Jardinería: 5 consejos de experto para que no se te mueran las plantas

Regar o no regar, esa es la cuestión. Ante la duda, no lo hagas
Regar o no regar, esa es la cuestión. Ante la duda, no lo hagas Crédito: Photo by Kaufmann Mercantile on Unsplash
Si amás el verde pero no tenés mucha idea de cómo mantener con vida tus ejemplares, prestale atención a esta data.
Inés Pujana
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24 de agosto de 2017  • 00:00

Ante la duda, no riegues.

Es un hecho que la causa más común de muerte en la plantas no es la falta de riego, sino todo lo contrario. Al ver una planta marchita, tendemos a pensar que la solución a todos sus problemas es echarle un poco de agua, cuando en realidad lo que necesitaba era lo opuesto: un poco de sequedad. Cuando regamos en exceso las raíces no pueden oxigenarse correctamente y el resultado es que la planta se ahoga. De hecho, hay estudios que prueban que los ejemplares se recuperan mucho más fácilmente de la falta de riego que del exceso de agua.

Todas las plantas necesitan nutrientes para sobrevivir
Todas las plantas necesitan nutrientes para sobrevivir Crédito: Photo by Kyle Ellefson on Unsplash

Sabé que además de agua, necesitan nutrientes.

Para sobrevivir, las plantas necesitan una cierta cantidad de minerales y elementos esenciales como nitrógeno, potasio y fósforo, entre varios otros, que es necesario aportarles regularmente en forma de abono, en espacial si están en una maceta. La época ideal para hacerlo es cuando la planta sale de su período de reposo, en general a fines del invierno y principios de la primavera, dependiendo del espécimen del que estemos hablando. Existen varias opciones de abono, tanto orgánicas como sintéticas: líquido, que se incorpora al agua de riego; en bolitas, que se diluye poco a poco; o en polvo. Incluso se puede optar por cambiar la primera capa de tierra de la maceta por un compost negro y rico en nutrientes o por una buena cantidad de humus de lombriz. Todo vale.

Un refrán que también aplica a las plantas: más vale prevenir que curar.
Un refrán que también aplica a las plantas: más vale prevenir que curar. Crédito: Photo by Neslihan Gunaydin on Unsplash

Averiguá qué cuidados necesita tu planta.

De la misma manera que cuando incorporás un nuevo animal a la familia te fijás qué cosas come y qué cosas no, cuando sumás una nueva planta a tu hogar está bueno que identifiques cómo se llama y qué tipo de cuidados requiere. Hoy por hoy toda la información necesaria está disponible en la web y hasta existen aplicaciones para el celu, como PlantNet, que ayudan a identificar la planta (y por ende sus cuidados) con sólo sacarle una foto. Esto es importante porque no es lo mismo un ejemplar de exterior que uno de interior, o un cactus desértico que un helecho frondoso de la selva. La temperatura, la cantidad de horas de sol y el riego que necesitan varía mucho dependiendo del lugar del planeta de donde son originarios, y claramente no es lo mismo reproducir las condiciones climáticas de la selva del Amazonas que las de un pantano, por ejemplo.

¿No tenés tiempo de ocuparte? Fácil, cultivá autóctonas.
¿No tenés tiempo de ocuparte? Fácil, cultivá autóctonas. Crédito: Photo by Miguel Gomez on Unsplash

¿Te da fiaca cuidarlas? Cultivá autóctonas

Partamos de la base de que si una planta está en una maceta, algún mínimo cuidado vas a tener que darle: por lo menos regarla y abonarla de vez en cuando. Ahora bien, si no sos la clase de persona que vive saliendo al balcón o al jardín a corroborar la buena salud de sus plantas, entonces puede que la mejor opción para vos sea cultivar autóctonas. En general sobreviven con el agua de lluvia, toleran perfectamente el clima local, se enferman menos y además favorecen el ecosistema local, atrayendo a toda clase de insectos amigables, como las abejas. Eso sí, prestá atención, porque nuevamente, no es lo mismo una planta autóctona de la selva misionera, que una de la pampa húmeda o de la Patagonia.

Más vale prevenir que curar
Más vale prevenir que curar Crédito: Photo by Daniel Hjalmarsson on Unsplash

Prevení antes de curar

Parece una obviedad, pero no lo es tanto. Una vez que una planta se enfermó, el trabajo para recuperarla es mucho mayor que el que hubiéramos tenido que hacer corroborando su salud de tanto en tanto. Prestar atención a las señales es una gran forma de evitar mayores problemas a futuro. Por ejemplo, si los bordes de las hojas están resecos y quebradizos, es un síntoma de que en algún momento el ejemplar sufrió falta de agua, si hay manchas oscuras o podridas, es un signo de exceso de riego y si las hojas empiezan a amarillear, puede ser que le esté faltando hierro, sólo por dar algunos ejemplos. Otra forma de prevenir problemas, específicamente plagas de insectos, es aplicar con pulverizador preparados naturales como alcohol de ajo, o cultivar plantas aromáticas (como lavanda o romero) cerca de los ejemplares más vulnerables, porque ayudan a espantar insectos indeseados.

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