Hablemos de amor: 5 expertos opinan acerca de las relaciones modernas

Fuente: OHLALÁ! - Crédito: Dominique Besanson
Denise Tempone
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7 de febrero de 2019  • 14:18

Ellos hablan, piensan, cuestionan el amor en voz alta. Recogen esas preguntas que están flotando en el aire e intentan responder consultas. ¿El amor moderno mató a la monogamia? ¿Es más difícil enamorarse? ¿Toda pasión tiene fecha de vencimiento? Traccionados por las ganas de saber, nuestros columnistas especiales de San Valentín armaron sus proyectos en torno a las relaciones y nos comparten aquellas cosas que perciben. Además, nos explican de qué forma intentan responder a los desafíos que plantean los vínculos en una era feminista, libre y anárquica.

Tamara Tenenbaum

"Todos sentimos que nos falta algo"

  • Quién es y qué hace: es escritora, periodista y licenciada en Filosofía por la UBA. En 2019 publicará en Paidós un libro de ensayos sobre amor y sexualidad en la generación Ni Una Menos.

Decidí escribir un libro sobre el amor para la generación de la cuarta oleada feminista porque llevaba un tiempo investigando el tema y sentía que cada vez entendía menos. Mi material, más allá de la bibliografía, eran las historias de mis amigas y las que me cuentan en el consultorio sentimental de La Nación, que atiendo desde 2017 bajo el seudónimo "Consuelo". El universo de Consuelo es amplio: abogadas, contadoras, enfermeras, amas de casa, de ciudades grandes y pueblos diminutos. Y todas parecemos estar hablando de lo mismo. Las solteras, de las dificultades para un encuentro real: "Me manda fotos de su pito, pero cuando le digo de vernos no contesta". O del estigma de no tener pareja, de que se sienten unas fracasadas y del miedo a "morirse solas". Las que están en pareja hablan de sus fantasías y de lo difícil que les resulta sostener el erotismo frente a la monogamia. Todas piensan que al resto le sale fácil: Instagram está lleno de parejas y solteras perfectas, y cada una se siente la única que está haciendo todo mal. Estamos atrapadas, de un lado, por los mandatos viejos (la madre abnegada, la ama de casa perfecta, la enamorada incondicional), y del otro, por los nuevos (la que dejó las harinas, la multiorgásmica, la exitosa e independiente): ¿y nuestro deseo? ¿Y nuestras diferencias? ¿Y el lugar para aprender, para equivocarnos, para inventar formas del afecto que nos sean propias? Mi sensación era que el vocabulario conceptual que teníamos para hablar de sexo y de amor no nos servía para hablar de la variedad infinita de los deseos de las mujeres. Fue eso, entonces, lo que le propuse al director de la editorial: bucear en la tradición feminista, en las investigaciones sobre cómo las tecnologías actuales cambian nuestra vida afectiva, en mi propia experiencia y la de muchas otras mujeres de mi generación para inventar ese lenguaje que necesitábamos. Un lenguaje que reconozca que entre estar en pareja y estar soltera hay más de 50 tonos de gris, que un "visto" se te puede clavar en el corazón como una estaca (y que eso no te hace una loca), que la violencia y el afecto a veces se mezclan en combinaciones irreconocibles, pero que necesitamos ponerles nombre y apellido para salir de ahí. Lo que yo quiero, señores editores, es contribuir a la conversación, porque creo que más que nunca necesitamos eso: hablar entre nosotras de todo eso de lo que jamás hablamos por miedo a quedar como unas taradas, unas losers, unas desesperadas o unas locas. Necesitamos hablar mucho más de lo que necesitamos castigar o señalar a los culpables de que nuestros vínculos estén teñidos de desigualdades machistas, porque machistas fuimos todas y todos, seguro, alguna vez, y es mejor crecer que autoflagelarnos.

Federico Volinsky

Fuente: OHLALÁ!

"Añoramos el amor old fashioned"

  • Quién es y qué hace: es un emprendedor techie. Fundador y CEO de Blind Love, una app de citas que propone ir más despacio.

Creo que la gente está cansada del online dating. Se convirtió en algo así como ir de shopping a mirar, a no comprar nada, a no gastar plata. Dar likes, hacer matches, se transformó en una diversión que, la mayor parte de las veces, queda en nada. Yo decidí diseñar Blind Love, que está inspirada en la historia de amor con mi mujer. La conocí hace 5 años en Argentina. Ella vivía en Inglaterra y yo, en Miami. Ese día yo quedé flechado, pero ella no me dio mucha bola. Ella era modelo, alta y flaca. Yo, petiso. Vivíamos en puntas diferentes del planeta. Parecía imposible. Pero yo la busqué en sus redes y empezamos a chatear. Terminamos con una charla que duró siete horas. Ahí algo se destrabó y empezó a fluir. Y nos empezamos a enamorar. Empecé a pensar entonces una idea para filtrar a quienes buscan lo superficial de quienes buscan una verdadera conexión. A diferencia de otras apps, Blind Love vuelve a traer el misterio: las fotos de perfil de los usuarios, inicialmente desenfocadas, se van develando a medida que encuentran intereses y gustos en común a través de la conversación. Para acceder a la foto completa del "potencial match", es necesario alcanzar una cierta cantidad de conversaciones: a medida que crece la interacción, el algoritmo asigna un puntaje. En pocas palabras, le damos una chance a un amor más al estilo old fashioned.

Rosario Oyhanarte

Fuente: OHLALÁ!

"El objetivo sigue siendo una relación duradera"

  • Quién es y qué hace: es licenciada en Letras. Creó un blog, @rosiestips, donde contó su propia historia de amor y comenzó a recibir historias y consultas. También es autora de la novela Mi marido y su mujer.

Desde hacía un año escribía en mi blog, @rosiestips, cuando, a pedido de mis lectores, conté la historia sobre cómo conocí a mi marido, y esta se viralizó. Yo venía dedicando mis posteos a libros, viajes, belleza, gastronomía, pero fue recién cuando empecé a escribir sobre amor que dupliqué seguidores en una semana y recibí un aluvión de likes. Jamás hubiera pensado que la historia iba a causar tanto furor. ¿Acaso en la sociedad de hoy no hay una tendencia a las relaciones efímeras? Eso es lo que solemos escuchar, pero a través de los intercambios con mis lectores yo empecé a ver otra cosa. Todos los días me escriben mujeres –y algunos hombres– para pedirme consejos de relaciones; imploran tips para conquistar al candidato que tienen fichado, me relatan sus peripecias en la escena de la soltería y comparten conmigo su miedo a la soledad. Entre los mensajes que recibo, noto un denominador en común: el afán de encontrar a un compañero de vida. Pero no un compañero cualquiera, sino que el objetivo es que la relación sea profunda, duradera. Noto también una vuelta a valores que se suponen de antaño; a crear familias sólidas y relaciones a largo plazo.

Otro punto a destacar es que lo que más gustó de mi historia fue que no es color de rosa. No fue mi marido quien me propuso casamiento en la Torre Eiffel; al contrario, fui yo quien tuvo que arremangarse para que ese morocho espléndido me invitara a salir. Mis lectoras aplaudieron mis artimañas de seducción, el ingenio con el que lo encaré, la paciencia que tuve cuando la cosa se puso brava y la confianza ciega en ese recurso llamado la propia intuición. Desde entonces, mujeres de todas las edades y todo el país me escriben para agradecerme que les haya dado confianza; creo que muchas están hartas de esperar que sean los tipos quienes den el primer paso y tienen ganas de ser ellas quienes hagan que la cosa se ponga en marcha. También me escriben quienes no tienen historias "felices" que contar: amores truncos, viudas, separaciones dolorosas o que todavía no son correspondidas.

Cuando, en diciembre, publiqué mi primera novela, Mi marido y su mujer, pasó otro tanto: los comentarios de los lectores destacan cómo disfrutaron leer una historia de amor en la Inglaterra multicultural; cómo apreciaron meterse en la vida de los protagonistas que comparten un matrimonio lleno de desafíos pero que, a su vez, rebosa de respeto y de valores.

Yo disfruto jugar a la Celestina con mis seres queridos, así que, con todo el placer del mundo, les cuento a mis lectores anécdotas que puedan servir como inspiración. Pienso que el objetivo es muy noble: quieren encontrar amor; y si puedo sumar para que haya un mundo con más amor, entonces los ayudo, feliz.

Marinha Villalobos

Fuente: OHLALÁ!

"Ya no hay personajes"

  • Quién es y qué hace: actriz, dramaturga y directora teatral. Es la creadora de #citatextual, una obra de teatro inspirada en conquistas online y experiencias reales en love apps.

#citatextual nació hace unos cinco años, cuando una amiga me dijo: "Apareció una app para citas, bajémosla y juguemos". Toda esa noche me quedé mirando perfiles de usuarios de Tinder hasta la mañana siguiente. Y eso me llevó a coleccionar los perfiles de usuarios y llenar discos externos de screenshots; en fiestas o reuniones en casa pasaba esos screenshots con música y la gente flasheaba. Ahí empecé a pensar en llevar a escena algo de este fenómeno que es la conquista virtual.

Para mí, estas dating apps democratizaron la polisemia del amor. Amor entendido como pasar unas horas juntos, pero también hay hijos, casamientos y todo. Todo puede pasar por ahí. Ahora, en ese ida y vuelta hay montones de posibilidades de las cuales nos reímos mucho en #citatextual y que tienen que ver con la comunicación moderna en love apps: ghosting (cuando dejan de escribirte repentinamente), catfishing (cuando el otro no es quien dice ser), zombieing (cuando alguien que se había ido reaparece) y tantos otros.

Para mí, en el mundo virtual somos esa realidad que decimos ser en un vivo de Instagram. Ya no hay personajes. Somos eso en la virtualidad y transformamos nuestras personalidades para gustar y ficcionalizar nuestra realidad.

Dónde verla: desde el 15 de febrero, los viernes a las 21 en el Chacarerean Teatre.

Clemente Cancela

Fuente: OHLALÁ!

"Hoy uno elige dónde se queda y de dónde se va"

  • Quién es y qué hace: es periodista y actor. Conduce Sexy pipol todos los días de 9 a 13 por la radio Congo FM. En ese programa, creó "Morcilentos" e "Historias de amor de gente común", secciones dedicadas a las cuestiones del corazón.

Morcilentos está cumpliendo dos años. Y creo que la sección prueba dos cosas: la primera es que el amor garpa; y la segunda es que pega aún más en épocas de crisis. De hecho, la sección empezó con la crisis del país, pero también con la mía personal, que intuyo que se me notaba al aire. Las canciones las elegía con muchas ganas, con mucho sentimiento, y percibía que, cuando expresás algo genuino, la gente se abre al juego que proponés. En la sección planteo eso, abrirse a manifestar amor, a dedicar una canción, a mandar un mensaje lindo. Después, como el público se enganchaba, agregamos la sección "Historias de amor de gente común", en la que empezamos a escuchar historias que nos terminaban emocionando. Ahí te das cuenta de que no hace falta que entre Julia Roberts a tu librería en Notting Hill para vivir algo intenso. No todas son flechazos, algunas se van construyendo y eso también inspira a los oyentes.

Respecto a las nuevas generaciones, siento que están experimentando las relaciones de formas menos posesivas. Por otro lado, parecen estar con ganas de experimentar nuevas formas de relacionarse. Hoy no me parecería raro que me contaran que la historia de amor no es ni siquiera de una pareja, sino de un trío o de parejas abiertas. Además, se empieza a sentir que hay algo perverso en eso de pensar que tiene que venir alguien, una única persona en este mundo, a complementarte. Se piensa el amor más como un encuentro, con coincidir en cosas, con conectarse, aunque no sea para siempre. Otra cosa que noto es que no le ponemos tanta ansiedad al tema de la pareja como antes. Yo mismo tuve mi última separación a los 39 y no sentí esa desesperación por salir a buscar novia. Si aparece, bien, pero mientras tanto, hay mil formas de "enamorarse", algunas más fugaces, otras más estables.

En Sexy pipol escuchamos historias de amor de parejas que pelearon mucho para estar juntos, pero lo hicieron contra una circunstancia o momento no propicio. Parece que va desapareciendo eso de "remarla" para ganarse el corazón de alguien. Aquello que contaba algún abuelo de "le toqué el timbre durante un año hasta que me la gané" no va más, hoy ciertos niveles de insistencia suenan hasta sospechosos. Hace poco, un oyente nos mandó una foto en la que salía con su ex novia y decía que iba a pelear para recuperarla y varias personas le dijeron: "Soltá". Quizás antes lo hubiesen arengado a "que la peleara". Hubo un cambio de paradigma. Y dentro de esos cambios también está el de la masculinidad. Yo recuerdo esas viejas charlas con amigos en las que siempre había uno que te aseguraba que para engancharlas, a las mujeres había que tratarlas mal. Por suerte, eso ya no se escucha. Y eso es genial.

Desamor de muchos..., ¿consuelo de tontos?

En Instagram, @amordel2000 convoca a "poetas y poetisas del siglo XXI" a capturar y compartir "fugaces declaraciones de amor y roturas del corazón cibernéticas" de esta era. Los aportes anónimos van desde el clásico "–Te amo –Gracias" hasta "quiero enamorarme pero no tengo memoria en el celu para bajarme Tinder". Hay también pensamientos introspectivos universales, como "de qué me sirve tener mil chongos si sigo stalkeando al mismo pelotudo". El hilo conducente es una búsqueda, divertida, pero búsqueda al fin, de otra forma de relacionarnos. Eso explica por qué la catarata de anécdotas da lugar a recomendaciones de textos y comentarios especialmente lúcidos. Dicen que mal de muchos, consuelo de tontos, pero ahí vamos todos: a buscar refugio en experiencias ajenas, a encontrarle la vuelta a lo que nos pasa en reflexiones de gente que ni siquiera conocemos. Estamos pensando las relaciones de manera colectiva porque cada vez somos más los que nos animamos a decir, "esto, a mí, así, no me va". Y resulta que esto, a muchos, así, no les va. Tal vez por eso la mayoría de las cuentas a la hora de pensar en el amor empezaron como chistecitos o como libros de quejas, espacios catárticos que permiten compartir experiencias traumáticas, bizarras, chats incomprensibles y encares hilarantes. Miles de usuarios nos agrupamos en las redes para decir "esto no puede ser cierto". Entonces descubrimos no solo que sí es cierto, sino que ¡le pasa a todo el mundo! No sabemos si eso lo hace más llevadero, pero, de seguro, lo hace muy entretenido.

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