¿Estás preparada para vivir en pareja?

¿Estás lista para esta nueva vida?
¿Estás lista para esta nueva vida? Crédito: Corbis
Antes de empezar a vivir con él, evaluá si estás lista para compartir el día a día bajo un mismo techo.
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11 de febrero de 2014  • 00:00


En todos los noviazgos ocurren momentos bisagra: el primer beso, la primera pelea, las primeras vacaciones como pareja. Son hitos en la historia de una relación amorosa, que se van encadenando y tejiendo a lo largo del tiempo, conformando ese hilo invisible y cada vez más sólido que construye una vida de a dos.

Estamos en febrero, el mes del amor, muchas parejas están de la vuelta de unas vacaciones soñadas, por eso no es raro que en esta época les nazca la idea de empezar a vivir juntos. Especialmente si todo salió de diez. La pasaron bien, se divirtieron, se relajaron, disfrutaron de estar pegados 24 x 7 y fue lo más.

Entonces, se te ocurre: ¿por qué no seguir de largo y ya que estamos nos mudamos juntos? La idea puede quedar en el terreno de la fantasía, de los sueños, de los planes para alguna vez en el futuro, tendríamos que... qué lindo sería... Pero no por ahora y volvés a tu vida de siempre, cada cual en su casa, a estar pendiente del whatsapp, twitter, tumblr, el face hasta el momento de verse para salir.

O no. Porque también puede ocurrir que alguno de los dos tome coraje y se anime a ponerle voz a esa idea que flotaba en el aire: ya que nos llevamos tan bien en las vacaciones... ¿Qué te parece si nos vamos a vivir juntos? Sí, sí, acá en casa. O en la tuya puede ser. Agarrate el bolsito, traete el cepillo de dientes y después vamos viendo... Dan ganas de decir que sí y darle para adelante, sin pensarlo demasiado. ¡Es tan romántico!

Un momento de reflexión

¡Zarpado!, pensás cuando volvés a apoyar los pies sobre la tierra y ya con la cabeza fría te pones a considerarlo en serio. ¿Me la juego de una o mejor me tomo un tiempo? ¿Estoy preparada para dar el paso? ¿No será demasiado pronto? ¿Estamos los dos listos para compartir el día a día bajo un mismo techo? Estamos enamorados, ¿acaso necesitamos algo más?

Tranqui. Todas las preguntas son válidas. Está bien analizar las cosas, no por miedo ni por falta de amor. Todo lo contrario: pensarlo bien es cuidar la relación. Porque más allá del amor que todo lo puede, en la vida adulta se supone que no hacemos las cosas por impulso. Y una convivencia exitosa requiere tener resueltos, o por lo menos encaminados, algunos indicadores de adultez. Hay que pensar antes de actuar. Es como una regla ineludible de la madurez.

En ese sentido, cabe suponer que iniciar una convivencia en pareja no debería ser una decisión tomada a la ligera. No es muy recomendable, por ejemplo, que se base en cuestiones como la de ahorrarte un alquiler o la de calmar los celos porque te preocupa qué hace el otro cuando no están juntos. Es una decisión para pensar, analizar y poner en la balanza las 5 preguntas básicas de toda información confiable: por qué, qué (en este caso para qué), dónde, cuándo, con quién.

Entonces, ¿cuál es el momento adecuado?

Crédito: Corbis



La convivencia es la situación de pareja que más se aproxima al matrimonio. Sin los papeles, sin la ceremonia, pero con las mismas rutinas. Hay quienes lo toman como una especie de prueba antes de decidirse a comprometerse a largo plazo.

El problema es que si lo hacés demasiado pronto o por las razones equivocadas, irse a vivir juntos puede poner en riesgo la relación, acelerar el necesario proceso de conocimiento mutuo, y tal vez por no haber alcanzado un grado maduro en el vínculo, al convivir aparezcan conflictos que no sepan resolver a tiempo. Y así terminen por separarse rápidamente, cuando el sentimiento era genuino y podían tener un buen futuro como pareja.

"La pareja es aquello que sucede cuando dos personas se unen para resolver problemas que, de no haberse juntado, no los tendrían" posteó la lectora Chiquillaxx en un comentario a la nota El lado B de la pareja.

¡Y es cierto! Pero, qué lindo que es el desafío. Será por eso que la sociedad avanza, los modos de unirse entre los sexos se modifican a medida que cambian los valores culturales, pero el amor y las ganas de vivir en compañía siguen vigentes.

Para la psicóloga Alejandra Ferreiro no puede establecerse un momento mejor que otro para iniciar una convivencia. Cada uno se propone un proyecto de convivencia por distintos motivos, cuando puede o cuando se le da, asegura. Sin embargo, si tenés dudas antes de dar el paso, podés aproximarte a tu propia respuesta si analizás en qué etapa de la relación estás.

1. Enamoramiento: es el momento inicial, de atracción intensa en el que percibís a tu amado como un ser perfecto. Sostenés la ilusión de poder llegar a fusionarte con tu pareja y creés conocerlo profundamente. Pero tené en cuenta que tu percepción está alterada por la experiencia subjetiva del enamoramiento. Así, confiás ciegamente en que el amor romántico todo lo puede y que es capaz de diluir cualquier diferencia que pudiera surgir entre ustedes. Pero la realidad no será así durante la convivencia. La verdad es que tu pareja tiene características desconocidas e insospechadas con las que posiblemente debas confrontar y lidiar más adelante. Date tiempo.

2. Desenamoramiento: no te asustes, es una etapa nomás. La crisis necesaria para pasar a la siguiente. Es la contracara de los primeros meses. Surge cuando los efluvios del enamoramiento se diluyen y empezás a ver al otro de modo más realista, con sus partes más copadas y con las otras que no lo son tanto. Es un período caracterizado por el comienzo de los primeros desencuentros que hacen vacilar la idealización inicial, y que te llevan a preguntarte quién es y cómo es realmente tu pareja. Se producen los primeros desencuentros y desilusiones, se debilitan las fantasías de ser únicos y perfectos. Generalmente tendemos a hacer responsable de la desilusión sólo al compañero. Si estás en la etapa de crisis, poné mucha atención porque es sin duda el momento más tramposo para decidir pasar a la convivencia.

3. Posenamoramiento o amor adulto: es la etapa a la que llegamos si superamos la crisis de la etapa anterior y en el caso de que sigamos deseando continuar juntos. Alternan los momentos en que reaparece el enamoramiento inicial, menos idealizado y más realista, y momentos de malestar conflictivo con nuevas situaciones de desacuerdo o desencuentro, pero con mayor tolerancia a la frustración, de un modo más adulto. Ahora comprendés que la pareja es un proceso que estará siempre sujeto a estos ciclos, que oscilará en permanente equilibrio inestable, tratando de mantener la fluidez del vínculo. En teoría sería la época más estable y madura para afrontar el desafío de convivir.

Amor e inteligencia emocional

Crédito: Corbis



Pensar en estar preparado para vivir en pareja, es un poco como preguntarse si es posible estar preparado para vivir. Nunca lo estás del todo. Aunque sí podés estar en una situación más favorable para planificarlo sabiendo que, como en todas las decisiones de la vida, vas a tener que lidiar con un margen de incertidumbre. Esa incertidumbre es justamente lo que va a poner en juego tus aptitudes creativas y tu inteligencia emocional para resolver los desafíos que aparezcan sobre la marcha.

Siempre es posible elaborar algunos mapas para orientarnos en la experiencia. El éxito depende de los recursos que tenemos y de las experiencias afectivas positivas o negativas con las que contemos. Entonces, prepararnos es revisar ese bagaje. ¿Cuáles son las habilidades emocionales que pueden servirte para facilitar la convivencia con tu pareja? Algunas pistas:

- Saber cuándo ceder y cuándo permanecer firme en las negociaciones que suelen ser muchas: vivimos en casa o departamento, elegimos una decoración moderna o de estilo, campo o ciudad, la play o una peli juntos, los fines de semana nos levantamos tarde o temprano, solos o con la familia.

- Capacidad de registrar lo que sentís, pensás y hacés y poder decirlo sin responsabilizar al otro.

- Habilidad para crear climas de confianza mutua que promuevan la comunicación

- Ejercitar la empatía, la capacidad de ponerte en el lugar del otro y de esforzarte para tratar de ver las cosas con sus puntos de vista.

- Saber discriminar, tolerar diferenciarte del otro y aprender a encontrarte con él aceptando las diferencias.

- Tener capacidad para entrar en sintonía con el momento que estés atravesando tanto individualmente como en la relación con tu pareja.

- Desarrollar la flexibilidad para compartir espacios, tiempos individuales y comunes, decisiones económicas, entre muchas otras.

¿Vivís con tu pareja? ¿O estás pensando en hacerlo? Contanos tu experiencia.

Libros: Vivir en pareja, un desafío al narcisimo, de Manfredo Teicher, Editorial Letra Viva. Vivir de a dos o el arte de armonizar la diferencias, de Sergio Sinay, Editorial Nuevo Extremo

Experta consultada: Lic. Alejandra Ferreiro , psicóloga de adultos y parejas, psicoarte.hoy@gmail.com

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