El teatro en bandeja (de DJ)

De la Guarda le dio un giro dance a su Villa Villa y atrapó a un público ávido de novedades
(0)
28 de diciembre de 2001  

Un cielo estrellado por miles de juguetitos de cotillón. Un hombre pájaro que apenas deja el ruido de su aleteo. Un sonido crudo parte desde algún rincón del enorme galpón. En 2001 De la Guarda volvió a Buenos Aires y desplegó todo su arsenal de talento para dejar boquiabiertos a sus compatriotas que, desde hacía varios años, sólo sabían de ellos por medio de las exitosas aventuras que emprendieron en Londres, Nueva York y Las Vegas.

No fue un año fácil para volver, pero le pusieron el pecho a la crisis y bajaron las entradas a un precio razonable para un espectáculo de estas características. Quizá con la necesidad de agudizar el ingenio, quizás invadidos de energía para darle aire fresco a un espectáculo que ya lleva seis años en cartel, Gaby Kerpel, el músico creativo de De la Guarda, puso más énfasis en el espíritu dance que marcó una de las principales diferencias con el Villa Villa original.

Así, los sonidos tribales e industriales dieron lugar a la música electrónica, hecho que llegó a su punto más alto cuando surgió de las cabezas humeantes de De la Guarda la idea de hacer, una vez a la semana, la DJ Connection . Y apareció un Villa Villa atravesado por la música electrónica que disparó Javier Zucker desde su bandeja, en un show que estiraba su tradicional hora de duración a dos horas y media de hipnótico placer.

"De alguna manera queríamos que en Villa Villa pasara lo mismo que pasa en las raves, que son un nuevo tipo de festejo en el que se entra en trance, tienen algo muy atmosférico", resume Diqui James, uno de los directores.

Lo concreto es que con un breve y obvio espacio de adaptación -que originó algunas confusiones-, el público de Villa Villa empezó a saber que los jueves, el Centro Cultural Recoleta tomaba otro color. El dato más claro y concreto fue el cartel de No hay más localidades que colgó de la boletería durante las últimas funciones de noviembre y diciembre.

"Se potencia mucho el espectáculo, la gente va cargando pilas y el baile se transforma en una explosión de energía que hace que ingresen en la escena de otra manera, más sensibles, más abiertos, no tan pensantes. Realmente creo que logramos algo muy interesante. Además, en la música dance hay una afinidad artística con el DJ que emana amor y paz. Es una celebración más relajada, no tan agresiva como la que lográbamos con el rock", se entusiasma James, que ahora enfrenta el desafío de llevar esta electrónica modificación a los escenarios extranjeros, donde desde hace bastante tiempo De la Guarda juega de local.

Si bien está en plena felicidad experimental -aunque ya bastante madura, sobre todo desde la edición del CD con la remozada versión de Villa Villa que produjo un lord de las bandejas como Howie B-, sería mucho decir que De la Guarda dejará de lado los sonidos más tribales o el rock en el que se apoyaron durante tanto tiempo para mecerse para siempre en los beats.

"A mí me permitió meterme en un mundo que no conozco. Me abre un camino nuevo, siempre está bueno involucrarse con nuevos espacios y pienso seguir haciéndolo. En este caso, queríamos ampliar el criterio sobre que el show es una fiesta. Y un código que se está entendiendo mucho más es el de la música electrónica, el dance y eso lo hace masivo", analiza Gabi Kerpel.

Según James, "la música electrónica es como el nuevo pop o el nuevo rock, ya no es algo tan de vanguardia. Y ayuda al espectáculo que ahora sea consumida masivamente. Aunque no todo es préstamo, nosotros le damos al dance un costado visual que no tiene y te aseguro que no es poca cosa".

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.