Escapale a la sombra del pesimismo

Crédito: Corbis
María Gabriela Palleros
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18 de agosto de 2015  • 15:48

¿Qué sucede cuando nos convertimos en especialistas en tirar abajo toda idea que se nos cuente?

Ya sabemos que el mundo no es perfecto, pero recordarlo a cada momento tampoco lo mejora.

No hablamos, solamente, de la famosa mitad del vaso lleno o vacío que cada uno elige ver, sino de cuando no podemos despegarnos del lado negativo de absolutamente todo, entorpeciendo cualquier tipo de proyecto que intentemos encarar.

Desde ya, que en este tema (como en todos) no somos iguales. Cada persona posee una tendencia propia hacia lo positivo o lo negativo y eso es inherente a cualquier ser humano porque tiene que ver con cómo percibimos la realidad. Por eso, a lo que nos estamos refiriendo es al exceso de foco en los errores, a cuando sentimos que sabemos el final triste de la película y la idea de apostar a algo nuevo nos parece más de lo mismo.

Aferrarse al pesimismo siempre conduce a la inacción. Desplegar todos los escenarios posibles de una situación es debatir sobre sus pros y sus contras, es lograr pensar teniendo en cuenta todas las variables. Cuando no podemos hacer esta lectura total de la situación., y nos atamos a las contras, optamos por quedarnos estáticos, sosteniendo que siempre es mejor en donde estamos que a lo que podemos llegar a estar, para qué cambiar las cosas si pueden ser peor. Esta idea es disparadora de conflictos, porque nosotros evolucionamos gracias a los cambios, y oponernos a que ellos sucedan, por no ver más allá de su lado negativo, es reforzar la creencia de que las cosas nunca pueden mejorar.

Cuando te aferrás al pesimismo caés en la inacción.
Cuando te aferrás al pesimismo caés en la inacción. Crédito: Corbis

Ser el eterno pesimista no es un rol fácil de ejercer porque su costo es alto. No sólo a nivel social, dado que es difícil compartir tiempo y espacio con una persona que se centra en derrumbar planes, sino que en lo personal muchas veces termina encerrado en su propio circulo vicioso. Desde ya, que no siempre se es plenamente consciente de la propia visión negativa, y que por lo general, es nuestro entorno quien se encarga en resaltárnosla, pero es importante aprender a registrar aquellas conductas que nos empujan a destruir más que a crear, porque solo a partir de eso podemos romper las limitaciones a la que nos condiciona nuestro propio pesimismo.

Estrategias para superar el pesimismo:

•Proyectar. Para hablar de proyectos necesitamos sumergirnos positivamente en la idea de futuro y ver cómo pensamos llevar a cabo nuestros objetivos. Si no podemos lograr esto, nuestra visión se vuelve aun más negativa porque se retroalimenta de la angustia que nos genera la ausencia de planes.

•Creatividad. Instalarnos en el "NO", siempre cierra nuestro abanico de recursos, no nos dejar ver con claridad las herramientas con las que contamos para pensar alternativas. Nos pone siempre en el marco del problema, en vez de poder situarnos del lado de la solución.

•Permitir el cambio. Cuando creemos que nada puede mejorar y que si las cosas cambian es para que empeoren, terminamos resistiéndonos a lo nuevo, quedando estancados permanentemente en situaciones, en lugar de trabajar para superarlas.

•Nuestra repercusión en los demás. Si nuestra opinión negativa se vuelve estereotipada, ya nadie espera otra respuesta de nosotros, nos volvemos monótonos generando que los demás piensen que siempre tenemos el mismo discurso para todo.

• Cultivar un entusiasmo realista. No se trata de ir por la vida derrochando alegría e ignorando los puntos negativos, si no que tiene que ver con intentar liberarnos de las creencias negativas que nos atan y poder redescubrir y fomentar nuestro propio entusiasmo.

Podés estar triste, de acuerdo, pero hay un lado positivo y un lado negativo de toda emoción. No la agraves con el pesimismo.
Podés estar triste, de acuerdo, pero hay un lado positivo y un lado negativo de toda emoción. No la agraves con el pesimismo. Crédito: Corbis

Este trabajo no es simple, y nadie puede hacerlo por nosotros, porque nos exige conectarnos continuamente con lo que queremos, con lo que esperamos alcanzar, con nuestro propio empuje. De ahí nacen los pensamientos que nos permiten ampliar nuestra lectura de las cosas y hacer consciente la necesidad que tenemos de confiar. Todos necesitamos ese mínimo de esperanza básica que nos impulsa a hacia a lo nuevo, a poder abrir caminos. Por eso, es importante lograr correrse del pesimismo porque es lo que nos va a permitir arrancar y enfrentar nuevos comienzos, nos va a dar la fuerza para el puntapié que nos rescate de la inercia, y como se suele decir: el primer paso nunca nos deja en donde queremos estar, pero siempre nos acerca.

¿Y vos? ¿Cómo superás el pesimismo? Leé también "Sí, soy extremista" Barajar y dar de nuevo: claves para volver a empezar

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