En compañía de Ken

Entrevista con Kenneth Branagh, ese irlandés paladín de Shakespeare, malhablado, nervioso y fumador empedernido, que ahora decidió distenderse con una comedia...basada en el gran Bardo, claro.
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22 de octubre de 2000  

En uno de los ocasionales oasis de la conversación que duró 3 horas, Kenneth Branagh sorbe su copa de vino y dice que hay algo fantásticamente decadente en beber a la hora del almuerzo. No entiende cómo la gente puede hacerlo todo el tiempo, y en parte por eso trata de mantenerse lejos de Londres... de todos esos almuerzos de trabajo en los que esto (y alza la copa) es lo más habitual... y ni qué hablar de algunos de los festivales de cine a los que ha asistido... En Cannes, por ejemplo, dice, no se puede creer la cantidad de alcohol que se bebe, y los tratos que se cierran entre ebrios.

Hay una pausa. Le pide al mozo otra caja de fósforos, porque la primera se le acabó. Fuma como una chimenea... e insulta como un carrero. O como un actor. Es evidente que no es una persona que se toma el placer a la ligera, sin culpa. Vive para el trabajo, tiene el impulso de un tren bala y parece perpetuamente cansado.

Según dice, ha tenido épocas peores. En este período, se siente más distendido, disfruta de ver amigos, cocinar, hacer un poco de música, ver fútbol, pasar un día leyendo algún libro... hacer esas cosas sin flagelarse por ser un privilegiado que no se dedica a explorar despiadadamente su ética puritana de m..... y a atormentarse por la culpa de m..... que acosa a su yo de m.....

Le digo que para mí leer la última parte de su autobiografía, Beginning, que publicó cuando tenía 28 años (con el solo propósito de financiar sus sueños teatrales), fue una experiencia agotadora, porque me atrapó la manía del autor. Dice que sí, que entonces era bastante maníaco, que le parece otra vida, otra persona, alguien atado a tonterías psicológicas de m...., pero que al menos está loco, y sufre, así que está bien, ¿verdad?

Entonces, ¿le hizo falta un fracaso matrimonial (con Emma Thompson) para darse cuenta de que la vida era algo más que trabajar? Bien, él cree que en muchos aspectos su matrimonio fue un ejemplo de que en la vida hay otras cosas. Sólo que le tomó más tiempo aprender a parar un poco, empezar a pensar en el momento de oler una rosa....

Cuando llegué al restaurante de St. James donde nos habíamos citado, Branagh ya estaba allí. Era la persona más desprolija de todo el local, vestido con un suéter escote en V encima de una remera, la barba crecida y el pelo desordenado. No, no se molesta en afeitarse.

Pedimos la comida y una botella de vino. Hacía un año que nos habíamos encontrado por última vez, cuando filmaba su última versión de Shakespeare: Trabajos de amor perdidos, pero como un musical de la década del 40, con canciones de Cole Porter, Irving Berlin, los Gershwin y otros.

Le parece que fue una época difícil. La filmación de la gran escena de danza, There´s No Bussiness Like Show Bussiness, tuvo que postergarse porque se descompuso una de las grúas de las cámaras. Esa cámara, oh Dios, que día de m...

Trabajos de amor perdidos estuvo finalmente lista para el preestreno en el verano. Branagh quedó complacido con el resultado, y pensó que el film gustaría al público. Miramax organizó un preestreno en Wimbledon, y todos esperaban tener una gran noche.

Fue una agonía, dice Branagh. El público no sabía cómo tomar el film ni de qué debía reírse, pero la cruel verdad es que si uno quiere saber si se ríen, lo mejor es un preestreno. Finalmente, la opinión general fue que el público necesitaba alguna clase de señal de que ésa era una película loca para poder reírse con ella, y a Branagh se le ocurrió insertar secuencias de noticieros. El mismo grabó la voz, y en el preestreno siguiente, el público se rió en los momentos esperados.

Sin embargo, la experiencia lo hizo reflexionar. Había planeado lanzarse inmediatamente a la filmación de Macbeth, pero ahora decidió esperar la reacción general a Trabajos de amor perdidos, y darse un tiempo para pensarlo bien. Dice que no pretende crear un canon fílmico de las obras de Shakespeare, sino que sólo se trata de un desafío total, artístico y comercial, y que hacerlo le produce gran entusiasmo y, a veces, alegría.

Branagh había pasado toda la mañana, antes del almuerzo, con Hugh Cruttwell, su ex productor de Rada, ahora de 80 años, el principal asesor del trabajo que Branagh hizo con las obras de Shakespeare. Habían estado discutiendo si Macbeth es o no una tragedia, el misterio que es llegar al gran arte... y aquí estoy, dice, usando esa expresión que me da un poco de vergüenza. Gran arte: sé lo que quiero decir, pero también sé que puede dar risa. Vivimos en una época en que todo tiene que ser frívolo, donde uno tiene que decir (imita un acento londinense) fue terriblemente cool.

"Y qué m.... quiere decir cool, esa palabra de m....., vayan a la m..... y encuentren alguna palabra, por favor, alguna palabra de m.... que diga lo que quieren decir, pero por Dios, como todo el mundo quiere ser cool usan esa palabra. Esto sí que es verdadera pasión." Mal expresada, desplazada si se quiere, pero verdadera pasión.

En su momento, Branagh despertó gran resentimiento en la gente, para quien sus logros eran la prueba de una desmedida ambición precoz. De Rada pasó al teatro, en el West End, con la obra Another Country, e interpretó Enrique V a los 23 años. Fundó la Renaissance Theatre Company a los veintipocos años, y persuadió a actores como Derek Jacobi y Judi Dench para que participaran. Dirigió y protagonizó la versión fílmica de Enrique V a los 27, y tuvo el coraje de publicar su autobiografía un año más tarde. Se casó con la ascendente Emma Thompson. Todo era maravilloso, encantador y, para alguna gente, muy irritante.

Lo que más intriga es el origen de todo ese impulso y ese talento extraordinarios. No hay ninguna clave en su infancia -pasada en Belfast-, en su origen de clase obrera, en las aspiraciones de clase media de sus padres, que se mudaron a Reading tanto para escapar de los tumultos de principios de la década del 70 como por el deseo de lograr una mejor calidad de vida. No hay en todo eso nada de influencia teatral, ninguna ambición insatisfecha de los padres. El momento crucial llegó cuando Branagh entró en la escuela secundaria en Reading, a los 11 años, y tuvo que soportar las burlas de sus compañeros, no por ser irlandés, sino por ser bastante payaso en los recreos. El mismo Branagh ha dicho que las burlas eran leves, y pronto pasaron, pero ejercieron sobre él un efecto profundo. Se volvió introvertido, se aisló de sus compañeros. Empezó a pasar largas horas en su cuarto, leyendo, enfrascado en las películas y la televisión, y dejando que su imaginación vagara libremente, barajando posibilidades.

Se dedicó a escribirles cartas a la gente que veía por televisión. El momento clave de esa época, según dice, fue cuando se aprendió de memoria la dirección postal de la BBC, que todavía no ha olvidado. Cree que el impacto mental de aquellas burlas puede haber estimulado en él una imaginación hiperactiva que exageró todas las proporciones de las cosas. Con el crecimiento desmedido de su imaginación, Branagh desarrolló también una coraza protectora, un cierto exceso de confianza y un enorme entusiasmo. Dice que siempre sintió que hiciera lo que hiciera (Enrique V, Mucho ruido y pocas nueces, Hamlet, Otelo, entre otras), aun fracasando, siempre era mejor hacerlo. Cree que ese rasgo suyo puede molestar a personas demasiado analíticas o susceptibles (¿otros actores, tal vez?) que opinan que confía demasiado en sí mismo. Aunque no lo dice con todas las letras, insinúa que su éxito hace sentir incapaces a los otros.

Un par de días antes de nuestro almuerzo, asistí a la ceremonia en la que Branagh recibió el premio Gielgud, por los servicios prestados a la obra de Shakespeare. Hubo tributos de todas clases, y cartas de amigos, actores y directores. Sir Ian McKellen comentó que siempre lo había puesto en guardia el precoz talento de Branagh y señaló, con alivio, que al menos ya estaba por cumplir 40 años (en diciembre). Helena Bonham Carter también estaba allí, aunque se supone que ella y Branagh se separaron pocos meses atrás. Dijo que Ken era alguien al que conocía bastante bien, lo que hizo reír al público. Todos los tributos a Branagh fueron, en realidad, bastante auténticos... casi todos eran sus amigos.

Le pregunto si tiene amigos íntimos. La amistad, me contesta, es algo que empezó a preocuparlo, algo que supo que había pasado por alto en medio de tanto trabajo, especialmente cuando estaba haciendo Hamlet (1996). Diablos, si entonces no había visto a nadie conocido durante mucho tiempo. Después de separarse, como él dice, de su señora, se puso a buscar una nueva casa. Buscó en Italia, consideró la posibilidad de Irlanda, pero se dio cuenta finalmente de que toda su vida -el trabajo, la familia, los amigos- giraba alrededor de Londres. Tim Harvey, el diseñador de sus películas, lo acompañó en la búsqueda, y finalmente le dijo: "Ken, si tienes una idea tan clara de lo que quieres, ¿por qué no te construyes la casa?" Y eso es lo que hizo, en un sitio a 50 minutos de Londres, hacia el oeste, cerca de Shepperton y de sus padres. Harvey supervisó la obra, y la casa es, según Branagh, un verdadero hogar. Tiene una enorme cocina abierta, donde se dedica a cocinar para sus amigos, y es importante para él poder preservar su intimidad. Alguna vez lee las revistas especializadas, afirma, pero de ninguna forma desea ser parte de ese mundo.

El año último, durante la filmación de Trabajos de amor perdidos, Branagh padeció un problema en el cuello. Fue a una clínica de reposo, en Arizona, para recibir un tratamiento especializado. allí leyó un poco, algo de Dickens, una novela de Ian Mc-Ewan. Disfrutó de un descanso forzoso. Uno de los tabloides dedicados al espectáculo descubrió que estaba allí, y publicó que en realidad había ido para adelgazar. Me encantó la noticia, dice riéndose.

Su cuello está mejor ahora, el almuerzo terminó, somos los últimos clientes en el restaurante y un camarero se dedica a planchar los manteles. Eso sí que es clase, dice Branagh, mientras se dirige a una cita con alguien que le propone que filme la obra completa de Dickens.

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