Entenderlos cuando son mayores

Por Eduardo Tarnassi Para LA NACION
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8 de diciembre de 2001  

Los perros, esas queridas mascotas, al envejecer presentan cambios en su personalidad que suelen afligir a los dueños.

Los médicos veterinarios sostienen que la irritabilidad de los canes mayores de edad responde exclusivamente a razones físicas y, por lo tanto, curables.

Por ejemplo, a pesar de que los pichichus suelen aferrarse a sus costumbres, en la vejez reclaman con vehemencia no ser molestados. ¿Qué queremos decir con esto? Las demandas que antes nos hacían pasan a un segundo plano. Tal vez ese cambio se deba a la pérdida de memoria.

Consecuencia de la senilidad, ésta se deteriora, igual que la vista, el olfato o el oído. Es decir, las áreas que más se perjudican son las vinculadas con el sistema nervioso central. Este deja de emitir sus órdenes con la celeridad que lo hacía durante la juventud.

Además, la pérdida de la eficiencia física aumenta sus temores y se siente disminuido. Por eso no hay que extrañarse si el cariñoso cuadrúpedo de antaño tira un tarascón en el momento menos esperado.

La persona agredida se siente víctima, ya que tal vez por una caricia recibe una dentellada. Sin embargo, no se debe pensar que el can se convirtió en un victimario.

Para poder entenderlo es necesario hacer un ejercicio de sentido común: pensar qué nos ocurriría a nosotros si lentamente perdiéramos la vista y no tuviéramos la posibilidad de usar anteojos. O bien si disminuyera nuestra capacidad auditiva y no pudiéramos emplear un audífono. Seguramente las tinieblas y el silencio nos asustarían mucho, hasta el punto de ponernos permanentemente a la defensiva. Esto ocurre con nuestros perros. Es parte de su naturaleza.

En otros aspectos, en cambio, nos aventajan. Por ejemplo, su umbral de dolor es diferente del nuestro y están mejor dotados para soportarlo. Por eso, cuando padecen una enfermedad crónica -artritis, por ejemplo-, simplemente continúan con su vida con las limitaciones propias de ese mal.

Es frecuente, en esos casos, que el pobre viejo intente encontrar una posición cómoda para resistir la dolencia. Esa posición, quizá, sea fuera del lugar en que durmió toda su vida. Es razonable que no desee ser movido.

En síntesis, es normal que si su perro es viejito, cambie. Si ambos están transitando la etapa de la vejez del baticola, téngale paciencia, él también se la tuvo a usted.

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