El verdadero deber es definir qué esperar que se aprenda en casa

Diana Capomagi
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30 de marzo de 2013  

Debatir si "tareas sí" o "tareas no" es minimizar un tema mucho más profundo. Las pregunta sería: ¿para qué sirve esta tarea? ¿Qué busca el docente?; ¿El alumno conoce ese propósito? Sin dudas, los propósitos están (o deberían estar) acordes con las concepciones que subyacen al proceso educativo según el contexto en que se desarrolle.

Hace décadas, quizás, el propósito era afianzar habilidades de memorización, fijación y repetición. Por eso, muchas de la tareas giraban alrededor de copiar textos enteros, repetir palabras o memorizar poesías. En la actualidad, si entendemos que se enseña y se aprende en un proceso espiralado que requiere de una secuencia didáctica, donde el papel del docente es tan necesario como el del alumno, el tipo de tareas escolares, sean éstas para realizar en clase o en el hogar, deben tener otro perfil. Pensando fundamentalmente en habilidades que lleven a construir un pensamiento crítico y creativo.

Si acordamos que el aprendizaje requiere de un deseo que se acompañe de voluntad en la necesidad de lograr una solución a algo que no se conocía, queda claro que la tarea no debe ser nunca un castigo. Tampoco su fin será completar lo que el docente no ofreció en clase: dado que el aprendizaje se logra a partir del intercambio en un proceso permanente de feed-back . ¿Cómo se logrará haciéndolo sólo en casa? ¿O los padres deben cambiar de rol y convertirse en docentes?

Entonces, el debate no pasa por simplificar en un sí o no a la tarea para el hogar, sino en ver qué tipos de actividades serán las que requieran ser llevadas a cabo fuera de la clase. Algunos ejemplos:

Leer una novela o un cuento. Tranquilamente puede ser una tarea si lo que busco como docente es que el alumno disfrute de la lectura luego de haber visto en clase las diferencias literarias entre cuento y novela.

Buscar información de diferentes fuentes. Sí, si el tema fue compartido en la clase y lo que se quiere después es cotejar diferentes puntos de vista.

Pero, básicamente, no se les debe dar a los padres la responsabilidad de enseñar a sus hijos algo que no hayan comprendido en clase. En el hogar podrá el alumno resolver o crear problemas relacionados con los contenidos vistos en clase como un modo de ejercitar el pensamiento lógico-creativo que requiere de mucha práctica porque mucho se basa en el ensayo y error.

Por último, es muy necesario compartir con las familias el por qué y el para qué de las tareas para que éstas no se conviertan en un problema dentro del hogar ni tampoco el alumno se pierda la oportunidad de crecer en su autonomía.

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