Ésa es la actitud

Graciela Guzmán es la invitada a Tiempo de Liderazgo. Graciela superó una infancia con muchas dificultades para convertirse en una sólida profesional que, entre sus actividades, oficia de puente para que otros tengan oportunidades y las aprovechen.
Fuente: OHLALÁ!
Graciela Guzmán es la invitada a Tiempo de Liderazgo. Graciela superó una infancia con muchas dificultades para convertirse en una sólida profesional que, entre sus actividades, oficia de puente para que otros tengan oportunidades y las aprovechen.
Mercedes Korin
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7 de febrero de 2017  • 00:20

Fuente: OHLALÁ!

No estaba previsto que Graciela hiciera el secundario. Era algo demasiado alejado de la realidad que vivía en su infancia. El nacimiento en el ranchito de barro y paja de su abuela en Curuzú Cuatiá en Corrientes, la niñez en una casa en José C. Paz hecha de a pedacitos, quinta de seis hijos, primera hermana mujer. Cuando terminara la primaria era muy probable que tuviera que salir a trabajar para ayudar a la familia. Nadie en su entorno veía como imperiosa la necesidad de que ella siguiera estudiando. Nadie menos una persona: Elda, su maestra de séptimo grado en la Escuela 31 de José C. Paz. Elda le facilitó el acceso a una beca para el secundario.

En tercer año Graciela empezó a trabajar durante los veranos y terminó quinto trabajando de mañana en un estudio contable y yendo al colegio a la tarde. A los dieciocho entró a trabajar en la Comisión Nacional de Energía Atómica. Un par de profesionales de ese organismo público le salieron de garantes para que alquilara su primer departamento; años después, su jefe le pagó un curso de inglés intensivo (“Una capacitación no se le niega a nadie”, le dijo). Estudió Comunicación Social de la UBA. Ella cuenta que tenía una carencia de base por no haber tenido acceso a libros cuando era chiquita, que hacía que al principio tuviera que leer cinco veces lo mismo para entenderlo; de todos modos, se recibió en cinco años. Vivía en José C. Paz, trabajaba en Núñez y estudiaba en el centro. No lo vivió como un problema. El tren y el subte eran sus espacios de estudio. Después de muchos intentos sin resultado ganó una beca para un intercambio en Estados Unidos.

Ser puente

Hoy Graciela Guzmán es Gerente de Marketing de Vistage Argentina, una organización dedicada al desarrollo de empresarios y ejecutivos. Entre ese primer viaje de intercambio y su puesto actual, fue Directora de Desarrollo Profesional y Graduados de la Universidad de San Andrés, Directora de Relaciones Corporativas en la Universidad Torcuato Di Tella y Coordinadora de Relaciones Públicas de la CNEA. Hizo una maestría en administración de negocios en la Di Tella y ganó una beca Fulbright. En el camino se dio cuenta de la importancia de que su mamá le pagara a los nueve años un curso de inglés en soporte de discos y que su papá aceptara que le dieran la beca para hacer su secundario en vez de mandarla a trabajar.

Graciela es una mujer de dos mundos distintos, y no solo no lo olvida sino que los transita, va y viene entre ellos y se encarga de ser puente. Básicamente detecta necesidades y busca entre sus contactos quién puede ser parte de la solución. Lo hace espontáneamente pero también de modo sistematizado. Se define como una emprendedora social, más allá del puesto laboral que esté ocupando. Hace uso de sus vínculos sociales nacionales e internacionales para que más personas tengan acceso a la educación y el trabajo.

Cuando terminó el secundario, Graciela conoció a quien le había otorgado la beca. Oscar Diorio, un productor de seguros miembro del Rotary Club de José C Paz. Al acercarse a él para presentarse, Graciela no le agradeció el dinero: le agradeció las oportunidades que puedo abrir a partir de entonces.

Con semejantes aprendizajes y conciencia sobre el camino recorrido, en Tiempo de Liderazgo Graciela nos ofrece algunos consejos a partir de su propia experiencia.

Los consejos de Graciela

La importancia de dar y ayudar primero. Tuve la suerte de recibir una beca cuando tenía once años y gracias a ella pude ser la primera de mi familia en terminar el secundario. Siento una gran gratitud por esa persona que sin conocerme me ayudó y cambió el curso de mi vida, y probablemente la de muchas otras personas con las que tuve contacto a lo largo de mi trayectoria profesional. De él aprendí que siempre podemos ayudar a alguien, colaborar con una causa. Algo simple puede cambiar una o varias vidas, aun cuando nunca lo sepamos. Incorporar esta costumbre no solo nos ayuda a sentirnos bien sino que abre infinitas posibilidades. Establece un espacio de confianza, de gratitud y de conocimiento. Las mejores oportunidades laborales, profesionales y sociales vinieron de la mano de personas a las que yo había ayudado antes. Esto no es transaccional, ni uno debe hacer esto esperando una respuesta inmediata. Pero la verdad es que siempre, indefectiblemente, algo bueno pasa.

Cuando estaba en la Universidad de Buenos Aires me ofrecí a desgrabar las clases de Tecnologías de la Información. Esto me sirvió para ganar unos pesos que me venían muy bien en ese momento. Pero lo mejor de todo fueron las charlas con mi Profesor y su esposa. Cuando trabajé organizando conferencias empresarias pude invitarlos a ambos a ser Oradores en esos Eventos. Tiempo después ella me convocó para armar el Departamento de Desarrollo Profesional de la Universidad Torcuato Di Tella, dándome la posibilidad de ingresar al mundo académico. Todos tenemos la posibilidad de aportar, colaborar, acompañar, aconsejar, hacer algo por otra persona, organización o proyecto. Nos permite también desplegar nuestro potencial, que nos vean, nos reconozcan en espacios distintos.

La importancia de que el trabajo involucre lo que nos interesa. Conocernos a nosotros mismos es el primer paso que deberíamos dar al encarar una búsqueda o cambio laboral. Existen infinitas posibilidades, pero es mucho más fácil y eficiente si sabemos qué es lo que nos apasiona, nos inspira.

En una ocasión, cuando me desvincularon de un trabajo en el que estaba muy comprometida e identificada, al principio sentí pánico y sensación de crisis total. Sin embargo, a los pocos días, y gracias a charlas que tuve con muchas personas que me conocían empecé a conocerme a mí misma. Tome una hoja y la dividí en dos. En una columna escribí todo lo que NO quería hacer y en la otra todas las cosas que me apasionaban. Me tomé un tiempo para entender lo que quería hacer y descubrí que lo más importante para mí son las Personas, y que lo que hacía anteriormente me encantaba. Rechacé unas quince ofertas de trabajo que duplicaban mi sueldo anterior porque no me resonaban. Enfoqué mi búsqueda en una institución similar a la que había trabajado antes, busqué a alguien que me conocía mucho para que me contactara donde a mí me interesaba y me presenté haciendo foco en mis fortalezas, conocimientos y trayectoria.

La importancia de armar una red de contactos antes de necesitarla. Es importante construir una red de contactos cuando no la necesitamos. Lo mejor es hacerlo a través de aquello que más nos guste y buscar ámbitos diferentes a los que nos movemos habitualmente. Está comprobado que las oportunidades laborales vienen más por los lazos débiles, de aquellas personas que apenas conocemos, que de nuestros lazos fuertes como nuestra familia o amigos más cercanos.

La mejor manera de armar una red de contactos es haciendo aquello que nos apasiona. En mi caso es ayudar siempre que pueda con personas y organizaciones que tengan algún propósito social, cultural o artístico. En lugares donde supuestamente yo iba a ayudar, encontré a personas maravillosas que luego me fueron abriendo oportunidades y posibilidades increíbles. Las mejores oportunidades en mi vida vinieron de la mano de personas a las que yo había ayudado anteriormente en forma totalmente desinteresada.

Actitud, foco, esfuerzo y vínculos

Graciela asentó su recorrido en cuatro pilares. Una actitud curiosa, de querer ver más allá, aprender sobre todo lo que se le ponía delante. El foco puesto en el crecimiento, en alcanzar una meta y vislumbrar la siguiente. Un esfuerzo fenomenal para compensar las carencias de base de modo de que no le hicieran mella en la orientación que quería darle a su vida. Y los vínculos que supo generar y consolidar en distintas etapas.

No es fácil pertenecer a dos mundos y sostener esa pertenencia. El desfasaje aparece en las pequeñas cuestiones del día a día y también en las grandes decisiones. Graciela Guzmán, la mujer que fue aquella niña nacida en un rancho de Corrientes y que a lo largo de su transformación mantuvo un lazo profundo con sus padres hasta que fallecieron y sigue manteniéndolo con sus hermanos y su familia, es una agradecida de las oportunidades que la vida le dio y las que ella misma supo generarse. Su agradecimiento se basa en no olvidar, en ayudar a otros a abrirse camino.

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