Hygge y Döstädning: las palabras nórdicas que promueven un mejor estilo de vida

Una rica taza de té, uno de los simples preceptos del hygge que puede hacernos sentir muy bien
Una rica taza de té, uno de los simples preceptos del hygge que puede hacernos sentir muy bien
Famosas en todo el mundo gracias a dos nuevas publicaciones, plantean un estilo de vida más relajado y despojado.
Inés Pujana
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29 de marzo de 2018  • 21:49

Como el saudade de los brasileros (que expresa tristeza, añoranza y melancolía provocada por la distancia) hay palabras que no tienen una traducción exacta y significan un mundo. Es el caso de las nórdicas Hygge y Döstädning, que mientras en Dinamarca y Suecia son más que conocidas y utilizadas, en el resto del mundo están empezando a ver la luz gracias a dos recientes publicaciones: " Hygge, la felicidad en las pequeñas cosas", por Meik Wiking, y " Döstädning, el gentil arte sueco de limpiar de cara a la muerte", por Margaretta Magnusson. Ambos libros no solamente son un éxito de ventas, sino que además popularizaron estas filosofías de vida de los escandinavos, muy relacionadas con los elevados estándares de felicidad que ostentan sus respectivas naciones.

Hygge

En palabras de Meik Wiking, autor del popular libro del mismo nombre, “el hygge consiste en sacar lo mejor de lo que tenemos en abundancia: el día a día”. Se trata de un término muy asociado a la palabra bienestar, que propone hacer foco en las que cosas que nos hacen bien en todos los ámbitos de la vida, liberándonos de las preocupaciones, creando un ambiente acogedor y brindándonos lo que nos hace falta en cada momento.

Como para que no queden dudas de lo que hay que hacer para alcanzar la calidad de vida que propone el término, los daneses tienen un decálogo súper sencillo, que lo resume perfectamente, es apto para todos los bolsillos y puede aplicarse en el día a día:

-Ambiente: Apagá las luces, encendé una vela. Relajate.

-Presencia: Disfrutá del aquí y ahora. Apagá el celu.

-Placer: tomá café y comé chocolate, galletitas, tortas y dulces.

-Igualdad: viví el “nosotros” por encima del “yo”. Compartí tareas y el tiempo de disfrute.

-Gratitud: Disfrutá. Porque este puede ser un gran momento.

-Armonía: No es una competencia. Sos perfecto como sos, no hace falta que presumas tus logros.

-Comodidad: Ponete cómodo. Lo único que tenés que hacer ahora es relajarte.

-Tregua: No te agobies. Podemos hablar de política otro día.

-Unión: Construí relaciones e historias en común. “¿Te acordás de esa vez que…?”.

-Refugio: Esta es tu tribu, tu remanso de paz y seguridad.

Hygge. La felicidad en las pequeñas cosas, por Meik Wiking
Hygge. La felicidad en las pequeñas cosas, por Meik Wiking

Döstädning

Limpiar teniendo el final en mente, la consigna del döstädning que puede hacerse a lo largo de toda una vida
Limpiar teniendo el final en mente, la consigna del döstädning que puede hacerse a lo largo de toda una vida

El término, que a priori puede parecer un tanto tétrico, es un híbrido entre las palabras muerte y limpieza, y hace referencia al orden que suele hacerse en las casas luego de que alguien fallece. Si bien en Suecia es una palabra que se usa coloquialmente en el día a día, y una práctica de lo más común, recién hace poco se hizo conocida en el mundo entero, gracias a Margareta Magnusson, una mujer “de entre 80 y 100 años”, como a ella le gusta decir, que plantea en su libro irse desprendiendo a lo largo de toda la vida de todas esas cosas que sentimos que ya no necesitamos y que no nos representan.

A diferencia de Marie Kondo y de su famoso método, para Magnusson el término sueco habla de desprenderse de las cosas de un día para el otro, sino más bien de un objetivo de vida a largo plazo, que ayude a tener en mente el propio final desde el mismo momento en que uno tiene la edad suficiente para considerarlo. Otra diferencia con la autora japonesa es que para este método no se trata de desprenderse de las cosas sin más, sino más bien de donarlas o regalarlas a familiares y amigos que puedan apreciarlas.

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El término a su vez propone preguntarse constantemente sobre los propios hábitos de colección y atesoramiento, organizando lo que realmente nos importa y dejando ir lo que ya no necesitamos. Esto puede significar revisar de vez en cuando nuestra biblioteca para identificar un libro que no vamos a volver a leer y que puede gustarle a algún amigo, o donar a la caridad toda esa ropa que no usamos hace más de un año. El punto, en definitiva, es enfocarse en el espacio en el que vivimos más que en las cosas que lo integran, en una suerte de ejercicio permanente de auto conocimiento que nos aporte paz.

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