El mérito de ser feliz

Crédito: Corbis
Hay algunas cosas que ya tenés claras sobre vos. Y hay otras zonas que quizá necesitan más trabajo. Claves para diseñar tus herramientas y emociones positivas.
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28 de diciembre de 2014  • 00:00

Observá tu hoy

Para armar tu propia receta, fijate en qué momento de tu vida estás, cómo fue tu año y de dónde estás viniendo. Tené en cuenta que eso que necesitás hoy es producto de lo que hiciste ayer. "¿En qué estás hoy?", sería la pregunta básica. La ecuación es siempre la misma (¡solo que la olvidamos con mucha facilidad!): se trata de sentir, aceptar y fortalecer tus zonas más débiles y celebrar todas las virtudes y dones que tenés. Claro, como amamos las cosas que nos salen bien, a veces tendemos a abusar de ellas, mientras que, al mismo tiempo, evitamos por todos los medios enfrentarnos a eso que sabemos que es nuestro talón de Aquiles. No es tu culpa; nuestra mente lo hace prácticamente sola. Por eso, hay que darle un empujoncito consciente y obligarnos a salir de la zona de confort practicando – o al menos intentando aunque sea torpemente – aquello que te sale mal. Naturalmente, no te va a salir de una. Hay que entrenarlo, igual que lo hacés en una clase de gimnasia: ponele música y onda y rodeate de buenas compañías que te estimulen. Alejá las críticas y la queja, que nunca aportan a la hora de trabajar en tus debilidades.

Sabé que la "basurita" va a seguir existiendo

No hace falta decir que la vida no es color de rosa. Simplemente porque no lo es. Ni lo va a ser nunca. No hay vida sin momentos malos. Por eso, es clave que siempre tengas a mano tu "tachito de basura mental", ese lugar en donde puedas poner todo eso que no te gusta. Para no quedarte estancada ahí. Si te pasa algo malo, dejá que pase. Aceptalo, sufrilo, aguantate un poco. ¡Cuesta, sí, lo sabemos!, pero tratá de dirigir tu pensamiento a las pequeñas cosas valiosas que vas haciendo para salir de ahí (por más que sean cosas chiquitas, valen muchísimo). Ahí reside la verdadera fortaleza. Llenate de aceptación y esperanza y rodeate de buenas compañías, para poder sentirte un rato perdedora sin riesgos y no entrar en pánico.

Conectate con tu "yo que vivencia"

Nuestra concepción interna del tiempo es otro eje clave para disfrutar más. A nuestro cerebro le gusta pensar que todo es para siempre. Y vos tenés que estar ahí, atenta, para avisarte que no es así. Que todo –hasta lo más tremendo– pasa.

EMOCIONES POSITIVAS

En su libro La auténtica felicidad, el psicólogo Martín Seligman – uno de los pioneros de la psicología positiva – explica el objetivo de estas emociones: "Amplían nuestros recursos intelectuales, físicos y sociales y los hacen más perdurables; acrecientan las reservas a las que podemos recurrir cuando se nos presenta una amenaza o una oportunidad. Cuando estamos de talante positivo, las personas como nosotros mejoran, y la amistad, las relaciones amorosas y las coaliciones tienen más probabilidades de prosperar. A diferencia de las limitaciones que induce la emoción negativa, nuestra actitud mental es expansiva, tolerante y creativa. Estamos abiertos a nuevas ideas y experiencias".

¿Qué pensás de estas herramientas personales para transitar el camino hacia la felicidad? Podés encontrar más consejos para seguir creciendo en Manejar las emociones.

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