Entregó su fábrica a los trabajadores, construyó un velero y cruzó el Atlántico a los 68 años

Neto Spinelli es de San Pablo, ingeniero, y decidió regalar su empresa para entregarse al agua
Neto Spinelli es de San Pablo, ingeniero, y decidió regalar su empresa para entregarse al agua Crédito: Constanza Coll
Constanza Coll
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13 de diciembre de 2018  • 12:47

"Si todos fuéramos más honestos, habría más personas navegando los océanos". Neto Spinelli tiene 68 años y acaba de cruzar el Atlántico por primera vez, de Ubatuba a Cape Town. Hizo la travesía en el Soneca, un velero de 33 pies que construyó el mismo, persiguiendo el sueño de vivir y viajar a vela que compartía con su mujer Cecilia.

Nos reencontramos con Neto en Ubatuba, en el litoral paulista. El Soneca salió de la bahía Saco da Riveira a toda vela para recibir al Tangaroa2 en medio del mar, y nos acompañó hasta una boya que Neto ya tenía reservada para nuestra estadía en la ciudad. La última vez que nos habíamos visto fue en San Fernando, yo estaba embarazada.

Ulises hoy tiene dos años y medio. Entre aquel cafecito en el club Barlovento de la zona norte de Buenos Aires y ahora, Neto Spinelli, más conocido en el mundo de la vela como Tio, navegó 8640 millas (16.000 kilómetros) en un viaje que duró, entre ida, vuelta y escalas, 93 días. Y planea volver a hacerlo en diciembre de 2019. "Quiero hacer el mismo trayecto, es un viaje muy gratificante y más fácil de lo que parece".

El barco lo construyó él mismo
El barco lo construyó él mismo

A Neto le dicen Tío, muy probablemente porque siempre está atrás de uno, haciendo todo lo que está a su alcance para resolver problemas o mejorar cualquier situación. En los días que pasamos en Saco da Riveira, nos convidó un almuerzo casero y una ducha de agua caliente en su casa, nos llevó de paseo por playas y hasta el monumento al Trópico de Capricornio,y nos indicó todos los buenos fondaderos, restaurantes, spots de snorkeling y lugares para abastecer agua y combustible, hasta Río de Janeiro.

Pero no sólo eso. Uno de esos días en Ubatuba, Juan Dordal, capitán del Tangaroa2, también conocido como El Barco Amarillo, se levantó con un ojo muy rojo. Neto no sólo le consiguió un turno con el mejor oftalmólogo de la ciudad, sino que le dio las llaves de su propio auto para poder ir hasta ahí y volver sin contratiempos. "¿Tenés licencia?", fue lo único que preguntó, y no aceptó un no por respuesta.

Entrenar el cuerpo y la mente

Neto es un ingeniero mecánico que da clases de vela y buceo. En su vida pasada tuvo una fábrica textil en Sao Paulo, que después de ser asaltada 23 veces, decidió entregar a los operarios. "Cuando se las ofrecí a los trabajadores, me contestaron que no tenían cómo pagarla, pero yo no quería nada, simplemente cambiar de estilo de vida".

Neto y la familia argentina que viaja sobre un velero de 9 metros
Neto y la familia argentina que viaja sobre un velero de 9 metros Crédito: Constanza Coll

El Soneca es el segundo barco que construyó Neto. El primero era una pequeña trainera que usaron con su mujer durante 9 años, especialmente para bucear en la región de Paraty. "Soy ingeniero mecánico especializado en automóviles, pensé que construir un velero sería fácil. Estaba muy errado: la construcción del Soneca demoró 11 años, cuando tenía dinero, no tenía tiempo, y viceversa".

El Soneca está en el agua hace 12 años. Con él, ya navegó aguas uruguayas y llegó hasta Buenos Aires, pasó varios meses a bordo con su mujer en el litoral de Sao Paulo y de Río de Janeiro, fue y volvió de Santa Elena y Cape Town. "Ahora estoy planeando el regreso a Cape Town, pero mi verdadero sueño es llegar a Puerto Madryn y Ushuaia. Es lejos, vamos a ver si lo consigo".

Gran parte del desafío del viaje a África fueron los preparativos. Con 68 años, Neto iba al gimnasio tres veces por semana, hacía pilates los otros dos días, y andaba mucho en bicicleta. También tuvo que desmontar todo el barco y repasar los circuitos eléctricos, hidráulicos, el tanque de diesel, la jarcia, y mandó a hacer velas nuevas. "Estaban muy lindas, pero no eran apropiadas para los cuarenta bramadores, pero aguantaron bastante: se rasgaron a sólo 30 millas de llegar a destino".

También hubo que hacerse cargo de la comida para él y sus dos tripulantes. Llevaron 190 comidas listas, a las que sólo tenían que sumar puré de papas, arroz o fideos. "Los almuerzos y cenas eran muy ricos y variados, en mi opinión, la alimentación levanta mucho la moral de las personas". De regreso a Ubatuba, Neto llevó a dos alumnos que, cuando entraron al barco no sabían donde quedaba la proa y la popa, y a los 16 días asumieron el control total del barco . El método Spinelli para enseña a navegar es de inmersión total.

"Cruzar océanos no es para superhombres, pero sí es importante que la tripulación se lleve bien y la preparación psicológica; saber que más allá de los días y las noches en el mar, este tipo de viajes es un viaje interior, en el que hay que aprender a lidiar con uno mismo. Ese es el mayor desafío".

Crédito: Constanza Coll

Más información sobre Neto Spinelli y sus cursos cortos e intensivos de vela océanica en www.tio-spinelli.com

Si querés seguir el viaje a vela de El Barco Amarillo: www.Instagram.com/el_barco_amarillo /www.Facebook.com/tangaro2

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