Él se cree demasiado lindo

Crédito: Latinstock
Es un potro y lo sabe. Pero ahora que su ego amaga con llevarnos puestas,es tiempo de ver si queremos comprar el paquete entero.
Noelia Veltri
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13 de septiembre de 2016  • 00:00

¿Para qué negarlo? Si desde el minuto uno caíste muerta. Te clavaba la mirada y se despertaba un corso en tu interior. Encima, te elige y vos –que tenés lo tuyo, obvio– te sentís más diosa que nunca. Sin saber bien cómo, con él subiste tu estándar de hombres.

Pero pasan los meses, y de repente te encontrás con la trastienda de tanta belleza. El tipo ensaya su mejor perfil para una selfie, prepara durante horas su “cáshual look”, es adicto al gimnasio, no come harinas ¡ni grasas!, tiene un harén de amigas y al caminar por la calle cosecha miradas.

Si la cosa no pasara de un toque de ego, la situación se podría pilotear, ¿no? Tampoco la cuestión metrosexual sería tan grave... Bien sabemos que podemos convivir con este Ryan Gosling del tercer mundo. El asunto es que el bombón se derrite cuando cancherea con las camareras, y tiene más likes de chicas en el Instagram que una foto de Kendall Jenner. En fin, que este galán no solo es lindo, ¡sino que se la cree demasiado!

el costo de la belleza

“Si te gusta el durazno, bancate la pelusa”, dice el saber popular. Nosotras esto lo vivimos en carne propia, y lo aceptamos. Es casi un acuerdo silencioso que establecimos desde que le dimos el primer beso. El costado menos agradable de salir con este potrazo es, básicamente..., ¡que medio mundo se dé vuelta a mirarlo!

Ahora, si el pibe está más pendiente de su Instagram que de vos, de su outfit que de la salida en cuestión, de lucir y seducir con su sonrisa más que de hacerte sonreír a vos..., si, en definitiva, camina por la vida como por una red carpet y a vos solo te convida las migas de su estrellato, es hora de repensar la cosa. Porque ser lindo (o creer serlo) no significa tener un cheque en blanco. ¡Y mucho menos que lo tengas que pagar vos!

Tal vez sea un buen momento para evaluar hasta qué punto nos suma estar al lado de este galán tan atractivo con quien la inquietud es permanente. Un buen paso por el que empezar es la pregunta: ¿de repente se convirtió en este engreído o ya era así? ¿Hay alguna chance de que nosotras –a veces abanderadas de la idealización– hayamos creído al principio que él era otra cosa? Quién nos dice, quizá descubramos que siempre tuvimos al lado a alguien que nos modelaba su camisa nueva mientras nos decía: “¿No estoy fachero? Estás muerta, reconocelo”, solo que no lo queríamos ver.

¿Qué podés hacer?

Que decante: todos –ellos, nosotras– mostramos nuestra mejor versión al principio de una relación y después se empiezan a ver los hilos de la cuestión. Si sentimos que ese rasgo hedonista suyo nos redondea para arriba –impulsándonos a anotarnos en el gym, por ejemplo, o saliendo a correr juntos–, está más que OK. Siempre que sea desde la comodidad, sin exigencias. Puede que incluso llegues a reírte del asunto.

No compitas: si tiene ataques de pavo real que van en desmedro tuyo y se repiten en la intimidad, en lo social y en lo laboral, probablemente estemos frente a un tipo que no es capaz de darte el lugar que te mercés. Ya sea porque te genera inseguridad o por celos, podés terminar surfeando una ola que no es la tuya, compitiendo con él y exponiéndote, por ejemplo, a mostrarle que vos también podés ganarte un camarero.

Escuchate: activá tu semáforo interno y fijate qué cosas se mueven dentro de vos. ¿Te hace feliz? ¿Te genera simpatía y hasta gracia ese rasgo un poco narcisista suyo? Si es así, la luz está verde, avanti. Si de repente algo dentro de vos empieza a tambalear y a mimetizarse con su onda ególatra, mmm, amarillo. Es tiempo de parar un segundo, fijarte qué te atrae de él, qué elegís de eso, qué no y hasta dónde bancás (porque ya sabemos que las personas, en el fondo, no cambian). Y si definitivamente se cree tan lindo que a vos no te deja más lugar que el de su sombra..., bueno, amiga, ahí sí: rojo. Pará, rearmá tu autoestima y seguí. Con o sin él, pero consciente de la situación.

Apropiate de lo tuyo: es esperable que en algún momento pienses: “Este pibe es un fuego y ni yo lo puedo creer”. Ahora bien, toda pareja es un sistema en el que la energía circula dinámicamente. ¿Por qué concederle todo lo lindo a él? Esa energía sexual que irradia nuestra media naranja ni tiene que ser solo para el afuera ni tiene que privarte a vos de la tuya.

Los vínculos son el doctorado en nuestro camino de autoconocimiento. Así que seguramente esta relación tenga mucho para enseñarte sobre vos misma, y mientras tanto, quién puede quejarse de unos abdominales marcados.

y a vos..., ¿te gusta o te molesta?

Romina Prito, 32 años, Lic. en Administración: “Mi ex sabía que era divino, pero se creía mucho más... A mí no me molestaba, pero llegó un momento en que el ‘autobombo’ me resultó insoportable. Y gracias a él, hoy, si escucho un ‘yo, yo, yo’ de boca de un hombre, trato de mirar para otro lado”.

Julia Pittau, 27 años, Lic. en Relaciones Públicas: “Conocí un bombón estilo George Clooney en un viaje: cada vez que entraba a un bar, todas lo miraban. Los celos eran inevitables y todo se transformó en una competencia constante. Así que lo disfruté tres meses y un día, de la nada, nos dejamos de hablar”.

Marina Danze, 32 años, contadora: “Salí con alguien que se creía TAN lindo que se cuidaba más que yo. Al principio, todo bien, hasta que sus exigencias se trasladaron a mí, criticando mi manera de vestir y mi falta de entrenamiento. Me llenaron de inseguridad sus mambos”•

¿Te pasó salir con alguien que se la cree demasiado? ¿La cuestión física es muy importante para vos? Además: Venus O'Hara: "Toda chica tiene derecho a acceder a buenos juguetes sexuales" y Dale a tu cuerpo alegría Macarena: ¿es posible una ética hedonista?

Experta consultada: Lic. Cristina Meyrialle, psicóloga, autora del libro La pareja en crisis, riesgo y oportunidad.

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