Emprendimiento: cómo evitar conflictos legales con proveedores

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1 de noviembre de 2019  • 15:05

Los proveedores de nuestro emprendimiento pueden convertirse en grandes aliados estratégicos para que nuestro negocio crezca en forma sostenida. Para ello es importante que mantengamos relaciones comerciales claras y transparentes con quienes nos proveen insumos o servicios que son fundamentales para su funcionamiento. Por eso, Paula Rossi, abogada y Directora de Marken Co., nos cuenta cómo podemos asegurarnos de que no aparezcan conflictos con estas personas.

Lamentablemente, muchas veces las relaciones con los proveedores se suelen manejar de manera informal y cuando un proveedor no cumple, o realiza cualquier acción que afecta a nuestro negocio, las herramientas legales para defenderse que son esenciales en estas situaciones no están.

Firmá un contrato

Por eso, firmar contratos que establezcan las reglas del juego en esa relación debería ser lo primero que tenemos que hacer cuando decidimos empezar a trabajar con un proveedor. Un contrato es un acuerdo de voluntades: las dos partes, emprendedora y proveedor, queremos trabajar juntos y vamos a definir por escrito en qué condiciones como emprendedoras ustedes contratan ese servicio y en qué va a consistir el servicio que les va a ofrecer el proveedor.

Sin tecnicismos y con un vocabulario simple, ese contrato lo pueden hacer ustedes, y les recomiendo que lo hagan porque también ayuda a reforzar la imagen "de empresa" que queremos dar cuando nuestro emprendimiento ya no es para nosotras un hobbie sino una fuente de ingresos, principal o accesoria, a mostrarnos profesionales en lo que estamos haciendo. No tiene que ser súper extenso, pueden ser dos carillas nada más en la medida que contemplen todo lo que ustedes consideren pertinente que quede claro en esa relación.

La estructura de un contrato es bastante simple. Lo encabeza la fecha y lugar donde se vaya a firmar y luego empieza definiendo claramente quiénes son los que forman parte de esta relación, especificando su nombre y apellido, documento nacional de identidad, CUIT o CUIL, estado civil, nacionalidad y un domicilio donde van a recibir cualquier novedad vinculada a esa relación.

Toda esa estructura es sostenida por lo que se conoce como "autonomía de la voluntad", que es ni más ni menos que vos y tu proveedor definen su contenido, sin ningún tipo de limitación razonable. O sea, no podés abusarte de su nobleza y, por ejemplo, establecer en el contrato que vos podés cambiar las condiciones cuando quieras porque sabés que le caes bien o te conoce hace mucho tiempo y que él sí o sí las tiene que aceptar, porque cláusulas de este tipo son abusivas y como tales, no tienen validez.

La idea que atraviesa este acuerdo de voluntades es que ambos puedan dejar en claro su forma de trabajo y establecer las condiciones en las que van a trabajar juntos, tales como precio y formas de pago, tiempos de entrega, detalle de los insumos o productos que van a comprar o bien de los servicios que van a contratar; si esos productos se van a exhibir, de qué forma; si es reventa, aclarar si se conserva o no la marca o si se puede etiquetar con una marca propia; si está incluida algún tipo de difusión de una u otra parte, de qué forma se va a hacer y por qué canales; y sobre todo, lo atinente a la responsabilidad: quién se hace cargo si un insumo es defectuoso y el producto sale fallado, o si un producto o servicio no funciona; o también qué pasa si un tercero sale afectado como consecuencia de nuestra relación con un proveedor.

Cláusulas especiales: confidencialidad y exclusividad

También se suelen incluir cláusulas de confidencialidad y, en algunos casos, también de exclusividad. La confidencialidad implica que ambas partes no podrán compartir nada de lo que surja de esa relación comercial, obligación que aún perdura una vez que esta finalice. Es decir, por ejemplo, que si un proveedor procede mal o no cumple, no podrían salir a publicar ningún descargo en redes sociales, sino que debería resolverse entre las partes involucradas.

Por otro lado, la exclusividad implica que el proveedor, o bien no podrá ofrecer sus productos o servicios a otro competidor del rubro (que sería la postura más restringida y que suele traducirse en un precio más alto) o que ese trabajo especial que hizo para ustedes no pueda usarlo ni venderlo a otro competidor. Esto aplica mucho a diseños de autor o estampas personalizadas, por ejemplo. Lo que se trata de prohibir es que ese diseño exclusivo que hicimos para nuestra marca, solo nosotros podamos fabricarlo y venderlo.

Para cerrar nuestro contrato, se suele aclarar lo que se llama Jurisdicción para los casos en los que surja algún conflicto, saber que los Tribunales que lo van a tratar son los que tienen asiento en tu ciudad, y por supuesto, las firmas tanto de ustedes como del proveedor.

Definiendo todos estos aspectos de una relación comercial vamos a construir relaciones claras y duraderas con nuestros proveedores, lo que nos permitirá seguridad para ofrecer nuestros productos y servicios, y proyectar nuevos para seguir creciendo.

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