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Historias tramadas entre amores y sombras

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25 de marzo de 2000  

Heroínas sufrientes, amores imposibles, destinos trágicos... hete aquí la esencia del melodrama. El género demostró una notable flexibilidad: desde los folletines del siglo XIX hasta nuestras actuales telenovelas, pasando por la radio o las representaciones del teatro popular, se fue adaptando al paso del tiempo y a los diversos lenguajes que le ofrecía cada modelo expresivo.

¿Cuál será la clave de su permanencia? Probablemente, el modo en que exalta la fuerza, casi siempre destructiva y enloquecedora, de la pasión. Y es que en el relato sentimental el amor es un sentimiento peligroso (mal que le pese a tanta versión edulcorada, devota del final feliz ). Quienes ceden ante él, pierden los límites impuestos por la razón y las normas morales; pueden llegar a traicionar a otros o a sí mismos, perder bienes, rango, prestigio...

Nada vale lo suficiente frente al vértigo del deseo; la ley social estorba, los lazos familiares se tornan opresivos o esconden, muchas veces, oscuros secretos.

Ese espíritu es el que prima en las mejores versiones cinematográficas que lo abordaron. Son relatos en los que el azar impone reglas de juego crueles, pero que serán puntualmente desafiadas por los protagonistas, a fuerza de una desesperada renuncia a todo cálculo que, quizá, sea lo que le otorga su mayor atractivo a cada una de estas historias.

  • Cumbres borrascosas (William Wyler, 1939): en los paisajes sombríos y las turbulentas actitudes de los personajes se perciben los ecos de la tradición romántica, tan afecta a climas tenebrosos e irreales. La historia de amor entre Heathcliff (Laurence Olivier) y Cathy (Merle Oberon) tiene todos los elementos clásicos: las diferencias sociales como barrera infranqueable, la persistencia de la pasión, actitudes que rozan la locura, la confrontación entre villanos e inocentes victimizados. El film, adaptación de la novela de Emily Brönte, significó el ingreso a Hollywood del británico y shakespereano Laurence Olivier (Epoca, 17 pesos).
  • Rebeca, una mujer inolvidable (Alfred Hitchcock, 1940): nuevamente, la atmósfera británica se enseñorea en los estudios norteamericanos. Hitchcock, convocado inicialmente para una película sobre el Titanic, terminó realizando el único film novelesco de toda su carrera. La historia es ampliamente conocida: una muchacha huérfana (Joan Fontaine) se casa con un aristócrata viudo (Laurence Olivier) y vive atormentada por la figura fantasmática de la primera mujer de su marido. El maestro del thriller supo imprimir elementos de suspenso en la trama melodramática. Para comprobarlo, basta atender los encuadres del rostro inmóvil de la heroína, aterrorizada por las apariciones silenciosas y siniestras del ama de llaves (For Ever, desde 18 hasta 20 pesos).
  • Senso/ Livia, un amor desesperado (Luchino Visconti, 1954): "Vi al oficial. Supe que era la causa de mi temor. Durante días intenté evitar ese encuentro". Es la voz de la condesa Serpieri (la italiana Allida Valli), anunciando la irrupción del teniente Mahler en su vida, en el marco de una Venecia ocupada por los austríacos. Con el militar extranjero llegará la pasión, el adulterio y la traición a su primo, enrolado en la liberación italiana. La inclinación de Visconti por la ópera y el melodrama halla en este film plena expresión, como lo demuestran las primeras escenas: la representación de Il Trovatore, de Verdi, en el teatro La Fenice y el primer encuentro entre los futuros amantes. La reconstrucción de época (el Risorgimento, a fines del siglo XIX ) es fastuosa; el director logra, además, que la creciente tensión de los hechos históricos acompañe las emociones cada vez más desbordadas de la heroína (Kinema, 20 pesos).
  • La mujer de la próxima puerta (François Truffaut, 1981): Bernard Coudray es un joven y satisfecho padre de familia; su vida transcurre en paz... hasta que llegan nuevos vecinos a la casa de enfrente. Una maniobra irónica del destino hizo que ahora, calle de por medio, viva Mathilda, con quien había sostenido un tórrido romance años atrás. Fanny Ardant y Gérard Depardieu se ponen en la piel de los antiguos amantes: por supuesto, no podrán evitar que la pasión renazca, pese a estar ambos felizmente casados y saber que la misma fuerza que los atrae es con la que amenazan destruirse mutuamente. Ni contigo, ni sin ti parece ser el principio que rige el film y que el director hace enunciar a un personaje secundario. Truffaut, con numerosas películas de amor en su haber, realizó a principios de los años ochenta, con las herramientas del cine más actual, este auténtico elogio al relato sentimental clásico (Tauro o THV, 20 pesos).
  • Fuentes consultadas

    BL: Avda. Corrientes 1381; 4372-8004; e-mail: infobl@films.com.ar

    Videoteca A Mi Manera: Junín 563; 4375-2898.

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