Ellas nos cuidan. 4 profesionales de la salud cuentan cómo viven la pandemia desde adentro

Crédito: Nacho Yuchark.
Ayelén Di Leva
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8 de junio de 2020  • 18:57

María Valentina Luna (30)

Licenciada en kinesiología y fisiatría, Sanatorio Antártida.

"No paramos nunca, ni siquiera cuando el mundo se viene abajo". Valentina se encarga de los cuidados respiratorios y asistencia mecánica de los pacientes críticos en el Sanatorio Antártida, que se abrió a raíz de esta pandemia para sumar camas de terapia, así que todos los pacientes que ingresan son positivos. Valen vive con su pareja, los dos son kinesiólogos y, cuando entran en su casa, tienen su propio protocolo para estar a salvo en su refugio. ¿Cómo lo vivió? "Pasé por distintas fases; el inicio nos agarró por sorpresa y nos vimos envueltos en la primera línea de acción. Estábamos frente a un enemigo invisible al cual no conocíamos y nos sentíamos en desventaja. Después vino otra fase en la cual ya conocíamos un poco más al virus y fuimos preparando al ejército para poder combatirlo o, al menos, hacerle frente. La última etapa fue cuando, al ver que no tuvimos el pico tan rápido, pudimos mantener la calma y la concentración. Juegan varias cosas en este contexto, tenemos que ir readaptándonos cada día a una velocidad que no es la que habitualmente manejamos. Tenemos, además, la responsabilidad de mantenernos sanos, porque sabemos que nos necesitan, que somos pocos". Asegura, sin duda, que son los soldados de esta batalla.

Paola Villafañe (30)

Licenciada en enfermería, Hospital Rivadavia.

Crédito: Nacho Yuchark.

"Nos pusimos la camiseta y enfrentamos la situación". "Esta pandemia nos pegó muy fuerte a todos, nadie la esperaba y a mí me tocó estar en el frente. Cambió la realidad en que vivimos, mi trabajo dio un giro completo", dice. Ella vive con su marido y su hijo de 6 años y explica que hace una rutina especial cuando vuelve a casa, para proteger a los suyos de la amenaza del afuera. "Yo estoy en una sala en la que recibimos pacientes con sospecha de COVID-19, la mayoría son positivos y se tienen que quedar unos días ahí porque no hay lugar para derivarlos. Estamos muy cerca de la Villa 31 y, a raíz del pico de hace unas semanas, recibimos muchos casos", cuenta. Destaca, por sobre todas las cosas, el rol del personal de salud: "Nos pusimos todos la camiseta, yo trabajaba en un consultorio con pacientes de insuficiencia cardíaca y cuando empezó la cuarentena me ofrecí a pasar a la sala de aislamiento de COVID-19, me quería preparar para esto". Sin embargo, cuando Paola entró por primera vez a la sala con casos positivos, empezó a hiperventilar, era el miedo que le estaba ganando. Al entrenarse, el temor desapareció.

  • Un mensaje en medio de la pandemia: "Hay que tenerle respeto al virus porque es muy inteligente y bastante agresivo. Les pedimos a los pacientes que nos cuiden a nosotros para que podamos cuidarlos a ellos".

Margareth Castillo (33)

Asistente de enfermería en central de emergencia, Hospital Italiano.

Crédito: Nacho Yuchark.

"Tenemos que aprender a sonreír con los ojos". Magui vive con su mamá, su hermana y su hijo. Confiesa que al principio le daba mucho temor salir, porque no sabía con qué se iba a encontrar: "Soy la responsable de 18 enfermeros y tengo que estar muy presente entregando material y viendo que cada uno utilice la protección necesaria. Además de mostrarme tranquila, porque si me pongo nerviosa o pierdo el equilibrio, el resto de mis compañeros también se ven afectados. Es bastante el estrés, porque todos los días cambia la información o se van adecuando las cosas". Lo que más le llama la atención es que con el uso del barbijo ya no se puede ver si la otra persona está enojada, triste, sonriendo o lo que sea y afirma, con cierta nostalgia, que "se perdió la sonrisa". Cuenta, también, que muchas veces resignan el almuerzo, la merienda o la cena para cuidar a los pacientes y pasan horas trabajando y sin dormir. ¿Lo más difícil? Salir de casa y dejar a su hijo, de 6 años: "Al principio me iba con la duda de que si esto explotaba, capaz no podía volver por muchas horas. Es una incertidumbre terrible". Ahora trabaja más tranquila, siguiendo los lineamientos que bajan desde infectología y con los recaudos ya como parte de su rutina.

  • Un mensaje en medio de la pandemia: "Como personal de salud, estamos dando lo mejor de nosotros todos los días, con el mayor esfuerzo posible, lo único que pedimos es que se cuiden".

Suellen Sousa (29)

Médica residente de emergentología, Hospital Evita de Lanús.

Crédito: Nacho Yuchark.

"Es un orgullo estar en la primera línea de atención". Suellen vive sola y está en la guardia 6 de los 7 días de la semana. "Cuando estalló la pandemia estaba en otro servicio y pedí que me cambiaran para atender a los sospechosos de COVID-19, no podía dejar pasar esa oportunidad profesional", cuenta, y dice que es agotador porque trabajan con miedo a que la bomba estalle: "Laburamos con el tic tac del reloj en el oído y estudiando mucho". Suellen pasa los días con una mezcla de miedos, pero la medicina es su vocación. "La preocupación está, la diferencia es que cuando lo encarás como una misión, a pesar de tener miedo, lo hacés igual", asegura, y recuerda una situación extrema que le tocó vivir hace unas semanas: "Recibí a un paciente que tenía signos de un problema neurológico, en la rapidez me olvidé de cambiar mi barbijo por el N95 y lo intubé. Más tarde nos enteramos de que, además, tenía lesiones compatibles con COVID-19. Había hecho una maniobra muy invasiva con barbijo común y estuve días aislada hasta que el test dio negativo. No me animé ni a contarle a mi familia. Como médicos nos acostumbramos a actuar rápido, pero ahora tenés que pensar si tenés la protección adecuada".

  • Un mensaje en medio de la pandemia: "Necesitamos a los médicos para que atiendan a los pacientes; a los científicos para que investiguen y a la población para que se quede en casa. Todos tenemos un rol clave".

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