Inundaciones

¿Qué hay por hacer?

El campo se ahoga y con él, las cosechas, la hacienda y los productores. Existe un llamado Plan Maestro de la Cuenca del Río Salado, con el que se inició un camino hacia una solución para un amplio sector de la provincia de Buenos Aires. ¿Se puede poner en marcha?
Paula Urien
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2 de diciembre de 2001  

Hay seis millones de hectáreas afectadas por las inundaciones en la pampa húmeda. Las pérdidas superan los 600 millones. El problema está a la vista y tiene forma de laguna interminable.

No hay un estudio completo y general sobre toda el área inundada, pero sí existe un llamado Plan Maestro Integral de la Cuenca del Río Salado, que abarca a más de la mitad de la provincia de Buenos Aires. Fue realizado por la consultora inglesa Halcrow entre 1997 y 1999 a pedido del gobierno de la provincia de Buenos Aires. El trabajo -que no está terminado- costó 3.350.000 dólares, financiados por el Banco Mundial.

En esta nota, en qué consiste el mentado Plan Maestro, qué hace falta para llevarlo a término y qué opinan sobre él instituciones vinculadas con el agro.

Ya se sabe. Ciclos húmedos alternan con ciclos secos, por eso en la pampa húmeda se deben tomar medidas para que ante ambos fenómenos naturales se evite el desastre, y con él la desolación.

Florentino Ameghino, en su Tratado sobre secas e inundaciones en la provincia de Buenos Aires: Obras de retención y no de desagüe recomendaba ya en 1884 no sólo canalizar, sino también realizar reservorios de agua para prevenir problemas que surgen durante la sequía.

Esto demuestra que las inundaciones que hoy tanto nos afligen, no son una novedad. El ingeniero Carlos Posadas, en su obra La solución del problema de las inundaciones y drenajes en la provincia de Buenos Aires, destacó que el nivel de las precipitaciones de 1914-1915 fue tan alto como el de las de la actualidad. Pasaron décadas enteras y, a pesar de los estudios y del avance de la tecnología, todo sigue igual.

Después del correspondiente período de seca, las aguas volvieron. Desde los años 70 se inició un período húmedo que afectó sobre todo a la región del río Salado, lo que trajo -y trae todavía- pérdidas multimillonarias al sector agropecuario.

Con el transcurso de los años se hicieron diversas propuestas que se pusieron en marcha de manera parcial, o que finalmente no llegaron a ningún lado. Años de desorganización nacional con respecto a este tema, sumado al olvido por parte de los productores en tiempos de bonanza, hicieron que el problema sea hoy el que todos conocemos.

No se trata de atribuir el desastre a la falta de canales, ya que ésta es una zona signada por la falta de relieve. Es más, sobran canales: pero muchos se construyeron durante el siglo XIX y están tapados; otros están cortados por rutas (que además se hicieron sin desagües); hay canales clandestinos, obra de productores que se rigen por la ley del sálvese quien pueda, y que llevan consigo una correntada de peleas y litigios por invadir territorios ajenos.

Un ejemplo del caos en el que conviven los productores es narrado por el periodista rural Omar Meraglia: "Se realizan obras aguas arriba, sin tener listas obras aguas abajo. Recuerdo que a fines de los 80 se hicieron obras en la cañada Las Horquetas, y esto terminó por llevar más agua a Junín. No hay un trazado... un inicio... un fin".

Qué se puede hacer

La cuestión exige un conjunto de medidas que va desde una adecuada legislación hasta una cultura de activa participación por parte de todos los involucrados.

Tal como decía el editorial de La Nacion el 30 de octubre último, el problema de las inundaciones está "sobrediagnosticado". Por lo pronto, ya existe un denominado Plan Maestro Integral de la Cuenca del Río Salado, presentado en junio de 1999, elaborado por el Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires con el asesoramiento de la consultora inglesa especializada en el manejo de recursos hídricos Sir William Halcrow & Partners y financiado por el Banco Mundial.

En un área de 170.000 kilómetros cuadrados (más de la mitad de la provincia de Buenos Aires), habitada (según el censo de 1991) por 1,3 millón de personas, el plan propone una mirada integral para una zona que es responsable del 25 al 30% de la producción nacional de cereales y carne.

¿Por qué una mirada integral es tan importante? Para el ingeniero Carlos Paoli, director del Centro Regional Litoral del Instituto Nacional del Agua y del Ambiente (INA) y profesor en la Universidad Nacional del Litoral, en caso de inundaciones se reclama al gobierno que se tomen urgentes medidas para solucionar problemas, proponiendo obras de emergencia que muchas veces resultan de dudosa efectividad, difícilmente ejecutables en corto tiempo o con impactos en otros sectores. Salir al paso a último momento no hace más que complicar las cosas.

Bases del Plan Maestro

El ingeniero Fernando Zárate, ex director de la Unidad Proyecto Río Salado y actualmente profesor de aprovechamiento de los recursos hídricos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Plata, junto con el ingeniero Rodolfo Aradas, gerente adjunto del Proyecto del Río Salado, de la consultora Halcrow, explica, a grandes rasgos, qué es lo que este plan propone:

1- Un marco institucional: sirve para permitir el planeamiento y la administración del recurso hídrico.

Consiste, entre otras cosas, en formar comités de cuenca integrados por municipios, con la representación de productores y coordinados por una autoridad de agua creada por el Código de Aguas de la provincia de Buenos Aires. Se trata de esta manera de descentralizar la tarea del Estado.

Esta organización requerirá de medidas legislativas y fiscales que permitan gerenciar las acciones del Plan Maestro. Entonces el comité podrá, por ejemplo, recaudar fondos para el mantenimiento de determinado canal o aplicar multas a aquellos productores que hagan canales clandestinos.

Otra medida en este marco institucional es formar unidades de Manejo Integrado de Cuenca tipo Landcare, tomando como modelo a Australia. Se trata de un consorcio local que incluye a los productores y que maneja los canales secundarios.

2- Medidas estructurales: consisten en la construcción de canales, obras de almacenamiento y regulación en lagunas embalses, represas, estaciones de bombeo etcétera, destinados a mejorar la red de drenaje.

En toda la cuenca del Salado hay que realizar obras para remover sus obstrucciones y ampliar los puentes de las principales rutas y ferrocarriles que lo atraviesan. También, se deben construir terraplenes laterales para contener el río Salado y evitar inundaciones en sus predios adyacentes.

En cuanto a los canales, según este proyecto, los primarios deben ser financiados por el sector público. Son amplios y están diseñados para evacuar las descargas de los canales secundarios. Incluyen compuertas para posibilitar la regulación de caudales y preservar a la vez niveles de agua mínimos en épocas normales, y reservorios que permitan almacenar agua y manejarla ordenadamente. "Se buscará respetar los límites de las propiedades en la medida de lo posible", se aclara en el informe sobre el plan.

Por otro lado, se apoya la construcción de canales secundarios, pero no está del todo definido su financiamiento. La idea es intentar involucrar a los productores en la realización de un programa colectivo de desarrollo del drenaje secundario. También se contemplan mejoras en los caminos rurales y la construcción de defensas contra las inundaciones en distintos centros urbanos.

3- Medidas no estructurales: se propone incentivar y desarrollar un conjunto de medidas de tipo agronómicas, ambientales, hídricas y productivas.

Una de las medidas que se pueden tomar es forestar con eucaliptos, ya que son árboles que ayudan a drenar, y a que la evaporación sea más rápida, permitiendo de esta manera la recuperación de los terrenos anegados. Los productores podrían inscribir estas tierras dentro de las leyes atenientes al sector forestal, principalmente en lo que respecta a subsidios, desgravación impositiva y estabilidad fiscal.

4- Medidas de apoyo para promover el desarrollo económico en el sector agropecuario: contempla un programa de intensificación ganadera, ya que es una actividad menos riesgosa que la de la agricultura; un mejoramiento de la cría bovina, programas de capacitación en administración de negocios, etcétera.

El Plan Maestro, que llevaría 18 años a un costo de unos 1800 millones de dólares (a menor tiempo, mayor costo), está en un nivel de prefactibilidad, es decir, falta llevarlo al nivel de factibilidad y de proyecto ejecutivo.

"Para esto hay que profundizar los estudios en detalle de campo y el conocimiento de la calidad de agua, de suelos, la topografía detallada, para así ajustar los costos de las obras. En el proyecto ejecutivo se detallan las obras en el nivel de planos para la construcción", explica el ingeniero Zárate.

Uno de los pilares del plan fue promover un desarrollo económico ambiental y socialmente sustentable en el tiempo. El plan ya se aplicó en el área llamada A1: partidos de Junín, Arenales, Leandro Alem, General Pinto, Ameghino y General Villegas, "sin perjudicar a quienes están cuenca abajo", aclaran en Halcrow. Actualmente, la provincia está desarrollando con consultoras privadas otros proyectos ejecutivos.

Una crítica que se le suele hacer a este plan es que contempla únicamente a la provincia de Buenos Aires, a lo que los responsables del proyecto responden: "Este es un país federal. Es difícil que todas las provincias se pongan de acuerdo. Además, la más perjudicada es la provincia de Buenos Aires. De todas maneras, todos los aportes de agua de las provincias vecinas fueron tomados en cuenta".

Hay más críticas, a las que los miembros de Halcrow responden: "No sería bueno para los argentinos que hagamos un gran esfuerzo sólido, bien fundado, bien auditado, y que en lugar de valorarlo haya francotiradores que le disparan sin dar alternativas. Hay una tradición en la consultoría de rehacer continuamente los estudios, y uno se frustra cuando lo llaman a una licitación para hacer un estudio de lo que ya se hizo. Eso nos desgasta como país".

Opiniones sobre este plan

Para el doctor César Rebella, director del Instituto Clima y Agua del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), "el Plan Maestro es un muy buen antecedente porque enfoca el problema de manera integral y no sólo hidráulico. Hay que seguir avanzando en el análisis y diseño de las obras, para llevarlas a un nivel de factibilidad y luego al nivel de proyecto ejecutivo, que es cuando ya están los pliegos de licitación".

Para realizar los proyectos se necesita tiempo. Y eso es lo que los productores hoy no tienen. Están desesperados por levantar sus cosechas, y si lo logran, por poder transportarlas a través de caminos de tierra anegados o rutas cortadas. De nada sirve levantar una cosecha si no se puede almacenar.

"Las soluciones que plantea el Plan Maestro son a mediano y largo plazo. No resuelven la magnitud del problema de la región ni en plazos acordes con las necesidades del sector agropecuario hoy.

"Para contener a la gente, la visión nuestra es insistir en las medidas no estructurales, ya que no se pueden implementar las estructurales si el agua está presente. Estas medidas deben garantizar el desarrollo institucional y poner en marcha programas que traigan alivio a la situación grave que se vive hoy: el problema del endeudamiento, la falta de crédito, las cargas sociales."

Según Rebella, desde el Gobierno se han tomado medidas importantes que no han sido valoradas en toda su magnitud, como eliminar el pago de algunos impuestos, créditos y la creación de un fondo hídrico, pero hay que seguir trabajando para ayudar al sector.

Por su parte, Marcelo Filder, representante de la Sociedad Rural, el Plan Maestro es un estudio primario: "Está muy bien hecho, pero no es un estudio definitivo -aclara-. Lo que hace falta es un plan federal que contemple los intereses de las cinco provincias involucradas: Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, La Pampa y San Luis. El Plan Maestro es un punto de partida para el manejo de aguas en Buenos Aires. Pedimos también la participación de los productores en todos los planes de manejo de agua, porque las aguas pasan por dominios privados".

¿Qué le falta al Plan Maestro? "Seguir trabajando sobre la propuesta. Fue un estudio que se terminó a las disparadas. Hay que verificar nuevamente el trazado de los canales, qué dimensiones tienen, verificar los caudales de agua que entran y salen. Hoy hay que limpiar los canales que están tapados y hacer obras aguas abajo. Algunas de estas cosas son compatibles con el Plan Maestro, otras no."

Dardo Chiesa, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), opina que no sólo hace falta un plan federal, sino que además hay que ver cómo se financia y garantizar la seguridad jurídica para los productores, porque "si por tu campo va a pasar un canal, y después se desborda, ¿quién se hace responsable? Con el tema del agua todavía hay un vacío de normas que generan conflictos irremediables".

Por otro lado, el ingeniero Paoli observa que hay áreas propensas a inundarse que no son aptas para asentamientos. Sugiere entonces la colocación de avisos con signos de alerta que identifiquen este tipo de áreas y las marcas del alcance de las aguas en crecidas históricas.

Para el periodista Omar Meraglia, los productores y las organizaciones agrarias deben acordarse en todo momento de lo que es tener el agua al cuello. "Es cierto que hay meses en los que el agua se va y parece volver todo a la normalidad, pero hay que recordar que ésta es una situación transitoria." El último informe del Instituto de Clima y Agua del INTA de Castelar lo comprueba: Durante enero-febrero, con el aumento de los valores de evapotranspiración, y con la reducción de la frecuencia de lluvias... podrá generarse un alivio en el sistema, pero las condiciones pueden volver a agravarse en el próximo otoño de persistir las anomalías oceánicas hoy presentes en el océano Atlántico atento al hecho que se espera para ese período un calentamiento de débil a moderado en el océano Pacífico ecuatorial que incrementaría la frecuencia de entrada de frentes.

Es decir, habrá un alivio durante el verano, y la situación podría volver a complicarse durante el próximo otoño. Habrá que ver en la época en que el sol brilla, si productores y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales se disponen a prever lo que puede pasar apenas unos meses más tarde.

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