Entre la ficción y la realidad

Guillermo Tomoyose
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28 de junio de 2015  

Existen innumerables referencias tecnológicas proféticas del cine y la televisión. Con los flamantes relojes inteligentes y vehículos autónomos, es inevitable recordar a Dick Tracy o a Michael Knight junto a KITT. O cuando volvemos a ver en el cable las repeticiones de Minority Report y Iron Man, fantaseamos con el efecto de tener un escritorio virtual que nos permita manipular objetos virtuales con las manos. Estamos cerca, pero por ahora nos tenemos que conformar con Siri, Google Now y Cortana.

Antes de interpretar a Neo en Matrix, Keanu Reeves se lucía como Johnny Mnemonic en una sesión de una red informática con un visor y unos guantes con sensores. Fue un truco efectivo en 1995 para la olvidable adaptación cinematográfica del cuento de William Gibson, una pose estrafalaria años después, y un regreso inesperado de la mano de Oculus Rift, un dispositivo de realidad virtual que Facebook lanzará al mercado el año próximo.

La inminente Terminator Genesis reflota otra vez el futuro ucrónico creado por James Cameron. Al margen de esta inquietud recurrente, la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de los Estados Unidos organizó una final entre 25 robots humanoides. La Darpa Robotic Challenge tuvo una misión muy diferente: elegir al mejor proyecto capaz de asistir a los humanos en ambientes hostiles como el desastre nuclear de Fukushima. Transitar por caminos irregulares, abrir una puerta o cerrar una válvula fueron tareas que, por ahora, sólo uno de los finalistas pudo superar, mientras el resto de los competidores, con un andar errático propio de un borracho, sufrían caídas y cuelgues inesperados.

Al margen del largo recorrido que deberán enfrentar los ingenieros, el espíritu de la competencia estuvo marcada por el trabajo conjunto de los operadores con los robots. Por supuesto, nada impide el uso indebido de la tecnología. Skynet no despierta de la nada, ni las máquinas son malignas por naturaleza: como en Mazinger, se puede hacer el bien o el mal, pero esta voluntad siempre estará marcada por los humanos.

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