Favorito entre los orientales

Por Eduardo Tarnassi Para LA NACION
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8 de mayo de 2003  

Que entre las viejas costumbres del sudeste asiático, lugar en el que no abundan las proteínas, persiste entre los ancianos el hábito de comer perro, es algo incontestable. Para comprobar lo dicho alcanza con recorrer el casi centenar de páginas Web que se dedican al tema.

Sin embargo, Corea del Sur ha tratado de revertir esa imagen tan chocante para los occidentales, como lo es para los indios que nosotros comamos vaca.

Pues bien, Corea ha entronizado como perro nacional al chindo, al que ha decidido proteger legalmente.

Este ejemplar forma parte de una trilogía de castas nativas de perros integradas por el sapsari y el pungsan.

Tal como ocurre con todos los canes de la parte oriental del mundo, el chindo toma el nombre de la isla en la que se desarrolló libremente, al parecer luego del naufragio de un barco chino, en el año 960, cerca de las costas de la isla.

Los perros que acompañaban la tripulación de la malograda embarcación alcanzaron la costa y se multiplicaron tanto como los panes bíblicos.

En rigor, los coreanos explican de varias maneras la existencia de este ejemplar, que tiene similitudes físicas con los perros de trineo, aunque de variados colores.

Quien esto escribe pudo ver canes similares vagando por Bangkok o Kuala Lumpur, lo que indicaría que son característicos de la zona.

Sin embargo, los habitantes de Seúl (quizá porque el Mundial de fútbol se jugaba en esa capital) legislaron sobre el chindo, lo calificaron como perro de compañía y buscaron el reconocimiento por parte de la Federación Cinológica Internacional.

Al respecto lo describen como un animal amable, desconfiado, guardián y buen cazador. De unos 50 centímetros de alzada y 20 kilogramos de peso, puede ser de diversos colores, aunque las leyes sólo protegen los bayos y los blancos.

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