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En la fila. Él argentino, ella rusa: Universal Studios los flechó y la pandemia los desafió

Señorita Heart
(0)
31 de julio de 2020  • 00:06

"Today is a great day to visit Universal", decía el cartel con el que se topó esa mañana mientras se disponía a desayunar en el hotel donde se estaba hospedando. Si algo había aprendido en la vida, es que nunca tenía que cuestionar una publicidad que intentaba vender algo, pensó entre risas.

Era el segundo y último día que Sergio iba a pasar en la ciudad de Singapur, en Asia. "Por algún designio del destino, mi reloj interno (que supuestamente ya se había acostumbrado al cambio horario) decidió despertarme a las 6 de la mañana. Como no tenía sueño pensé que lo mejor era tomarme el día tranquilo y darme un buen rato para desayunar y pensar qué podía llegar a hacer (si bien la ciudad me había sorprendido y fascinado, en un día ya había tachado todo en mi lista)".

El recuerdo más marcado de la única vez que había estado en un parque de diversiones, en Universal Studios exactamente, eran las tres horas de cola que había hecho en Osaka, en la ciudad de Japón, para subir al juego de Harry Potter. De modo que, con esa experiencia, se armó de paciencia, desayunó y salió caminando. Necesitaba hacer tiempo ya que el parque recién abría a las 10 y si hacía a pie los 10 km hasta su destino, llegaba a horario.

Un juego, un encuentro y un desencuentro

Para su sorpresa, en solo 45 minutos ya había visitado tres atracciones cuando finalmente se encontró frente al mundo de Jurassic Park. Allí estaba la misma montaña rusa que le había quedado como un pendiente en su paso por Japón. Corrió emocionado hacia la fila de "singles" (aquellos que deciden subir solos al juego y son llamados para rellenar lugares), pero cuando estaba a punto de entrar el guardia le dijo que había muy poca fila así que todavía esa modalidad no se había habilitado.

"De todas formas, como todo iba tan rápido, ni me preocupé y me quede tranquilo aprovechando para comer algunas papas fritas en una espera que sabía que no duraría más de 20 minutos. Cuando estaba solo a centímetros de entrar, la vi llegar. Si hay algo parecido a esos estereotipos donde la mujer aparece en cámara lenta mientras deja volar su pelo y se acomoda los lentes, este era ese momento".

No fue el único al que le llamó tanto la atención su belleza. Ignorando cualquier regla, el guardia de la fila la invitó a pasar sin que hubiera ningún asiento con una sola persona. Le permitió entrar y preguntó a la fila general si había alguien que estuviera solo. "No solo respondí con los labios y la máxima potencia que me permitía la garganta, sino que me dediqué a empujar a todo aquel que estuviera adelante, dejando en claro que ya era una decisión tomada del destino que yo iba a ser quien ocupase ese lugar".

Sergio se sentó al lado de aquella hermosa chica y sintió en cámara lenta cómo cada idea que pasaba por su mente sobre cómo empezar una conversación, moría en un umbral de juicio, que lo traicionó en más de una ocasión. Llegaron al final del recorrido, con su espíritu derrotado y sin encontrar las palabras adecuadas cuando ella lo miró a los ojos y le dijo en un inglés trabado: Fue divertido pero corto, ¿no?

Ella se paró y se fue sin darle tiempo a Sergio para que pudiera asimilar lo que le estaba pasando. "Dentro de mi cuerpo reinó la revolución entre el deseo de correr tras ella y unas piernas que habían aumentado 100 kilos en unos pocos minutos de estar sentados. Salí caminando confundido sin aún saber dónde iba, cuando la escena volvió a repetirse en la tierra de Shrek, donde ella me sonrió nuevamente y saludó con la mano".

Volvió a despedirla sin palabras pensando que a partir de ahí seguiría el camino lógico del parque y que la encontraría en la siguiente atracción. Pero cuando él ya estaba en la próxima fila advirtió que ella había parado para sacarse algunas fotos con el Gato con Botas. Bajó apurado del juego, pero nunca más la pudo volver a encontrar.

Cerca de la hora de cierre del parque recordó que había visto un shopping a solo un kilómetro de distancia. "Ya en el centro comercial con mi bolsa en la mano y mi sonrisa de que había sido un gran día que había estado solo a centímetros de ser perfecto, sentí un dedo tocando mi espalda cuando me acercaba a la escalera mecánica. Me di vuelta y la misma sonrisa de los juegos ahora estaba únicamente a un brazo de distancia. Antes de que pudiera arruinarlo pensando las palabras más correctas y quedando así sin decir nunca nada, le dije después vamos a pasar a la etapa en la que te pregunto tu nombre, a qué te dedicas o qué estudiaste, pero primero decime que vas a venir a cenar conmigo esta noche". Ella se río y dijo que sí.

De Rusia, con amor

Oksana le contó que era rusa, que vivía en Corea del Sur y que era bailarina. Pasaron toda la noche hablando.Cinco horas fueron suficientes para crear una conexión que los dos sabían que iba a durar para siempre. A las 2 de la mañana la acompañó a su hotel porque el vuelo de Sergio del día siguiente salía temprano y el de ella también. "Cuando volví a mi cápsula hotel tenía un mensaje de ella en Instagram diciendo que no recordaba la última vez que se había conectado tanto con una persona". Al día siguiente él se fue a Phuket y ella a Filipinas.

Sergio regresó a Buenos Aires y Oksana a Corea del Sur. Vivían literalmente en el punto contrario del mundo, las 8 de la mañana de Sergio eran las 8 de la noche de ella. Pasó un año de mensajes, videollamadas, charlas eternas. Hasta que pudieron coincidir en Machu Picchu, Perú.

"En noviembre me dio la mejor noticia del año: su contrato en Corea se terminaba a fin de mes y no lo iba a renovar y me preguntó si estaba de acuerdo en que finalmente nos encontráramos. Yo le contesté sin dudarlo que le invitaba el pasaje para que viniese de Crimea en Rusia a compartir un mes y medio después de las fiestas a Argentina".

Pasaron los días más mágicos de sus vidas. "Me volví un turista en Buenos Aires y aprendí a apreciar mi ciudad más que nunca, para mi Capital nunca fue tan hermoso como lo fue a través de sus ojos. Visitamos también Uruguay, Mendoza, fuimos al carnaval de Gualeguaychú, gracias a ella empecé a tomar mate (sí, una rusa hizo que un argentino tomase mate), mi familia que no podía entender nada de lo que decía la tomó como una hija".

Para el final de su estadía, en una cena romántica en San Isidro, Sergio le pidió matrimonio. "Por suerte aceptó y nos dijimos que volvería a Rusia para despedirse de su familia y que yo en mayo, iría a conocer a sus padres para después volver juntos y que ella se convirtiera definitivamente en una argentina. La acompañé a Ezeiza, nos sacamos una foto de nuestras manos agarradas con el anillo visible, la besé por los dos meses y medio que no iba a poder besarla y la vi desaparecer por el corredor de migraciones que hoy me parece eterno y lejano".

El mundo, un lugar pequeño

Marzo de 2020 trajo las peores noticias. "Escuché cómo se dictaba la cuarentena y desde ese momento me cuidé como nadie, no abandoné mi casa más que para que mi perro haga sus necesidades en la puerta, pensando que tenía que estar sano, que eran solo unos días y que no podía tener ningún síntoma si el 30 de abril pretendía que me dejaran subir a un avión".

Pasaron los meses. Y cuando llegó la fecha en la que Sergio debería haber viajado, fue de las pocas veces que la vio llorar. Entonces, casi como en un acto reflejo, se inclinó en el Skype, le pidió que se sacará el anillo del dedo y lo trajera a la cámara para que yo pudiera agarrarlo, y le pedí nuevamente que se casara conmigo, en el 2021 o en la próxima década. Esta pandemia va a ser solo un momento en la eternidad de nuestra aventura juntos."

A la distancia, a más de 13 mil kilómetros, aprendieron a encontrar la manera de sentirse juntos: comparten cenas a la luz de las velas, él recuerda lo que es ponerse una camisa y ella se pinta los labios. "A veces estiramos la mano cerca de la cámara, y un viento que envuelve el comedor de sabor a esperanza me hace sentir que puedo tocar sus dedos, mientras esperamos que Alberto y Putin nos den la fecha del reencuentro que tanto esperamos. Y cada noche me acuesto pensando en todas las veces que escuché a la gente decir que el mundo es un lugar pequeño, y algo de cierto tiene esa frase. En tiempos donde algunos quisieran transportarse a un lugar conocido y seguro en su pasado, yo deseo transportarme a un lugar que hasta hace poco ni siquiera sabía que existía".

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