Hernán Cattáneo: el embajador

Es el DJ más importante del país, rankea 50 entre los pinchadiscos del mundo y en los últimos meses le puso la cara a varias revistas internacionales especializadas. "Este fue el año de la electrónica", resume y augura un futuro sin límites para la escena local
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28 de diciembre de 2001  

Para bien o para mal, en cada evaluación que se hace de la escena electrónica local todos los caminos conducen al Parque Sarmiento. Como ahora, cuando el DJ más importante de la Argentina -dueño del puesto 50 de los cien mejores del mundo y personaje de tapa de la prestigiosa DJ Magazine este mes- se sienta a dialogar con VIA LIBRE sobre si este vapuleado 2001 es, finalmente, el año de la música electrónica. Entonces, Hernán Cattáneo viaja en el tiempo hasta las raves de 1995, "esas fiestas hechas con ganas, pero con poco conocimiento y calidad artística", para lanzar su primera apreciación del fenómeno actual: "Hace mucho que se hacen cosas con respecto a la electrónica, pero éste es el resultado del trabajo realizado en los últimos dos años".

Para más precisiones, el rubio de las manos de oro que este año pasó una exitosa temporada en Europa marca la noche Cream que dio la bienvenida al milenio y que trajo a Deep Dish a Buenos Aires, como el momento a partir del cual los productos de calidad empezaron a tener más peso. "Alguien se encargó de insertar a la Argentina en el mundo y de traer el mundo a la Argentina", opina en alusión a Martín Gontad, representante para Sudamérica de los mejores DJ (él incluido) y productor de Clubland, los sábados de Pachá. "Y ahora, por fin, los protagonistas de afuera empezaron a ser los protagonistas de acá", subraya.

-¿Cuál fue "la" visita del año?

-Debería responder Creamfields, pero si se trata de visitas... John Digweed, el número uno del mundo; Fatboy, probablemente el más grosso, la estrella que supera al DJ; y Danny Tenaglia, una leyenda que siempre se esperó que viniera.

Aunque -estamos de acuerdo- gran parte de los sucesos electrónicos de 2001 ocurrieron en el club de Costanera Norte, Cattáneo no cierra los ojos a lo que sucede en el resto de la gran ciudad, que supera ampliamente la avenida paralela al río. "Que existan otros lugares y que estén llenos es buenísimo, porque eso hace que la escena crezca -reconoce-. Los hay más y menos underground, más y menos careta, sólo música... Esto no habla nada más del aumento de la demanda, sino de que un montón de personas ahora empezaron a elegir lo que le gusta".

Rememorando el año que se va, Cattáneo aprueba con un "estuvo bárbaro" la presentación de otros extranjeros que se subieron a una cabina que no es la suya. A Laurent Garnier, a Angel Molina (aunque no se identifique con el estilo del español), a los representantes del underground londinense que trajo Javier Bússola para las fiestas Magic. "Son importantes todas las propuestas que se hagan con calidad y esfuerzo, especialmente ahora que tanta gente está prestándole atención a la electrónica -sintetiza-. Hay que tener cuidado en no cometer los mismos errores del pasado, porque cuando vendían que la música electrónica era chunchi, chunchi la gente salía espantada. Ahora, se mostró otro costado, argentino e internacional, y la gente dijo sí.

-No vinieron grandes bandas de rock y pop, pero sí grandes DJ.

-Este es el año de la electrónica porque finalmente la Argentina se agiornó a lo que pasa en todo el mundo. Que las nuevas generaciones se vuelquen a la electrónica, que haya más festivales que conciertos, corresponde a un fenómeno global.

El DJ dice que ya no es tan fácil nombrar a los diez grupos más importantes. "Gorillaz, sí... ¿Radiohead vino alguna vez? -se pregunta- ¡Debería hacerlo ya!". Y después de tan acertada sugerencia entrega su análisis de por qué hubo tan pocos rockeros visitantes y tantos pinchadiscos. "Las históricas bandas son carísimas, ya estuvieron acá y no siempre fueron buen negocio. Creo que la electrónica aparece como una alternativa razonable: vale la pena invertir porque tiene futuro y crece sin parar". Sin embargo, antes de que alquien pueda tomar esto como una exageración, aclara: "Yo no diría que los rockeros no vinieron porque a la electrónica le va bien. Sí, le está yendo bien, pero todavía le falta un pedazo ", observa, con toda la autoridad que le da su performance para hacerlo.

En esa lista de carencias que no permiten situar a la escena un escalón más arriba, Cattáneo anota, por ejemplo, la inmadurez argentina de criticar al vecino ("ven el árbol y no el bosque"), la falta de una buena revista dedicada al mercado, de más información, de clubes con propuestas cualitativas, de lunes a lunes.

-¿Qué crítica se merecen las discográficas?

-Todas las posibles. Es increíble que tengan esto adelante suyo y no lo vean. Los sellos independientes hicieron un gran esfuerzo y deberían haber recibido apoyo.

-Creamfields fue una bisagra en la escena local. ¿Qué pensaste cuando saliste del hipódromo?

-Estaba feliz, porque aunque le tenía fe y había esperado ese festival durante años, los últimos meses habían sido complicados para el país y, encima, el tiempo no ayudaba. Cuando terminó y vi que todo había salido bien sentí lo mismo que con esta tapa (señala la revista inglesa que lo tiene en la portada y que ilustra esta nota): una satisfacción enorme y la tranquilidad de decir esto recién empieza .

-Ambicioso.

-¡Por supuesto! Nunca imaginé entrar entre los 100 mejores DJ del mundo, pero ahora que estoy en el puesto 50 quiero tener el 30. Lo mismo me pasa con Creamfields.

-No vi a la gente muy inquieta por descubrir sonidos nuevos.

-A una escena electrónica en vías de desarrollo se le trajo un festival para un país desarrollado, pero la reacción fue buenísima. Las carpas que no estaban llenas lo estarán en los años próximos y éste es el camino para lograrlo.

La evaluación final, sin dudas, responde a un año más que exitoso. "Tenemos artistas de primera, eventos bien producidos, radios -Cattáneo se pone la camiseta de la Metrodance, pero se alegra por el cambio de dirección artística de la Energy-, un argentino que se va afuera y le va bárbaro -alude a su caso y arriesga que el próximo en seguir sus pasos será Zuker-. Todo suma y el denominador común es la calidad artística. Por eso llevó tantos años, pero el que ríe último ríe mejor".

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