
Fabián Gianola La comedia de la vida
Creció con el amor incondicional de sus padres. Según él mismo, esa seguridad le dio el impulso para luchar por el éxito. Y lo logró
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Tiene ojeras, pero no se queja. A la mañana ensayó Canciones para mirar, un espectáculo infantil basado en los textos y canciones de María Elena Walsh. A la tarde grabó un capítulo de Tiempo final, el unitario dirigido por Sebastián Borenzstein. A las 19, comenzará a grabar, junto a Claudio Morgado, Televisión Registrada, uno de los programas más exitosos de la televisión, por el que Gianola ganó el Martín Fierro a la mejor conducción masculina. Sin embargo, aclara que recibe las mayores satisfacciones de su familia, compuesta por su mujer y sus dos hijos: Camila (de 6 años) y Nicolás (de 2).
En lo personal, y también en lo laboral, no siempre la vida lo trató con tanto cariño. Muy joven aprendió que los abruptos cambios de destino no son una exclusividad de las tragedias griegas.
Pero si algo aprendió de su propia experiencia, como hijo, y ahora como padre, es que el mayor capital que se puede dejar a los hijos es lograr que crezcan con la seguridad de que cuentan con el amor incondicional de los padres.
Más allá de su filosofía, es indudable que la carrera de Gianola, a los 39 años, pasa por su mejor momento.
–Conocés el mundo de la radio, la televisión, el cine, el teatro... ¿Dónde te sentís más cómodo?
–En el teatro. Me encanta. Es otra cosa cuando el público está presente. Están sus risas y sus silencios. Claro que hay días en los que uno cree que la gente está dibujada. Pero se puede aprender de eso. Carlos Carella, un grande, me dijo una vez: nunca es culpa del público, siempre es uno. A veces uno no tiene el ángel para estar en el escenario ese día.
De manera espontánea, y con toda naturalidad, comienza a recitar un fragmento de la obra de María Elena Walsh:
Voy a contar un cuento.
A la una, a las dos, y a las tres:
Había una vez.
¿Cómo sigue después?
Ya sé, ya sé.
Había una casita,
una casita que...
Me olvidé.
Una casita blanca,
eso es,
donde vivía uno
que creo que era Marqués
El Marqués era malo,
le pegó con un palo
a... No, el Marqués no fue.
Me equivoqué.
“Y sigue... El texto es maravilloso. Pertenece a El Reino del Revés (N. de R.: editado por Alfaguara). En realidad, lo que más me entusiasma es que vaya mi hija al teatro. Tenemos el compact con las canciones de María Elena en el auto, y siempre me pide que se las cante.”
–El público infantil no debe ser fácil.
–Los chicos no andan con medias tintas. Si no les gusta lo que ven, se mueven, se levantan. Si les gusta, se quedan quietos. Yo tengo muy buena onda con los chicos. Me divierte trabajar para ellos.
Un chico feliz
Fabián siguió los pasos de su padre, Beto Gianola, un conocido actor de cine, teatro y televisión que fue también autor, entre otras piezas, de La noche de la basura, una exitosa obra que cada tanto se vuelve a dar, incluyendo giras por todo el país. El mismo Fabián interpretó una obra de su padre, después de su muerte, llamada Teléfono medido.
Hoy, cuando habla de su infancia, se ilumina.
–Papá y mamá estaban muy presentes. A mi hermano y a mí nos cuidaron mucho, nos quisieron mucho. Eramos muy unidos. Cuando mi papá se iba de gira, llevaba a toda la familia. Y era una gira de teatro, imaginate. No ganaba un mango. Sin embargo, sacaba pasajes para cuatro, pagaba el hotel para cuatro, la comida para cuatro. Entonces, si volvía hecho, le salía bien. Pero no era por obligación, él nos quería llevar. Si no íbamos, nos extrañaba.Y antes de la función nos llevaba a hacer algún programa, como a la cancha o a ver una película. A él le gustaba. Tenía la necesidad de estar con la familia. Nos decía que nos íbamos afuera el fin de semana, pero en realidad, él estaba trabajando. Nosotros nos criamos así. Lo más importante era estar todos juntos.
–¿Qué hacían los fines de semana en que tu papá no trabajaba?
–Me acuerdo que los sábados (y acota Gianola que él y su hermano ya eran dos muchachos grandotes de 15 y 16 años) nos despertábamos y nos metíamos en la cama de mamá y papá. Lo agarrábamos a trompadas a mi viejo. Mi mamá se levantaba y preparaba el desayuno para los cuatro... que obviamente era en la cama. Después llegaba el diario. A papá le gustaba leernos cosas, informarnos, instruirnos. El era una persona muy culta. Era poeta, escritor.
–Pero hubo un cambio de vida, abrupto.
–Mi papá murió de golpe a los 58 años, de un derrame cerebral. Hace 21 años. Yo tenía 18. Mi mamá murió 10 años después, también a los 58 años. A mi hermano y a mí nos costó mucho superar esa situación.
–¿Cómo superaste el arrancón que significó estar sin tu papá y después sin tu mamá?
–Fue muy duro, porque yo era un chico sobreprotegido. Realmente yo no tenía armas para salir a pelear a la calle. Cuando murió papá me movieron el piso completamente. No sabía dónde estaba parado. Mamá quedó muy deprimida y nunca se recuperó. Cambió todo para siempre.
–¿Qué hiciste?
–Yo estaba haciendo el ingreso a Derecho, y estudiando teatro con Alejandra Boero. Pero tuve que dejar todo y salir a trabajar. Vendimos el auto con mi hermano y compramos un taxi. Y después de manejarlo todo el día, a las 2 de la mañana salía a cargar reses en un frigorífico.
–Dependían de los ingresos de tu padre
–Sí. No teníamos ahorros porque a mi papá le estaba empezando a ir bien. Después, nos quedó una deuda en el hospital, así es que agarraba cualquier trabajo que salía. También fui cadete. Yo era muy inocente, pero sufrí un crecimiento de golpe porque la calle me abofeteó muchas veces.
–En lo laboral se abrieron muchas puertas. ¿Crees que fue, en parte, porque tu padre era una persona conocida en el ambiente?
–Es cierto que yo empecé a trabajar seis o siete meses después de que él murió, y que su apellido me abrió puertas. Pero también se convirtió en un arma de doble filo porque yo tenía que responder a la expectativa que generaba ese apellido. Y no podía hacerlo porque apenas empezaba. Pero me fue cada vez mejor, y ya tengo 21 años de profesión.
–Finalmente, ¿pudiste estudiar?
–No. Empecé a estudiar psicología, hasta que salió una tira y ya no tuve la energía como para hacer una cosa y después otra.
La primera tira en la que participó Fabián fue El hombre que amo, en 1986, con la dirección de Alberto Migré. Antes había trabajado en unitarios, pero por fin, a los 23 años, por primera vez firmó un contrato.
– Hacía del hijo de la portera. Yo estaba becado porque era el chico pobre.
–¿Qué experiencia te dejó trabajar con Migré?
– Me gustó. La pasé muy bien. El escribía de una forma muy especial. Había que respetar mucho el libro.
–Pero parecería que en la comedia estás en tu salsa
–Me gusta mucho. Yo soy un tipo muy parecido a lo que ves por televisión. Yo tengo buen humor. Me encanta levantarme a la mañana. Me gusta estar bien. Juego mucho con mis hijos. Tengo una gran capacidad lúdica. Me gusta divertirme. Además, soy buen público en el teatro. Me río de todo.
También el drama está presente en su carrera. Fue parte del elenco de Fuenteovejuna, en el teatro San Martín, y también parte del elenco de la Comedia Nacional, en el Cervantes. Recuerda haber conocido a Arthur Miller cuando formó parte del elenco de La muerte de un viajante. “Era una persona muy austera y con gran precisión para hablar”, dice.
–Sos, de alguna manera, autodidacto.
–Estudié, leí, pero esta profesión te la enseña el oficio. Nada te enseña más que subirte todos los días al escenario.
–Qué pensás de la televisión polémica: de las peleas, los gritos...
–Hay un submundo en la televisión, un suburbio que no tiene que ver con la creatividad, pero que existe, y hay que respetarlo porque nadie te obliga a verlo. Tiene rating, entonces hay un público para eso. Yo me divierto, pero no creo nada de esas cosas. Soy completamente escéptico.
–¿Cómo te mantenés informado para conducir TV Registrada?
–Leo, veo la televisión, escucho la radio. Pero hay épocas en las que me asqueo y no quiero saber más nada.
–Se ha cuestionado el hecho de que después de presentar el tema de la semana, en medio del programa, se dé una publicidad. ¿Vale todo en el tema de los auspicios?
–En este momento, cuando hay una televisión tan pobre... pensá que América se presentó en convocatoria de acreedores el año último. No pueden darse el lujo de rechazar nada en este momento. Nostros vendemos un poco de chocolate, de café. No hace mal a nadie. Es parte de la televisión.
–En este momento tan crítico del país, ¿qué es lo que te parece que le hace falta a la televisión?
–Lo que le falta es plata. En un país pobre, tenemos una televisión pobre. Pero pobre no quiere decir que le falten ideas, o talento, o creatividad. Es una televisión que es tan talentosa, tan creativa, tan llena de ideas, que se suple la falta de plata con eso.
En cine, se prepara para rodar, en noviembre, su película número veinte.
–El cine tiene otro encanto. El encanto de la luz, del clima que se prepara, de la gente que trabaja alrededor. A mí me gusta mucho.
–¿De qué se trata la nueva película?
–Es una opera prima. La historia ocurre en un pueblito a 100 km de Buenos Aires. Yo soy el peluquero del pueblo.
–¿Es un papel protagónico?
–No. Pero de todas maneras, si a mí el papel me gusta, lo hago.
Asiduo concurrente al gimnasio, Gianola cultiva el principio griego mente sana en cuerpo sano.
–Yo nací con muchos problemas. Mi mamá perdió cuatro embarazos antes de tenerme a mí. Yo nací de casualidad, y con muchos problemas físicos. Era asmático, con síntomas de raquitismo. Entonces de chiquito tuve que hacer mucha gimnasia. Pero yo nunca le di mucha importancia al tema. Yo jugaba cuatro o cinco partidos de futbol con asma. Me acuerdo de que apoyaba las manos en las rodillas para respirar porque me quedaba sin aire.
–Hoy día, ¿cómo estás?
–No tengo más asma. Pero sigo haciendo deportes y entrenando. El deporte me despeja la cabeza. Además de estar en contacto con la naturaleza, correr con el viento frío que te pega es una alegría. Además estás jugando a algo. No importa mucho ganar o perder.
Otro trance superado. Gianola hace hincapié en que “todo lo que no te mata te hace más fuerte. Cuando te asiste la razón y la verdad no es necesaria la violencia. Después, hay que ir para adelante. No hay que patear el tablero, no tenés que volverte loco. Más tarde, al ver que pudiste soportar determinadas cosas, la experiencia te valoriza como persona. Te nutre para no equivocarte. Pero es un aprendizaje”.
–¿Con tus hijos tenés el mismo tipo de relación que tenías con tus padres?
–¡Sí! A la mañana, cuando no tienen colegio, traen los juguetes y vienen a jugar a la cama. Nos dan besos, y yo les hago cosquillas.
–¿También les ponés límites?
–Me cuesta. Mi mujer tiene ese rol. Camila tiene 6 años y es una santa. De chiquita decía: “Tengo sueño”, y se iba a la cama. Pero el gordo... tiene dos años y medio y le gusta la cama. Protesta en la suya y yo lo traigo a la nuestra. Mi mujer se enoja, pero no hay nada mejor. Dormido es una cosa que te morís. Me pueden las ganas de estar con él, de disfrutarlo.
–¿Eso es lo que hoy vos les transmitís a tus hijos?
–Sí, cuando puedo y como puedo. Ojalá me entiendan.
–Y cómo manejás el equilibrio, entre lograr que se sientan protegidos, pero por otro lado, impulsar a que crezcan fuertes.
–Es muy difícil. La verdad es que no sé si lo hago bien. Se trata de que no sean chicos violentos, pero por otro lado, que se sepan defender. De todas maneras creo que las personas están mucho más resguardadas cuando están contenidas afectivamente. Nosotros, con mi mujer, tratamos de darles todo el amor y la seguridad de que los adoramos. Les decimos que son lindos, que son inteligentes. Desde ese lugar, la persona está mucho más armada, más segura, me parece.
–Vos decís siempre en Televisión Registrada, a manera de chiste, que no tenés miedo. Pero, ¿a qué le tenés miedo?
–Al sufrimiento... que le pase algo a un ser querido. A cualquiera le puede pasar cualquier cosa en cualquier momento... y más en este país.
–Ahora estás en un buen momento, pero se nota que nada fue para vos demasiado fácil
–Seguro que no. Nada me fue, ni me es, demasiado fácil. Las cosas llegan, llegan a su tiempo, y a veces complicadas. Hay que ir desenroscándolas.
–¿En algún momento creíste que no te iban a llegar?
–Siempre creí que iba a llegar. Siempre me tuve mucha fe, y eso que me empezó a ir bien a los treinta y pico.
–Volvemos al tema de la seguridad que te dieron tus padres.
–Sí... el afecto, la contención. Si tenés el amor de la familia estás armado en la vida.
Asistente: Agustina Butler
Agradecemos a Paula Cahen D´anvers, Mimo´s, Grimoldi, Giesso, Amor mio, Varanasi para Ante Litteran.
La crítica mordaz a la televisión llegó de la mano del programa Televisión Registrada, que este año cumplió su cuarto año en el aire, sumando un promedio de 10 puntos de rating. Todo un logro para un producto que utiliza el ingenio como plataforma del humor. El ojo atento de quienes no se pierden un segundo de la programación semanal, más una prolija edición que muchas veces es crítica en sí misma, lograron una síntesis a la que el público dio el sí. En el programa, y como conductor, el propio Gianola se fabricó un personaje que es extrovertido y muchas veces punzante. Su fuerte es hacer comentarios que muchas veces están en la propia mente del espectador, regados con un particular y muchas veces ácido sentido del humor.
Por eso fue premiado con el Martín Fierro en el rubro conducción.






