El punto final llegará el día en que ya no tenga espacio en la pared

Fernando Trocca
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24 de mayo de 2014  

Mi gusto por el arte nace definitivamente por la relación con muchos amigos míos que son artistas.

Lo recuerdo perfectamente: a mediados de la década del 80, cuando tenía 24 años, compré mi primera pintura. Era una obra de un artista amigo, Nicolás Guagnini, un cuadro que compré en cuotas porque no podía afrontar todo el gasto de una vez... ¡Me llevó casi dos años pagarlo en su totalidad! Si bien Nicolás, en ese momento, no era todavía un artista consagrado, fue para mí una inversión importante, pero una que valía la pena.

El punto es que, desde ese momento, seguí comprando arte en la medida en que podía hacerlo. Lo curioso es que siempre les compré obras a mis artistas amigos o conocidos, y por eso aún hoy me resulta un poco extraño comprar cosas de personas que no conozco. Lo he hecho, claro, pero lo cierto es que disfruto más de la otra manera y hay una razón: personalmente creo que existe una relación directa entre el artista y su obra. Por eso, cuando uno llega a conocer a ambos, se hace todo mucho más interesante.

Hoy, después de casi 15 años de aquella primera compra, sigo invirtiendo en arte contemporáneo: desde la fotografía y la pintura, mayormente, hasta alguna pequeña escultura que llame mi atención. Es que me encanta coleccionar obras, me gusta tener cosas colgadas en las paredes de mi casa, habitar un espacio lleno de arte. Siempre digo que el punto final llegará el día en que ya no tenga dónde colgar una obra. Por el momento, eso sí, me niego rotundamente a comprar nada que tenga que guardar en un cuarto sin poder verlo, disfrutarlo, compartirlo. Todavía me quedan algunos espacios libres; no muchos, veremos qué pasa cuando ya no quede nada.

En circulación

Por otra parte, tengo una teoría y es que el arte tiene que circular, por lo tanto sé que en algún momento no muy lejano podré hacer algún intercambio de obra. A mí me gusta ver el arte que disfruto, es como la música: colecciono y compro mucha música por una razón muy simple, porque me gusta escucharla.

En este sentido, tal como yo hice, es fundamental que los jóvenes puedan acercarse al arte y eventualmente comiencen a invertir y comprar algunas piezas.

El amor por el arte es algo que hace bien al espíritu y al alma. ¿Qué mejor que eso para la gente joven? Tengo la suerte de tener muchos amigos artistas, coleccionistas y algunos galeristas, es cierto, pero no creo necesario que uno tenga que ser un entendido sobre arte para invertir ahí. Lo más importante es ser fiel a los principios propios y comprar todo aquello con lo cual cada uno podría convivir en una casa. Algo que, al ver colgado en la pared del hogar, despierte tanto disfrute como placer.

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