Experiencias. 5 cosas que aprendí trabajando en un sex shop

Crédito: Cyn Deambroggio Garret
Denise Tempone
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6 de septiembre de 2019  • 15:14

Todos tenemos un trabajo de fantasía, un rubro en el que amaríamos incursionar aunque escandalizara a nuestra familia. Mi fantasía era trabajar en un sex shop. Claro que no quería meterme en esos tugurios con pegajosos cines privados de la calle Florida, no. Soñaba más bien con hacer de las mías en alguna ciudad liberal, repleta de viajeros. Me entusiasmaba conocer otras culturas a través de su relación con el sexo, y verle la cara a esos hombres y mujeres que se llevaban todas esas cosas que yo nunca entendí cómo se podían vender: muñecas inflables, tenazas para testículos, ¡jaulitas para penes! ¿Era gente como yo? ¿Sabían algo del erotismo que yo no había descubierto? ¿Me darían material para un buen libro? ¿Sacaría de ahí un amante? ¿Nuevas amigas? ¿Mucho dinero? Esas preguntas me condujeron a Lyss, una erotic store en Madrid que desde hace una década provee a la ciudad del material necesario para cumplir sueños lascivos. En el corazón de Malasaña, la legendaria sede de la movida madrileña, hace un mes me lancé a la aventura de un trabajo a medio tiempo que me permitió sumergirme en las entrañas de ese gran motor universal llamado deseo. Esto es lo que esperaba y esto es lo que encontré.

"Va a ser un antro oscuro, un tugurio de perdición" FALSO

En Europa, este tipo de tiendas atienden a puertas abiertas en el centro neurálgico de los barrios más cool y ostentan luz natural y paredes pasteles. Estos espacios están relacionados al feminismo y al universo queer y es bastante fácil entender por qué. La industria de los sex toys se ha hecho una fiesta con la liberación sexual femenina y la visibilización de los derechos LGTBQ+. La causa de descubrir el propio cuerpo y cuestionar los roles de género encontró un aliado indiscutible en los dildos (otrora "consoladores"), los strapones (conocidos en Argentina como "cinturongas") y los estimuladores anales diseñados exclusivamente para hombres (la herramienta más escandalosamente subversiva para, por ejemplo, un "machirulo"). Para decirlo en otros términos: volverse usuario del tipo de sex toys que hoy se vende en esta tiendas requiere una deconstrucción mental importante.

Crédito: Cyn Deambroggio Garret

"Van a venir todos viejos degenerados" FALSO

Nos visita una abrumadora mayoría de mujeres y de parejas tanto hetero como gays. Y los viejos que vienen, para ser honesta, rara vez son degenerados. Por el contrario, los sex shops son lugares repletos de personas de todas las edades dispuestas a mostrar su vulnerabilidad, abiertas a contarte cosas como que el tedio sexual se está cargando a sus parejas, o que su rendimiento y tamaño están lejos de ser lo que desearían. Claro que hay muchos gozadores, gente sin mayores problemas dispuesta a indagar en nuevas formas de sentir y hacer sentir placer, pero compartir fantasías es también exponerse. A su manera, todos son buscadores.

"Voy a hacer un papelón porque hay cosas de las que no entiendo nada" FALSO

Cuando comencé a trabajar, los dueños de la tienda, un matrimonio francés, se encagaron de llenarme de folletería y libritos sobre los productos que vendemos. Y aunque los estudié atentamente, siempre supe que no estaría del todo lista para explicar cómo se ejecuta la colocación de una jaulita para penes o de un perforador de uretra (dos de los elementos sadomasoquistas más populares). Sin embargo, pronto descubrí que los clientes más específicos y avanzados son los mejores maestros. Aunque la discreción es un valor importante en tiendas como esta, sólo con verlos analizar un producto uno puede empezar a entender de qué se tratan ciertas prácticas y la peripecia que requiere llevarlas adelante. Este es un trabajo en el que aprendés mucho de sexo, sí, ¡pero muchísimo más de psicología!

Crédito: Cyn Deambroggio Garret

"Voy a tener que ser un poco psicóloga" VERDADERO

En un sex shop las cosas no siempre son claras. La encargada de la tienda se ha ocupado más de una vez de avivarme del hecho de que algunos clientes jamás dirán de manera directa y frontal lo que buscan. Dejarán, en cambio, algunas miguitas sueltas para que lo adivines sin exponerlos. Son los que vienen, por ejemplo, a buscar "regalos para un amiga" pero terminan llevándose un artefacto diseñado para ser utilizado exclusivamente en un varón. He confirmado la complejidad del trabajo secando las lágrimas de una alemana con un terrible ataque de culpa por haber gastado dinero en algo "más grande que la de mi pareja". En una ocasión, una señora mayor casi logra convencerme de que se llevaba el vibrador más gigante y potente de la tienda por estricta prescripción médica.

"Voy a tener muchas propuestas eróticas" FALSO

No tuve muchas, sólo algunas ;).

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