Historia de dos ciudades o guerra de clases en la Gran Manzana

El fin del mítico 5Pointz desata polémica y divide a Nueva York a favor y en contra del arte callejero
Juana Libedinsky
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30 de noviembre de 2013  

NUEVA YORK.- A diferencia de su época reciente más oscura, hoy en la Gran Manzana el crimen está en baja y los alquileres en alta, pero este fin de año el tema del grafiti dominó la opinión pública como si estuviéramos todavía anclados en los 80.

Primero fue el paso por Manhattan del grafitero británico Banksy, con el pomposo título de artist in residence de las calles neoyorquinas. Segundo, y más importante para la gente que vive en la ciudad, aunque haya tenido mucha menos repercusión mediática, fue la desaparición de 5Pointz.

Ubicado en una zona industrial olvidada de Queens, el grupo de gigantescos depósitos así bautizados por los artistas callejeros agotaba las metáforas. No sólo era la Meca del grafiti local, sino, en palabras de The New York Times, las "Naciones Unidas del Grafiti", un lugar al que llegaban especialistas en aerosol de todo el mundo para dejar su marca. Era también una atracción turística antisistema, y para los chicos europeos cool , sacarse una foto con el 5Pointz de fondo para postear en las redes sociales era la prueba de que no eran extranjeros burgueses visitando el Empire State antes de partir a Disney.

Pero a comienzos de noviembre, de un día para el otro, el dueño de los depósitos, que había permitido las pintadas por más de 20 años, mandó a llenar todo de cal. Fue, en sus palabras, una medida "compasiva", para no ver las explosiones de color que él mismo valoraba, destruidas. Había vendido el terreno. Unos días después comenzarían a llegar las topadoras para acabar con las construcciones preexistentes. En el terreno se erigirán edificios, si no exactamente de lujo, sí "aspiracionales", dirigidos a la clase media, con mucho vidrio y acero, emulando las torres de los ricos en Manhattan.

La decisión dividió a la ciudad. Para algunos, fue más o menos como pintar de blanco y pasar la topadora por alguna sala del Met. Aunque se supone que este tipo de expresiones son efímeras por definición, 5Pointz era también conocido como "el Museo del Grafiti". Incluso había buses que diariamente acercaban a los turistas interesados, muchos de los cuales lo encontraban más "auténtico" que la extensión en Queens del MoMa, PS1, dedicada al arte experimental y relativamente cerca de 5Pointz.

Para otros, hablar de 5Pointz y del grafiti en su totalidad es hablar de mamarrachos sobre propiedad privada y con eso se cierra toda discusión. Pero, en el medio, también hubo quienes tomaron el tema desde perspectivas distintas y muy neoyorquinas.

Por ejemplo, Bill de Blasio acaba de ser electo alcalde con una campaña cuyo lema era A tale of two cities , tomando el título de la novela de Dickens para hablar de que había una Nueva York de los ricos y otra Nueva York de los pobres, y muchos vieron a la cuestión del grafiti desde el ángulo de una la guerra de clases. El argumento es que el grafiti no está en los barrios acomodados. La clase media profesional educada y progresista sería la que protege a quienes hacen grafitis: los llama artistas y se escandaliza con corrección política cuando un funcionario o propietario borra los recuerdos que dejan. Pero no son las fachadas de sus casas en el Upper East Side las que están siendo afectadas, si no las casas o negocios de personas de menor educación y recursos para defenderse... El típico caso citado es Basquiat, y cómo los millonarios que compran su obra hubieran puesto el grito en el cielo si él hubiera pintado sobre sus propiedades antes de convertirse en un hito, como hacía en el Lower East Side al comienzo de su carrera.

Otros, incluso, fueron más cínicos. Subrayaron que, finalmente, nada puede ser más "auténtico" de Nueva York que pintar por encima de una trampa para turistas. Porque hay voces que se han alzado subrayando que 5Pointz no era la Meca del grafiti. Sostienen que era una construcción artificial que representaba a una Nueva York del pasado, y que en vez de subirse a los buses con calefacción y aire acondicionado que llevan de la puerta del hotel a las paredes de Queens, los interesados en el grafiti verdadero tendrían que tomar el subte e irse al Bronx, donde se pintan fachadas de manera ilegal.

"En cuanto hay permiso, el grafiti deja de ser grafiti y pasa a ser mera pintura con spray sobre una pared", le explicaron al novelista Antonio Pérez-Reverte los "escritores" de muros (ellos mismos jamás se llamarían artistas) a quienes siguió en la investigación para su flamante obra, El francotirador paciente , cuyo protagonista está basado en parte en Banksy.

Claramente, el grafiti, arte callejero o pintada de paredes, como prefiera llamarse, es hoy un tema que fascina y divide al mundo. Pero, en Nueva York, se acaba de llegar a una decisión bastante salomónica respecto del caso puntual que desvela a los locales. El dueño del difunto 5Pointz erigirá una pared cercana a los nuevos edificios para que la gente pueda pintar. Y si Banksy vuelve de visita y quiere dejar alguna estampita millonaria en él, seguramente ninguno de los futuros inquilinos de las torres vidriadas lo objetará demasiado.

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