Aprendé a escuchar a tu cuerpo

Crédito: Paula Teller. Realización y estilismo: Maca y Xime Ibáñez
Te proponemos un método para que empieces a observarlo y mejores tu calidad de vida y la relación con los demás
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9 de julio de 2012  • 00:32



Muchas veces, nos sentimos agotadas, extenuadas y, en lugar de hacerle caso a esa alarma interna, seguimos adelante a fuerza de café y aspirinas. Solemos vivir estresadas y con un estado de ánimo "negativo-crítico-quejoso". Nuestro cuerpo nos informa que está sin recursos y la "matemática emocional" nos da como resultado de la cuenta: "no puedo". Y no poder es terrible.

Otras veces, sentimos desde las entrañas que deberíamos dejar de ver a una persona en particular, que cada vez que la vemos salimos descompuestas y con dolor de cabeza. Sin embargo, por alguna razón, no hacemos el corte y seguimos padeciendo esa relación. O tenemos algún miedo (a los perros, a la oscuridad, a las cucarachas) y, por más que sabemos "racionalmente" que no nos van a hacer nada, por más que lo veamos en terapia durante años, esa cucaracha caminando por la pared de la cocina nos hace temblar y salimos corriendo a pedir que alguien la mate.

Todo es parte de lo mismo: estamos separadas, disociadas. El cuerpo y la mente juegan en distintos equipos y sentimos que somos tironeadas sin saber bien a qué deberíamos hacer caso. En general, terminamos obedeciendo a nuestra mente; es la reina, la que lleva la corona. Quizá sea tiempo de derrocar la monarquía y que nos gobierne una democracia en la que los partidos dialoguen y voten las leyes en conjunto.

Qué nos dice el cuerpo

Mareos frecuentes: la ansiedad puede generar temblores y mareos e incluso vértigo.

Orina oscura: puede ser consecuencia de que nos está faltando hidratación en el organismo y que debemos tomar más agua, aunque también es síntoma de infecciones urinarias.

Tensión muscular y hormigueos: el estrés puede producir tensión muscular en la nuca y en la espalda, sensación de hormigueo en brazos y piernas y escalofríos. Además, puede generar taquicardia y palpitaciones, distensión abdominal e impotencia sexual.

Tos permanente: puede ser drenaje postnasal que queda de la alergia, espamos en las vías respiratorias, fibrosis pulmonar, o una enfermedad pulmonar crónica obstructiva, típica de los fumadores.

Ojos secos: puede ser que estemos pasando demasiado tiempo frente a la compu, que estemos tomando mucho alcohol (y poca agua) o que estemos en un ambiente muy frío y seco. En menor medida, puede deberse al consumo de ciertos medicamentos (antidepresivos, antihistamínicos) o hipertiroidismo.

Calambres en las piernas: Cuando pasamos varias horas parados o sentados en la misma posición, usamos tacos altos o no tomamos suficiente líquido para mantenernos pueden tensarse los músculos de la pantorrilla. En menor medida, pueden ser el resultado de anticonvulsivos, antihistamínicos, estrógenos y medicamentos para la osteoporosis.

Manos frías: si siempre estás con las manos frías puede ser producto del estrés. Cuando estamos estresados, el sistema nervioso se acelera y se contrae la circulación sanguínea. Otra causa de tus manos heladas puede ser el síndorme de Raynaud, que afecta el flujo sanguíneo a las extremidades.

Los ronquidos: estamos con sobre peso o comimos muy pesado a la noche. Aunque también pueden deberse a que las vías respiratorias están bloqueadas, lo cual puede ser por alergias, tabique nasal desviado o resfríos crónicos.

(Si bien según los expertos consultados estas pueden ser algunas de las causas de estos síntomas, siempre es necesario consultar a un médico)

Cómo escuchar al cuerpo

Crédito: Paula Teller. Realización y estilismo: Maca y Xime Ibáñez



Partamos de la base de que hay miles de formas de conectarse con el cuerpo. Es un camino para transitar toda la vida. Ya lo dijimos antes: el cuerpo está todo el tiempo interpretando el ambiente, lo que pasa a nuestro alrededor. Escuchamos una canción que nos gusta y es como si nos abrieran el plexo mientras nos emocionamos, nos relajamos. Alguien nos tira el auto encima y nos enojamos y empezamos a decir barbaridades antes de darnos cuenta de que las estamos diciendo. El tema es que todo pasa en fracciones de segundos y enseguida es catalogado por la mente: "Qué lindo tema, pero no tengo ganas hoy de ponerme sentimental...". "Este tipo casi me pisa con el auto y siguió como si nada cuando podría haberme matado"... Ahí empiezan los rollos: el relator deportivo mental arranca a contarnos una historia. Una historia que se empieza a alejar de lo que verdaderamente estamos viviendo y tiene un montón de "ingredientes" que no le pertenecen, sino que son del mundo de la fantasía, los recuerdos o los mandatos. ¿Cómo podemos registrarnos más? ¿Cómo podemos escuchar nuestro cuerpo, nuestras emociones? Sin historias, sin palabras y sin argumentos de planes de acción, sólo sintiendo, en silencio. Te damos algunos ejercicios para "bajar" la atención al cuerpo, para estar acá, presentes y enérgicas:

-Si notamos que estamos pensando demasiado: podemos tratar de sentir los pies. El contacto con el piso, el peso, la caricia de los pies con las medias o los zapatos.

-Si estamos nerviosas en una reunión: mover lentamente los dedos, sentir cómo circula la sangre, jugar a tocarnos cada yema. Son pequeños ejercicios Cada una puede buscar su manera, encontrar el equilibrio, la armonía a la que llamamos felicidad.

-Si estamos medio depre: podemos probar sonreír durante diez minutos seguidos por reloj. Una sonrisa grande, bien forzada, casi payasesca. Lo más probable es que después de hacerlo nos sintamos mucho mejor.

-Si estamos con falta de ánimo: sirve erguir la espalada, saltar un poco o bailar; son movimientos que se van a trasladar a lo anímico. Que nos van a "sacudir" del letargo, la inercia y el mal humor. Hay que ponerse en movimiento.

Saber mediar

Crédito: Paula Teller. Realización y estilismo: Maca y Xime Ibáñez



Quizá parezca (pero no teman) que una vez que empezamos a ser más permeables a recibir la información de nuestro cuerpo nos volvemos esclavas de él. Todo lo contrario. La corona que tenía la mente la tiramos a la basura y empezamos a intentar tener un diálogo coherente, fluido, entre ambas partes. Si notamos que todos los días estamos contracturadas, tratamos de hacer algo con eso: empezar yoga, reiki, masajes. También podemos tomarnos un relajante muscular que nos destruya el estómago, pero que nos permita seguir adelante (¡adelante como los caballos con orejeras!, casi a ciegas, pero siempre adelante).

Hay que hacer la diferencia: ver, saber y elegir. ¡Adiós a la esclavitud! No está mal ser amantes de transgredir nuestros límites biológicos. No está mal volverse una militante del ashtanga. No hay bien o mal. Hay elecciones a conciencia, y ahí, ya cada una es su única ama y juez.

Desde ya que no es fácil: quizás el cuerpo quiera quedarse en la cama todo el día y la mente, ir a trabajar y producir plata. Bueno, podemos ir haciendo concesiones para ambos bandos en pos de nuestro bienestar. Si trabajamos bárbaro, cumplimos con todo y quedamos satisfechas, estamos en todo nuestro derecho de pasarnos un sábado entero haciendo zapping y babeando la almohada.

Más allá del cuerpo*

Buscar LA causa de lo que a uno le está sucediendo, termina limitando la posibilidad de ahondar en otros aspectos. Por ejemplo, en los casos en donde producto del diagnóstico y tratamiento médico, los síntomas se resuelven. Porque lo que sucede allí generalmente es que la persona rechaza y descarta la posibilidad de continuar pensando sobre sus inquietudes, ya que el tema quedó "resuelto". Y lo que hay que pensar es que si la persona inicialmente dudó acerca de la influencia que pudiera estar ejerciendo su nivel de estrés en sus síntomas, es porque algo allí le está sucediendo (Independientemente de la mayor, menor o nula influencia concreta en el síntoma físico). Muchas veces los síntomas son una oportunidad para pensar en "algo más" de lo que nos pueda estar sucediendo. Entonces, la idea no es "callar" esta oportunidad.

*Por Lic. Patricio Furman



Expertos consultados: Lic. Inés Dates - Psicóloga

Lic. Patricio Furman - Psicoanalista.





Informe de: Nuria Docampo Feijóo

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