Enrique Pinti: "A esta edad se me fueron las ilusiones"

Diego Sehinkman
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2 de diciembre de 2018  

El 4 de enero, Enrique Pinti debuta en el Multiteatro de la avenida Corrientes con un monólogo que se va a llamar "Al fondo, a la derecha". "Es como una especie de radiografía nacional",asegura.

En un nuevo Cuestionario Sehinkman, el actor, monologuista, escritor y humorista habla de cómo venció la resistencia de su padre, que no entendía que hiciera teatro, de los amores no correspondidos y de su resignación política.

–Viajamos a 1956. Ahí estás vos, con 16 años, saliendo de tu ensayo de teatro. En la puerta está tu padre, que fue a supervisar que eso no fuera "un nido de comunistas".

–Yo entré en Nuevo Teatro, en el "nido de comunistas", como decía mi viejo, en el año '56, '57. Y mi viejo estaba muy intrigado con toda esa historia. ¿Adónde mierda iba yo a la noche con gente tan rara? Y un día me esperó en la puerta, yo casi me muero. Me dijo: "Quiero que vayamos a El Ciervo –en Corrientes y Callao–. Invitá a tus compañeros que quiero conocerlos". Pidió cerveza y se puso a conversar con ellos. Y se dio cuenta de que ni eran comunistas ni eran un corno, todos tenían trabajos normales. Entonces me dijo: "Son buena gente".

–En un diálogo imaginario,¿qué le dirías a ese pequeño Enrique que recién empezaba?

–A los 16 años ese chico sentía como que era nadie, que no iba a poder hacer absolutamente nada y, al mismo tiempo tenía una dualidad casi esquizofrénica: "No voy a poder hacer nada, no soy lindo, no tengo pinta de galán, soy un gordito, no se me escucha cuando hablo. ¡Pero otra cosa no voy a hacer!". Era una especie de dualidad total y absoluta porque, generalmente, si vos tenés una opinión tan pobre de vos mismo, te dedicás a otra cosa. Pero ese gordito creía que no servía para nada, pero se iba a quedar igual. Yo le diría a ese gordito que hizo bien. Pero que no se considere el centro del universo.

–¿Que se cuide del crecimiento desmedido del ego?

–Mi ego tuvo períodos desproporcionados. Tuvo el período de no creerse nada a creerse el centro del universo. Y sobre todo a mi ego le diría: "No te encierres en vos mismo". Porque eso parece un acto de desprendimiento, de decir "yo no me meto en la vida de los demás, yo soy yo", pero eso también te aísla. Entonces, yo le diría a mi ego que no se aísle. Algunos períodos me encerré tanto en mi profesión, en la idea de que yo tenía que ser el mejor escribiendo, el mejor actuando, el mejor bailando, el mejor cantando, el mejor todo, que por ahí se desperdició demasiada energía. Yo le diría: "Ego, proyectate más hacia los demás".

–Hablando de proyectarse hacia los demás, alguna vez dijiste: "Nunca me he enamorado, pero me he calentado como pava de lata".

–Es cierto. Pero fue una cosa que dije para no entrar en detalles. Porque enamorarme, a lo mejor, me enamoré. Pero nunca fue correspondido. Tuve dos o tres metejones, o gente con la que realmente me parecía que era tocar el cielo con las manos, pero ese cielo nunca bajó. Siempre o me tomaron como amigo o simplemente fueron indiferentes. Lo demás, sí, fue todo calentura.

–¿Cómo viviste esa "no correspondencia" amorosa?

–No lo padecía a grandes niveles. Después de haber hecho análisis ya no estaba para cortarme las venas por nada. Simplemente decía: "¿Qué mierda hago yo que con las personas que me despiertan cierto interés no tengo el mismo ida y vuelta?". No es que me rechacen, pero me toman como amigo. Ni se les pasa por la cabeza. Dije: "Debo tener una coraza tan grande que yo no la veo, una coraza invisible, que la ven los demás y yo no".

–¿Y qué pensás vos?

–Para mí yo no tengo ninguna coraza, soy más abierto que la Avenida 9 de Julio. Pero, seguramente, si no se cuajó en dos o tres oportunidades, en distintos momentos de la vida, es porque uno ha puesto una barrera invisible. Ni se habló del tema.

–¿Con quién no se habló del tema?

–Con esas personas.

–Nunca llegaste a comunicarles tus sentimientos...

–No, nada. Por eso te digo que la coraza es mía. Además, eran tantas las cosas que yo tenía para hacer. No es que eso no fuera importante, pero con el tiempo me acostumbré. Como se acostumbra el cojo cuando le falta una pierna, como se acostumbra el ciego cuando no ve. Me acostumbré a no tener enamorados, pareja, nada. Además, a los 79 años, ya ni siquiera es un tema.

–Por último te muestro un imaginario reloj de arena: falta un año para las elecciones. ¿A quién votarías?

–Yo estoy en la situación de muchos millones de argentinos: a nadie. Pero no a nadie porque no crea en la democracia. A nadie porque ya voté un montón de veces y me cagaron. A esta edad se me fueron las ilusiones. Cuando vino la Alianza yo dije: "Esta es la solución. Peronistas modernos, radicales progresistas, y en el medio, liberales no salvajes. Va a andar bien esto. Fue una de las decepciones más grandes. Y ahora, como no estoy de acuerdo con este Gobierno y nunca estuve de acuerdo con la última parte del kirchnerismo, jamás, ahora estoy escuchando gente que tiene la edad que yo tenía en la época de la Alianza que dice: "Hay que contemporizar, hay que hacer coalición". Y yo prendo velas a la Virgen para que esta coalición no termine como la Alianza, pero la verdad que el que se quemó con leche ve una vaca y llora.

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