Ella es de River y él, de Boca: cómo viven la gran final de la Copa Libertadores

Ludmila Moscato
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22 de noviembre de 2018  • 16:01

Para Yanina Juntunen y Emanuel Cantero ver juntos el "superclásico de vuelta" este domingo no es una opción. Evitarán que en el mismo espacio coexistan, reprimidos, sentimientos tan profundos como dispares: la extrema felicidad por el triunfo de uno, con la pesada e irremediable sensación a derrota del otro.

Claro que no es la primera vez que se enfrentan a esta situación. Varias fueron las ocasiones en las que les tocó ver una final River-Boca, y el desafío consiste más que nada, en poder cumplir con el código que luego de 14 años juntos, forjaron:

  • Que el que gana no grite los goles (cosa que ella cumple a rajatabla, y él no tanto).
  • Que no haya señales explicitas de alegría (con la difícil tarea de saborear y celebrar el triunfo en de manera netamente interna y silenciosa).
  • Que no se hagan comentarios agresivos o burlones respecto al equipo contrario.

Ahora, ¿cuán factible es poder respetar a rajatabla este pacto? ¿No es, acaso, parte fundamental de ver un partido poder gritarle cosas al televisor, poder exteriorizar tanto la rabia, como los nervios, la alegría o el fracaso? ¿ Cómo se logra un acuerdo en la pareja, para convivir pacíficamente, fanatismo extremo mediante?

"Cuando empezamos a salir cada uno vivía con sus padres, así que no veíamos los partidos juntos. Sí cuando empezamos a convivir, pero nunca hubo cargadas ni goce, ni ese tipo de cosas, siempre fue todo con respeto. Igualmente, cuando se supo que se iba a jugar esta final, antes de sacar la entrada para ir a la bombonera le dije a Yanina que esta serie no la íbamos a ver juntos. La realidad es que a Boca no le venía yendo bien, y quería volver a la cábala de ver los partidos en la casa de mi papa", cuenta Emanuel.

Qué hacen al terminar los partidos

¿Cómo se saborea un triunfo, una vez terminado el partido? ¿Qué ocurre en la casa una vez apagado el televisor? "Primera regla, apagar la tele inmediatamente después de que termina el partido. No se habla, no se ven comentarios finales ni premiaciones. Uno queda de buen humor, si gana Boca yo sigo los comentarios por Twitter, y si quiero ver una nota también, me pongo con el teléfono o la Tablet para ver cómo sigue el tema, obviamente con el volumen bajo para no molestar", detalla Emanuel.

Y agrega: "Por el tipo de emociones muy fuertes que este partido va a tener, que uno va a quedar muy contento y el otro muy triste, le había dicho de no verlo juntos. En este caso, la alegría, más que nunca, va de la mano de la tristeza del otro. Va a ser muy fuerte eso. Y además en estas circunstancias yo no se cómo puedo llegar a reaccionar, tanto de euforia como de tristeza".

De qué cuadro es su hija

Poco falta para saber si será él o ella quien esté radiante de felicidad durante el fin de semana. Sin embargo, un conflicto queda en puerta: de qué cuadro será Emma, de 7 años, fruto de un amor mitad amarillo y azul, mitad blanco y rojo. "La idea es que ella cuando sea grande decida, que ninguno de los dos la incite a que sea de ningún equipo, no regalarle ninguna camiseta, ni llevarla a la cancha", cuentan.

No obstante, Emma da varias señales de estar decidida: "ella tira para el lado del equipo del padre, aunque yo lo niegue o no lo quiera ver, y algunas cosas que él quiere hacer con ella yo no comparto, como llevarla a la cancha", confiesa Yanina.

Según la visión de Emanuel, Emma ya es de Boca: "Creo que al principio ella decía que era hincha de Boca para molestar a la madre o hacerle la contra. Pero después fue pasando el tiempo, y veo que se va interesando un poco más, como por ejemplo con la vuelta de Tevéz empezó con "Carlitos Carlitos", se fue entusiasmando, y ahora hace banderines con papel, y cuando hay un gol de Boca los tira por toda la casa y yo siempre le digo que trate de calmarse un poco y no cargar a la mamá", relata.

Y ahí es cuando entran dos factores en disputa, quizá por el hecho de que simbolizan una pertenencia definitiva: la cancha y la camiseta. "Yo no le compré nunca una camiseta de Boca, por más que me la pidió varias veces, así que estoy esperando que alguien se la regale. Sí la lleve a la Bombonera cuando tuve que hacer algún tramite, tengo fotos con ella adentro, pero sin público. Ella me pide que la lleve, pero voy a esperar a que sea un poco más grande. El jueves que viene Boca hace un entrenamiento a puertas abierta y traté de llevarla, pero no se puede", cuenta el padre, orgulloso.

El tiempo dirá si las esperanzas de Yanina por que sea algún día de River tendrán asidero, o si tendrán que establecer nuevas normas de convivencia durante los superclásicos: será más complicado reprimir la alegría y los festejos de dos personas del mismo equipo dentro de una casa de tres integrantes.

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