Estaba en crisis con su local de pastelería vegana y un cliente salvó su negocio

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29 de enero de 2020  • 14:54

Camila Villalobos (20) es una vegana desde que tiene 15 años. Decidió emprender y crear su propio negocio de pastelería vegana cuando vio que no había suficientes opciones para este tipo de alimentación y, con mucho trabajo, pudo poner su primer local. Eso sí, tuvo grandes dificultades que casi hacen que tenga que abandonar el negocio . Acá te contamos la historia completa.

De chica, a Camila ya le gustaba cocinar, y cuando modificó sus hábitos alimenticios encontró un faltante y una oportunidad: había muy pocas opciones de comidas veganas y casi ninguna de pastelería. Llena de convicciones, se aventuró a comenzar un nuevo camino, arrancó un emprendimiento de pastelería y empezó a vender sus productos en varias ferias, los fines de semana, los únicos días que no tenía que asistir al colegio. Sus recetas conquistaron a varios, lo que causó que las ventas empezaran a crecer, pero era tanto el trabajo que sus padres le tuvieron que pedir que dejara de hacerlo, ya que durante la semana se la pasaba cocinando y sábados y domingos se la pasaba vendiendo.

A sus 18 años, cuando terminó el secundario, no tenía muy en claro qué rumbo seguir o qué carrera estudiar, así que aprovechó ese tiempo de reflexión para, mientras, seguir con el proyecto que tanto amaba. Primero consiguió venderle su mercadería a una dietética 100% vegana. Como sus productos gustaban, Cami les pidió que la ayudaran con menciones en Instagram. Fue el primer paso del crecimiento: pasó de 10 seguidores (sus amigos) a 1000. Con la idea en marcha apareció el empujón necesario para terminar de lanzarse: se postuló en el programa Potenciate BA Gastronómico y resultó semifinalista. Literalmente la potenció, ya que con toda esa experiencia entendió lo que realmente quería y lanzar su proyecto. "En ese momento estaba trabajando en una casa de comidas rápidas. Decidí renunciar y con lo que me pagaron de liquidación, sumado a algo de plata que tenía ahorrada, me animé. Era muy poco, así que tuve que pedirle ayuda a mi familia y a mis amigos. Mi papá me ayudó a poner el local, pero ahora no somos más socios porque no resultó", cuenta.

El sueño hecho realidad: el local propio

El primer desafío fue encontrar un espacio. Los costos eran mucho más elevados de lo que ella había planeado y las cosas empezaron a complicarse: hasta la semana anterior a la apertura le seguían faltando cosas. Sus amigas aportaron algo, su mamá pintó y la carta la hizo ella por completo... Así, un poco a pulmón, lograron abrir Vica (una conjunción de su apellido y su nombre: Villalobos Camila). El primer día se sorprendieron para bien: había una fila tremenda esperando sus productos. "La gran ayuda que tuve fue que antes de poner el local vendía facturas veganas en la panadería de mi papá todos los fines de semana. Me hice conocida ahí, porque hablaba con los clientes en persona y les contaba las ganas que tenia de abrir una cafetería propia. El día que inauguré recibí muchísimos abrazos, como si los conociera a todos", cuenta Cami, que las primeras semanas tuvo récord de ventas: "Empezamos a tomar muchos pedidos. Llegamos a vender 80 docenas de facturas en un día. El diferencial fue que no existía un proyecto vegano que hiciera facturas de calidad. Las recetas son mías y las facturas las hacíamos con mi papá. Él fue pastelero desde siempre y por él yo saqué el amor a la pastelería, que me inspiró a convertirlas en veganas". Al principio sólo vendían facturas, pero después fueron incorporando alfajores y cookies. Algo que los distinguió, también, fue que comenzaron a compartir todo el proceso de cocción en redes y eso llamó mucho la atención. Los propios seguidores corrían la voz sobre la apertura del local, logrando un exitoso "boca en boca".

Un regalo inesperado

Su logo, 100% basado en plantas, invita a los clientes a disfrutar de una propuesta libre de ingredientes derivados de animales y más saludable, algo que ayudó a que Vica se convirtiera en un refugio de activismo. Esa particularidad fue la que la salvó, porque todo venía encaminado hasta que una pelea con su socio/padre hizo temblar toda la estructura. Camila decidió romper la sociedad y su padre retiró del local toda la maquinaria y mano de obra. Como los productos no cubrían la demanda, las deudas empezaron a crecer y las ventas terminaron cayendo un 60%. Desesperada, Cami se la jugó y recurrió al storytelling : contó su realidad en las redes y un cliente le ofreció ayuda: "Te doy todo lo que necesites, lo siento como una donación hacia el veganismo. Este lugar es un espacio de activismo, no hay una pastelería así", le dijo. Con la única condición de que el local continuaría abierto, le regaló todas las máquinas y le facilitó el dinero para pagar las deudas en dólares. Gracias a esa inyección, Vica se oxigenó, volvió a producir en cantidades, recuperó la clientela y se empezó a perfilar como una de las cafeterías más concurridas. Ahora sí, el sueño ya está en marcha.

Podés visitar el local y disfrutar de sus opciones de martes a domingos, de 12 a 20 en Moldes 2117, Belgrano. Conocé las opciones y el detrás de escena en @vica.plantbased .

EN NÚMEROS

  • 8 personas trabajan hoy en Vica.
  • Hay 7 opciones de platos para el almuerzo y 21 productos de pastelería, todo a precios accesibles.
  • Todos los productos son elaborados con al menos un 20% de harina integral.
  • 10.400 seguidores tienen en Instagram, su principal canal de comunicación. En 2020 esperan llegar a los 30.000.

Te contamos otras historias de emprendedores gastronómicos: - Guadalupe García Mosqueda, creadora de Orno, Casa Cavia y muchos otros restós. - Pablo, Leonardo y Mariana, de Antares. - Alejo, creador de Williamsburg.

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