El factor Jacinda

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13 de junio de 2020  • 16:17

"Hoy, 75 días después, estamos listos" para volver a la normalidad. La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, anunció así la noticia que quisiéramos escuchar en todos los países del mundo: con la recuperación del último caso registrado de Covid-19, su país erradicó por el momento el coronavirus y podrá volver a la vida como la conocíamos, apenas con una recomendación de distanciamiento social. Jacinda, que fue incluida desde un principio entre el grupo de líderes mujeres que mejor lidiaron con la pandemia, ha visto ahora dispararse su popularidad a pocos meses de las elecciones generales de septiembre y cuenta con la aprobación del 59,6% de los neozelandeses que creen que su gestión y liderazgo fueron las claves para esta vuelta a la normalidad.

"El éxito de Ardern es el último punto de datos en una tendencia ampliamente notoria: los países gobernados por mujeres parecen ser particularmente exitosos en la lucha contra el coronavirus", dice una nota reciente de The New York Times. Lo mencionamos oportunamente en esta columna: Ardern actuó con decisión al imponer un estricto confinamiento al principio de la pandemia, en marzo, cuando impuso un bloqueo total de siete semanas. Esta semana, finalmente, el esfuerzo habrá dado sus frutos cuando proclame el "día de la eliminación" de la enfermedad, el 15 de junio, tras semanas sin nuevos casos y la recuperación del último paciente.

Al anunciarlo, vía Facebook live, uno de los comentarios mostró preocupación porque se veía cansada -algo bastante entendible en una líder en medio de una pandemia que además tiene una hija que aun usa pañales-, pero en vez, lo que hizo la ministra fue girar la cámara y culpar al decorado: "Este no es el rincón más sentador", dijo. Es parte del estilo de Ardern, que acompañó las medidas con presencia y empatía permanentes, algo que ya la caracterizaba desde antes de la crisis.

Lo que también es cierto es que Ardern es un producto de la sociedad que gobierna. Entre otras cosas, es la tercera primera ministra mujer del país, considerado pionero en materia de derechos de género -Nueva Zelanda fue el primer país en conceder el derecho de voto a las mujeres, en 1893-, pero además, en un sistema de partidos que favorece los gobiernos de coalición y una cultura de cooperación y transparencia. Por eso muchos llaman al estilo de Jacinda la "política de la amabilidad".

Y no, como ella misma dijo, tampoco fue la primera mujer en "trabajar y tener un bebé" (ni en realizar múltiples tareas, como cuando llevó a su hija de tres meses al salón de la Asamblea General de las Naciones Unidas), pero sí fue la segunda en ser madre durante su gestión y la experiencia del teletrabajo se convirtió en un modelo útil para la pandemia.

Desde marzo, Ardern hace videos en vivo por Facebook todas las semanas para responder preguntas de la ciudadanía. "Me van a ver seguido", le dijo entonces a la audiencia con la que se fue comunicando durante todo el aislamiento para despejar dudas, alertar sobre fake news, hacer anuncios y mantener la necesidad de quedarse en casa. En ninguna etapa de la crisis sostuvo un discurso agresivo. Su tono fue desde el principio el de la precaución y la seriedad: explicar la dimensión del problema mientras tomaba medidas reales.

Es contrafáctico, pero ¿sería exitosa Jacinda si gobernara otra sociedad? No lo sabemos, sí que gobierna en un país progresista con una cultura de la cooperación de la que ella misma es un resultado. Hay una manera mejor de enfrentar las crisis y Nueva Zelanda parece ser el ejemplo, pero probablemente no dependa tanto del liderazgo de una gobernante sino de la cultura de la sociedad que la eligió.

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