demasiaaaado y un poco te pone en jaque. ¿Cuál es tu lugar cuando él se ocupa de todo (o casi todo)? Te tocó un "súper papá", de esos que se hacen cargo del bebé tanto como vos. Dice saber todo acerca de la paternidad, tiene respuesta para todo y una paciencia envidiable, es tan padre-madre que si la biología se lo permitiera, le daría la teta al niño mientras vos te hacés las manos. Un padre que se pone el despertador cada tres horas; que está al tanto de cuántos kilos bajó el bebé desde el nacimiento hasta el alta; que si le pedís el sacaleche, no te alcanza el esterilizador y, si llegás de un día largo, encontrás a tu hijo bañado, comido y en la cama; que si tiene que vestirlo para salir, le pone ropa y no un pijama; que distingue el delantal del jardín del babero para comer y se sabe a la perfección todas las canciones de Baby TV. Este papá parece ser tu yin yang perfecto para transitar la maternidad sin sucumbir en el intento.

Muchas formas de vivirlo

Como siempre, hay que mirar para adentro y bucear un poco en el lugar que le das vos a su paternidad. Es verdad que él va a ser el tipo de padre que quiera y pueda ser, pero desde tu lugar de coequiper podés poner tu granito de arena para que las cosas fluyan mejor.

La autosuficiente: hay mujeres a las que les cuesta mucho compartir a su bebé con el marido y hasta boicotean sin darse cuenta esa intimidad porque sienten que el bebé es solo suyo. "YO lo tuve 9 meses adentro, solo YO sé qué es lo que necesita". Y cuando, en medio de un ataque de llanto, el padre logra calmar al bebé, les agarra una rabia incontrolable, ya no importa que el bebé esté tranquilo, la cosa es: "¡¿Por qué no lo calmé yo?!".

La más desapegada: parecen tener una barrera para conectarse con el bebé y, "descansando" sus miedos, trabas y supuestas imposibilidades, entregan al bebé dando por sentado que el otro va a hacer todo mejor que ellas. Esta cómoda actitud, con el título de "soy una madre relajada", seguramente traiga escondida una historia de vínculos de apego no seguros en su propia infancia, cosa que puede desencadenar en otro vínculo desapegado.

La que cede el lugar: hay otras mamás que logran compartir con amor, agradecimiento y alegría la maternidad junto con el papá. Es que las nuevas estructuras familiares y laborales hacen que las madres vuelvan a trabajar pronto y muchas veces pueden ser los padres los que se quedan al cuidado del bebé. Esto facilita que las madres cedan un poco de territorio y los padres tengan rienda suelta para zambullirse en la paternidad. Porque al igual que las mujeres ganamos terreno fuera de la casa, y este conocer, saber y tener nos da seguridad y alegría, los hombres están luchando por su lugar puertas adentro, y está buenísimo poder dárselo. Descubrieron lo maravilloso que es acompañar la crianza de sus hijos y no quieren dejarlo. La idea tampoco es tirarse a mirar el techo y ver cómo el otro hace todo, no porque esté mal, sino porque las relaciones se arman en presencia, durante el encuentro y en la tarea. Si vivís el crecimiento de tus hijos como una espectadora, vas a estar ausente en su vida como lo estaban en otra época los padres y te vas a perder muchas cosas, y eso no está bueno ni para vos ni para tu hijo.

Crédito: Latinstock

Si él es la madre..., ¿yo quién soy?

Aunque esta nueva faceta de los padres modernos parezca un vuelo sin escalas al paraíso, puede que te angustie un poco no saber dónde estás parada o cuál sería tu rol. Cuando llegan a tu casa con el bebé recién nacido y empieza a poner en mesa de debate cómo dormirlo, cómo bañarlo y cuánto tiempo hacerle el provechito, te acordás de esa vez que les dijiste a tus amigas: "¡Es un dulce, está en todas! ¡Quiero que sea el padre de mi hijo!". Y ahora, en medio de esta vorágine de nuevos descubrimientos, te preguntás: "¿Por qué es tan metido? Yo nada más quería que fuera el padre de mi hijo...". No es mito que si le pedís algo con mucha fuerza al universo, te lo cumple. ¡Lo pedís, lo tenés! Y acá está este papá súuuper presente con todo lo bueno que también implica.

Pero puede ser que no logres ver todo lo positivo que tiene compartir 50 y 50 la tarea de la maternidad. Que te veas desplazada y sientas que los beneficios que te tocaban por ser la que recién parió y la que se levanta cada tres horas a amamantar se vean opacados por las necesidades del flamante padre, que también se levanta en la madrugada y cambia pañales al por mayor; no desesperes. Aunque creas que él maneja a la perfección las actividades del bebé y tiene todas las obsesiones que podrías tener como madre (o más), no estás obligada a correrte de lugar y tomar un rol pasivo. Tener al lado un hombre maternal tiene que sumar, no restar.

Es verdad que el vínculo exclusivo de la mamá con el bebé puede darte mucha seguridad. Sabiéndote indispensable en la vida de tu hijo, esa seguridad puede perder fuerza si otro está a tu par y hacerte perder el foco, que percibas a este súper papá como una amenaza y no como lo que es, tu complemento en la maternidad.

Miedo a que elijan al papá, que te dejen de querer, culpa por no ser la mejor madre o por no ser la última cara que vean antes de dormir y la primera al levantarse, son sensaciones que hay que superar para poder darle a tu hijo lo mejor del mundo: dos padres que lo amen, lo cuiden y estén presentes.

Porque, aunque la "ayuda" sea para vos, los que más se benefician con estos nuevos papás maternales son los hijos. Si lo dijiste mil veces: "Por ellos daría lo sea", dale a él un poco de espacio, empezá a compartirlos y dales uno de los mejores inventos del mundo, ¡su papá!

Síntomas del súper papá

1. Cuenta con el cronómetro el tiempo entre teta y teta, explicándote la técnica para que el bebé agarre mejor el pezón; no sabés si lo leyó en Internet o fue a un curso de preparto extra y no te contó.

2. Lo abriga más de lo que lo harías vos y se levanta cada diez minutos para ver si respira. Te hace sentir que si dormís mientras el bebé duerme, no te ocupás lo suficiente.

3. No se pierde una visita al pediatra y en la sala de espera intercambia datos con otras madres.

4. Salta de alegría al primer quejido diciendo: "¡Se despertó!", y vos te llenás de culpa porque solo querías cenar tranquila mientras dormía.

5. Tu hijo todavía no cumplió un año y ¡ya piensa en el hermanito!

Experta consultada: Maritchu Seitún, Psicóloga especialista en orientación de padres.

¿Cómo es el papá de tus hijos? ¿Y vos cómo sos en tu rol de mamá? También te mostramos Aprender a ser padres

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