El infierno está encantador, pero no llega a Buenos Aires

A último momento se canceló el set de DJ Hell en el país y tocará en el Superclub de Punta del Este
(0)
28 de diciembre de 2001  

"¿Reinventor del techno? Sí, definitivamente me gusta ese apodo" dice Helmut Joef Geiger, 40 años, alto, delgado, rubio, ojos azules; clásica estampa de un nativo de Munich. DJ Hell, el alemán que del otro lado de la línea telefónica alterna ironía y buen humor con serias apreciaciones sobre la electrónica, estará el jueves próximo en la inauguración de Superclub, en el Punta del Este News (iba a tocar este fin de semana en Buenos Aires, pero los productores del show lo cancelaron por miedo a la eventual devaluación). Allí, si cumple con sus promesas, la noche será "sexy & funky: un reencuentro que sonará con el arte más nuevo de Europa", augura.

A nadie debería sorprender que él suba a la cabina con su ya gastada remera de Ramones y deje fluir su sentimiento punk, el mismo que lo acercó a las bandejas cuando moría la década del 70. Pero por las dudas, lo advierte: "Conservo el 100% de lo que era entonces. Detrás de lo que hago está esa misma energía." Aunque 20 años atrás este rubio de alias satánico ya sabía que ser DJ sería parte de su vida, no imaginaba lo que realmente le esperaba: giras internacionales, tareas de productor, absoluta responsabilidad sobre los International DeeJay Gigolos -los "elegidos" que recluta alrededor del globo para su sello discográfico- y la paternidad del pequeño club Villa, que hace un año inauguró en las cercanías de Munich.

"Hubo muchas historias en todo este tiempo -recuerda-. Cuando te gusta hacer cosas nuevas es difícil que la gente entienda enseguida de qué se trata. Sin embargo, siempre creí en lo que hice, incluso cuando tocaba punk y nadie lo comprendía. Lo mismo pasó con Gigoló, el proyecto más importante de mi carrera." No, no, no. Para el autor del éxito inmortal My definition of house music (1992) su sello no es únicamente eso. Es, sin más, un género en sí mismo. "Tocamos lo que queremos, cuando queremos. Eso es estilo Gigolo: música fresca, sonido único". Una definición que le cabe a la perfección a Romina Cohn, y no por casualidad. Cuando Hell visitó por primera vez Morocco, sus vinilos quedaron varados en una conexión aérea y fue "esa bella dama" la que le ofreció sus discos para que encarara su set. La despedida vino con yapa. El alemán le agradeció el salvavidas y la nombró Gigoleta . "Siempre busco nuevos talentos y Romina es mi elegida -aprecia-. Tiene un enorme potencial para ser una estrella".

Justamente la lista de lanzamientos 2002 de Gigolo incluye simples de Cohn y Capri (en nombre de la celeste y blanca), además del sexto compilado del sello, un disco de Miss Kittin y el tercer álbum de Mr. Infierno.

-Estás por lanzar Peni´s paradise ...

- (Hell no quiere soltar palabra). Sí, será un trabajo diferente a lo que están acostumbrados a escuchar de mí, y eso es muy importante.

- ¿De dónde surgió el nombre del álbum?

- Porque soy hombre y no tengo tiempo para tener novia. Quizá esto me ayude a conseguir una, o alguien me llame y me pregunte si necesito ayuda (se ríe de su propia broma). En realidad, el nombre responde al arte de tapa. Nadie lo hizo antes y quiero ser el primero.

Una transgresión más para la carrera de Hell. Como aquella que le costó una demanda judicial del musculoso Arnold Schwarzenegger. "Ese asunto está casi cerrado -cuenta el DJ y pasa a explicar-. A él no le gustó que usara su imagen para el logo de Gigoló, entonces envió a sus abogados a Munich y ahora tengo que pagarle miles, todos los meses, durante dos años.

-No se te escucha preocupado por eso...

-La verdad es que duermo muy bien por las noches (ironiza). Es sólo un tema de dinero. Cambié su cara por la de Sid Vicious y listo.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.