Esto también es París

A metros de sus tradicionales atracciones turísticas, la Ciudad Luz asoma su cara menos conocida. De paseo al ritmo de sus habitantes, se descubre un laberinto de rincones, pequeños negocios y circuitos apasionantes
Julián De Dios
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23 de septiembre de 2012  

Tan fuerte es París que, aun recibiendo 40 millones de visitantes por año, jamás perdió su personalidad. Porque hay una París turística que rompe récords año tras año, con millones de turistas que visitan las atracciones más famosas en un check-list extenuante. Y después está la otra París, la de los parisinos, que es un laberinto exquisito de detalles. Vale recordar que en esta ciudad un queso no es cualquier queso sino uno entre 246 variedades, como lo señaló Charles de Gaulle; un vino es un tesoro y un simple pedazo de carne viene con árbol genealógico incluido.

En los últimos años, muchas cosas han cambiado: Champs-Élysées se globalizó aún más, Trocadero consolidó su circuito de museos; la bistronomie ya es un clásico gastronómico; la Rue Etienne Marcel cambió los talleres de costura por las tiendas vintage; la vitalidad de Le Marais invadió La Bastille; revivieron los viejos docks del Sena en Bercy con la Cité de la mode et du design y otros espacios modernos; las orillas del Canal Saint-Martin están más lindas que nunca; en Pigalle conviven los sex shop con boliches trendy y Belleville sigue de moda sin perder rebeldía. Pero en medio de todos esos cambios, las cosas fundamentales de la ciudad siguen inalterables: el valor de las ideas, desde La Bastille al Café de Flore; su amor por los espacios públicos, que aquí son de todos, con playas en verano, pistas de patinaje en invierno y mercados callejeros todo el año, y la comprensión profunda de los símbolos, desde el imponente Pantheon con sus muertos notables, a las flores anónimas sobre la tumba de Jim Morrison.

Zona de grafitis en la Rue de Belleville.
Zona de grafitis en la Rue de Belleville.

No hace falta irse muy lejos para conocer ese París que se esconde en los detalles. A veces está a pocos metros, o delante de nuestras narices. Pero lo descubrimos sólo si tenemos la actitud, un estado de gracia urbano que los franceses llamaron ?âner. Una palabra tan francesa como difícil de traducir, que Domingo Sarmiento en sus crónicas de viaje describió como "el arte de dejarse llevar por el placer de todos los sentidos".

Solidaridad chic. Patio de acceso a la tienda Merci. Especializada en objetos de diseño, destina parte de sus ingresos a la beneficencia
Solidaridad chic. Patio de acceso a la tienda Merci. Especializada en objetos de diseño, destina parte de sus ingresos a la beneficencia

Toda visita comienza en Champs Élysées, puerta de entrada triunfal a París desde los tiempos de Napoleón. Enseguida, nos damos cuenta de que miles de personas tuvieron la misma idea. El ir y venir de gente es constante y veloz. Pero si nos detenemos y nos dedicamos a paladear el espíritu del Boulevard, encontraremos el espacio cultural casi secreto de Louis Vuitton, que nos permite sentirnos vip sin serlo; la veredita de Flora Danica, con sándwiches de salmón al paso; la terraza del Hotel Raphael, para tomar un trago mientras miramos el Arco del Triunfo desde arriba; la ropa de vanguardia de la galería Le 66; el mercado callejero de Rue Poncelet; los showrooms de las automotrices, donde nos divertimos como chicos; los libros de arte de la librería de la casa de remates Artcurial... Todo está ahí, a metros de las vidrieras de las cadenas de ropa o los locales de comida rápida; es simplemente una cuestión de mirada. Hacia el sur, en el Triángulo de Oro, la sorpresa la podemos tener en el bar con jardín colgante del Pershing Hall, o en el salón de té del Hotel George V, con tapices que envidiaría cualquier museo. O al norte, caminando por el Parc Monceau, un jardín diseñado por el duque de Orléans, que en realidad parece imaginado por Jorge Luis Borges, donde balconean antiguas mansiones hoy convertidas en museos, como el Musée Jacquemart-André donde podemos almorzar bajo un techo pintado por Tiepolo. Con un agregado: a pesar de las apariencias, en estas zonas los precios no son muy distintos a los que se encuentran en otros distritos de la ciudad. A los ricos les gusta vivir bien, pero no están dispuestos a pagar por las cosas más de lo que valen. Cerca, en los alrededores del Palais Royal, brotan los pasajes que nos permiten llegar desde la Opéra Garnier hasta la puerta de Saint Denis casi sin pisar la calle, y donde se entrelazan tiendas centenarias, como el luthier donde Mick Jagger suele ir a conversar, con novedades como la tienda de Christian Louboutin para hombres.

Te escucho. Al frente de la Iglesia Saint Eustache, una monumental escultura de Henri de Miller, llamada L’Écoute
Te escucho. Al frente de la Iglesia Saint Eustache, una monumental escultura de Henri de Miller, llamada L’Écoute

Uno de los mayores cambios de París sucedió en el área de Rue du Sentier y Rue Etienne Marcel, hasta hace algunos años conocidas como las calles de los grandes talleres de costura y venta mayorista de ropa. Pero eso quedó en el pasado. Al principio fue un área elegida por los diseñadores y chefs jóvenes que tenían la misma creatividad pero no el presupuesto de sus vecinos del Marais o Rue St. Honoré. Pero ahora compite de igual a igual con esos distritos, y es el lugar donde van los parisiens bobos (abreviatura callejera de bohemian bourgeois, bohemios burgueses) para ver qué hay de nuevo. Un proceso similar se vivió en el Canal Saint-Martin. Una zona olvidada durante décadas, hasta que el viejo edificio del Hôtel du Nord de la película de Marcel Carné (102, Quai de Jemmapes), que estaba a punto de ser derrumbado, fue nombrado patrimonio nacional. Surgieron restaurantes étnicos de las comunidades chinas, africanas e indias cercanas, fotógrafos de moda pusieron sus estudios, viejos galpones se transformaron en salas de música... Aquí no hay grandes atracciones o museos, el encanto que ofrecen los canales es la posibilidad de caminar por la orilla, sentarse en un bar a tomar un vino, hojear un libro en alguna de las librerías artísticas o, simplemente, dejar pasar el tiempo mientras vemos cómo funcionan las exclusas del siglo XIX. Un espíritu que se contagia al vecino barrio de Belleville, cuna de Edith Piaf, con rincones imperdibles como los alrededores de Rue Belleville y Rue Deyonez, punto de encuentro de los grafiteros parisinos, o la Rue Oberkampf, con una de las movidas nocturnas más vitales de la ciudad.

Ah, la noche. El café Le Consulat, 
un encanto más de Montmartre, un barrio ideal para perderse entre callecitas sinuosas y bares amigables
Ah, la noche. El café Le Consulat, un encanto más de Montmartre, un barrio ideal para perderse entre callecitas sinuosas y bares amigables

Del otro lado del Sena, las tentaciones continúan. Aquella clásica disputa Rive Gauche versus Rive Droite se hace cada vez más difusa. Hace ya muchos años, cuando Yves Saint Laurent abrió su local en Saint-Germain, la mitad de París lo tomó como un desaire y la otra mitad tardó años en comprenderlo. Ahora, Hermès aterrizó en la Rive Gauche con una megatienda en la antigua piscina del Hotel Lutetia que vale la visita aunque no compremos ni un pañuelo; Ralph Lauren instaló su bar en un patio muy elegante de Saint-Germain, y a pocas cuadras Gérard Depardieu invadió la tranquila Rue du Cherche-Midi con un bar de vinos, un bistrot y hasta una pescadería llamada Moby Dick, donde se lo puede ver algunos sábados atendiendo a los clientes

Y hay más. Los bares para tomar absenta en Le Marais, la callecita medieval de la Île Saint-Louis, en la que componía Astor Piazzolla, los bistrots donde saborear un plat du jour a precio de pizarra, el muro repleto de grafitis que recuerdan a Serge Gainsbourg, los mercados callejeros donde venden desde ostras a berenjenas... En síntesis, parafraseando a Julio Cortázar que vivió y escribió en esta ciudad a la que él consideraba "un poco la mujer de mi vida", se puede concluir que para todo viajero París es un modelo para armar.

Negocio especializado en foie gras
Negocio especializado en foie gras

AQUI, LA HOJA DE RUTA

La Guía Completa de París está pensada como una bitácora para tentarse y vagabundear sin culpa por la ciudad. Organizada en 18 distritos, cada capítulo tiene una introducción al barrio, sus imperdibles, un mapa detallado y luego museos, restaurantes, bares, tiendas, plazas, rincones, historias, claves y otras atracciones diferenciadas por color y organizadas paso a paso, como en una caminata virtual. Con el espíritu de una charla entre amigos, recomendamos desde un bar de vinos escondido en Montmartre hasta el Centro Cultural Louis Vuitton, un departamento para hacer vida de vecino, o un bistrot donde comer muy bien a precio de pizarra. Para que el lector pueda sentir que París es su ciudad.

Guía Completa de París 2012.

De Dios Editores.

Julián de Dios.

352 páginas.

Más información en www.dediosonline.com

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