Esa encantadora velada de a dos que empezó a quedarnos... corta

Alicia Greco
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28 de marzo de 2015  

Cuando nuestro hijo Joaquín, que hoy tiene 16 años, empezó a querer salir de noche y solo, fue todo un tema, un cambio en la dinámica familiar. El tema es que a mi marido y a mí nos agarró por sorpresa, de un día para el otro y nos costó un poquito procesarlo... Es que nosotros pensábamos que a esa edad -en ese entonces estaba por cumplir 13- todavía se entretenía con la Play y con alguna salida al cine: que con eso ya era suficiente. Pero un día Joaco vino muy resuelto, se plantó frente al sillón y nos dijo que tenía una fiesta. "¿Una fiesta?" Nos miramos con mi marido, totalmente desconcertados.

Esa primera vez le dijimos que no, aunque no supiéramos bien por qué se lo estábamos diciendo. Una reacción bastante común entre los padres. Pero unos meses después nuestro hijo, que es perseverante, volvió a la carga: que todos los chicos van, que soy el único que no puede salir...

Nos insistió tanto y tenía tantas pero tantas ganas que nos convenció, así que lo dejamos ir con la condición de que nosotros íbamos a buscarlo a las 23 en punto (la fiesta terminaba una hora más tarde, pero bueno, en algo teníamos que ganar).

Y fue entonces que a mi marido se le ocurrió que saliéramos. "Sí, nosotros", me dijo ante la repregunta.

Hacía mucho que no organizábamos un programa los dos solos y a mí la idea me gustó de inmediato. Así que después de dejar a Joaquín en la fiesta fuimos a cenar a un restó chiquito y medio escondido al que le teníamos ganas desde que había abierto, y al que nunca habíamos tenido tiempo de ir en plan "salida de pareja". Entre la deliciosa comida, las copas de vino y la charla despreocupada, el tiempo se pasó volando y se nos hizo la hora de ir a buscar a Joaco. ¡Nos queríamos morir! Porque realmente sentimos que la velada, que había sido encantadora, nos había quedado corta.

Muy a nuestro pesar llamamos al mozo, pedimos la cuenta y fuimos a buscar a nuestro hijo, que dicho sea de paso salía bastante malhumorado porque era el primero al que habían ido a retirar del lugar en cuestión.

A partir de esa noche, cada vez que Joaquín tenía (y sigue teniendo) algún plan, nosotros armamos el nuestro a la par suyo, y la variedad de opciones crece cada vez más. El combo de cena y cine es, podríamos decir, nuestra salida más clásica, pero también algunas noches nos vamos de copas a un bar lindo y con onda si Joaco arregla cómo volverse con un amigo.

Y claro: si hay que ir buscarlo lo hacemos sin problemas, aunque nunca más fue el primero en irse. Yo diría que más bien pasó a ser de los últimos.

La autora es abogada, y madre de Joaquín

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