El eterno estudiante: ¿qué le ocurre a nivel emocional a alguien que le falta solo una materia para recibirse?
Un punto importante es la necesidad de construir hábitos saludables de estudio; más allá de eso, está anclado en esa última materia porque esta implica un cierre.
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Una situación frecuente para muchas personas es encontrarse en un momento de sus vidas en el cual expresan: “Me falta una materia para recibirme”; o: “Estoy atascado en el último tramo para terminar la carrera”.
Lo primero que podemos pensar es la necesidad de construir hábitos saludables de estudio, tales como: estudiar siempre en el mismo lugar, no estudiar en la cama ni en la cocina ni comiendo, no estudiar durante la noche. Es decir, contar con un espacio que nuestra mente pueda asociar con “mi lugar de aprendizaje”. Además, es importante no estudiar con personas ansiosas o desordenadas. Y dedicarle al estudio un determinado período de tiempo, y luego detenerse durante dos o tres minutos para oxigenar el cerebro. Estos son solo algunos de los buenos hábitos, entre los muchos que existen, que podemos incorporar cuando aprendemos.

Pero ¿qué le ocurre a nivel emocional a alguien que se siente atascado porque le falta solamente una materia para recibirse?
Probablemente no es un tema de capacidad, porque ya ha rendido la mayoría de las materias. Lo que ocurre, en la multiplicidad de lecturas que podríamos realizar, es que está anclado en esa última materia porque esta implica un cierre. Implica, sobre todo, salir de la condición de estudiante para entrar a la condición de profesional. Es decir, un lugar interno de autoridad. La persona suele no poder asumir un “lugar interno de poder”. Entonces, recurre a la pseudoracionalización que le hace concluir lo siguiente: “No me siento capaz para salir al mercado laboral todavía; necesito aprender más”.
En realidad, dicha creencia es un mito porque siempre, aunque uno se reciba y pasen veinte o treinta años, va a necesitar una actualización constante de los conocimientos adquiridos.
La incomodidad que dice tener es en el fondo el miedo a asumir su lugar interno de autoridad, el cual hace que, inconscientemente, construya hábitos que lo lleven a estar estacionado en un lugar que le genera, por un lado, angustia y, por el otro, seguridad.
Confrontar ese miedo ayudará a la persona a atreverse a cerrar una etapa maravillosa para comenzar otra que le puede deparar también grandes satisfacciones.
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