El momento antes de desear más felicidad

Hernán Iglesias Illa
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9 de marzo de 2013  

NUEVA YORK.- En el penúltimo episodio de la quinta temporada de Mad Men , Don Draper les pide a los ejecutivos de Dow Chemical que piensen en la felicidad, un terreno en el que él mismo es un recién llegado. Después de cuatro temporadas atrapado en la triple nube de whisky, un pasado oscuro y un matrimonio agotado, recién ahora, vuelto a casar y aparentemente menos obsesionado con el éxito profesional, parece haber redescubierto los placeres simples. En la reunión, a la que va casi por compromiso, Draper, sin embargo, se enciende. Y hace una pregunta, dirigida a los demás, pero también a sí mismo: "¿Qué es la felicidad sino el momento justo antes de necesitar más felicidad?".

Un libro publicado recientemente en Estados Unidos y Gran Bretaña toma la pregunta de Draper y la hace avanzar dos casilleros. Todos sabemos qué pasa con las vidas que vivimos, dice el psicoanalista y crítico literario inglés Adam Phillips en Missing Out: In Praise of the Unlived Life (algo así como "Quedándose afuera: elogio de la vida no vivida " ). Pero ¿qué pasa con las vidas que no vivimos, las que dejamos pasar para convertirnos en lo que nos hemos convertido? En el momento justo antes de necesitar más felicidad, no nos preguntamos nada. Pero cuando sentimos el pinchazo de la envidia o la frustración, nos preguntamos, mirando por la ventana del colectivo: ¿qué hubiera pasado si...?

"Quizá deberíamos pensar que vivimos una doble vida -escribe Phillips-. Están la que deseamos y la que practicamos; la que no ocurre nunca y la que ocurre todo el tiempo." Usando la famosa frase de Lennon -"La vida es aquello que pasa mientras estás haciendo otros planes"-, a Phillips le interesa poco lo que pasa: le interesan los planes.

Este estado de funeral permanente por aquello que no somos tiene un culpable: el gastado mito del "potencial". Cada uno debe alcanzar su potencial, oímos a nuestro alrededor: seamos lo mejor que podemos ser. Y, sin embargo, este esfuerzo agotador y a tientas no puede generar más que frustración y rabia. Para Phillips es mejor no esforzarse demasiado. Tenemos que acostumbrarnos a convivir con el fracaso y la punzada de las vidas que se nos escapan y que nunca vamos a alcanzar.

Desde que dejamos de ser inmortales (desde que vivimos como si creyéramos en la vida eterna), el hombre moderno intenta sacarle a la vida todo el jugo posible. Vivirla a pleno; carpe diem ; no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy. Esto es una tragedia, dice Phillips. El libro revolotea alrededor de la idea de resignarse y relajarse, tomar la vida como viene, pero el autor sabe que esto es un camino de ida. Por eso no recomienda bajar las expectativas. O conformarse con lo que uno tiene. Sabe que, en la vida, la estabilidad es imposible y que la conformidad empieza a parecerse a una suave y dulce decadencia.

Don Draper lo sabe bien. La felicidad, dice, es aquel momento antes de desear más felicidad. Pero ese momento siempre llega. El gerente general de Dow Chemicalle dice a Draper que están conformes con su agencia, que sus productos tienen el 50% del mercado. "Yo no me conformo con el 50% de nada. Yo quiero el 100%", le dice Draper, aguijoneado por la ambición, supuestamente hablando de negocios, pero probablemente hablando de sí mismo.

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