Fika, el secreto de la productividad sueca

Un simple ritual cotidiano celebrado en uno de los países más productivos del mundo puede cambiar tu rutina laboral.
Un simple ritual cotidiano celebrado en uno de los países más productivos del mundo puede cambiar tu rutina laboral. Crédito: Gentileza
Denise Tempone
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18 de enero de 2019  • 11:39

Si sos un poco observadora, apenas caminas unas cuadras por Estocolmo, la preciosa capital de Suecia, la palabra te llamará la atención: Fika. Está estampada en los cafecitos más lindos y en las pastelerías. Tiene sus secciones en los espacios de decoración y hasta libros especializados. A simple vista, es fácil dimensionar la importancia del término en la cultura nórdica pero no es tan simple entender qué es. El Fika podría ser definido como un simple "coffee break", sin embargo, según Anna Brones, autora del libro "El arte del Fika", es más bien, una celebración que se hace a diario en el trabajo, en el hogar, en los barcitos. Se trata de una pausa siempre sabrosa, interesante y confortable que muchos señalan ni más ni menos, como "el secreto que la productividad sueca".

Para ser honestas, no es difícil morirte de ganas de hacer un fika cada dos cuadras en esta ciudad. Los lugares son tan lindos, cálidos y acogedores, que cualquier ocasión de sentarte en ellos te hace sentir especial. En algunos de esos rincones, además de plantitas, flores y objetos bellísimos, hay anotadores y lápices para que puedas plasmar ideas. También hay juegos de mesa y música hermosa, creada a pocas cuadras de esos espacios, en donde se encuentran los estudios de bandas clásicas como Abba y Roxette, y de otras cantantes nuevas como Robyn y Tove Lo. Suecia es una máquina de generar dinero a fuerza de sus ideas, de hecho, los derechos de autor y patentes, representan gran parte del PBI por estos lados, así que cualquier situación que invite a crear, es acá, considerada muy seriamente.

Más que el simple café de la oficina, una pausa creativa

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El Fika forma parte de una cultura laboral. Hacerlo es darse la oportunidad de compartir, conectar y relajarse con los colegas. Es también la ocasión ideal para despejar la cabeza, tomar distancia de los problemas y volver a las tareas con mayor creatividad. Y hay algo más: es colaborar en la construcción de una dinámica de relaciones no verticalistas, en la que todos los miembros de un team, jefes y juniors, puedan sentirse cercanos, algo bastante característico de los países nórdicos. A medida que firmas suecas como Ikea y H&M comprobaron la efectividad del Fika, el ritual se fue expandiendo hacia otras zonas del mundo. Hoy, la mayoría de las grandes empresas de esta parte del planeta, consideran que las máquinas de café, los tecitos de hierbas y la pastelería de calidad, son tan importantes para sus empleados como las computadoras.

Gracias a la reputación de la cultura corporativa sueca, tan cálida como efectiva, el formato del Fika comenzó a expandirse por fuera de sus fronteras. Algunas marcas de café y pastelería decidieron incluso, ofrecer el formato de "espacio de fika" a otras corporaciones. Como parte de esos servicios, los empleados pueden acceder libremente a productos gratuitos en un contexto acondicionado para disfrutar de libros, música y luz tenue. A través del servicio de creación de este espacio, se hace de cada taza una experiencia de lujo accesible, que logra lo que muchas firmas buscan: motivar, fidelizar y halagar a sus talentos, especialmente a las nuevas generaciones que parecen tener una predilección particular por estos "mimos" corporativos.

Si es con algo dulce, mucho mejor

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La revalorización cultural del Fika por las calles de las ciudades suecas coincide con otra tendencia fuerte desde hace algunos años en ese país, la reinvención de la pastelería local con ingredientes autóctonos. Suecia, un país heredero de la tradición gastronómica francesa transita desde hace algunos años una suerte de rebelión que la llevó a alejarse de los clásicos ingredientes europeos para reivindicar los suyos propios. Hoy, el escaramujo (un fruto de un rosal silvestre), el espino amarillo (una baya con aroma cítrico), y el skyr, una suerte de yogurt proteico que se usa también en tortas y postres, son los grandes compañeros del tan amado Fika.

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