JFK: el ícono pop

Informal, carismático, emblema de los 60. De la Casa Blanca a los muñequitos coleccionables, un retrato diferente del primer gran líder mediático, a 50 años del asesinato que lo convirtió en mito
Silvina Dell´Isola
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20 de octubre de 2013  

Para ser alguien en la vida hay que saber morirse a tiempo. Esto lo sabe el sabio y el hijo de vecino. A John Fitzgerald Kennedy la muerte y su gloria le llegaron a las 13 del viernes 22 de noviembre de 1963, hace de esto 50 años. Había nacido con brillo póstumo, fue mitologizado en vida por la sociedad estadounidense de mediados del siglo XX y no hay persona de más de 60 que no recuerde dónde estaba y qué hacía al enterarse de su asesinato. Para más fundamento, la ausencia de un revisionismo histórico riguroso ayudó a que poco y nada se diluyera su estampa de hombre y líder perfecto, de nívea sonrisa y carisma avasallante.

JFK, Jack para los amigos, estuvo en el lugar indicado en el momento preciso de la historia: los 60 del fin de la posguerra y el comienzo de la globalización. Envalentonado por su atractivo físico, su idealismo y su sentido de la oportunidad, fue bisagra de ese cambio de paradigma justo cuando la televisión ganaba protagonismo y empezaba a convertir en personajes a quienes hasta entonces habían sido personas. Para el primer presidente mediático de EE.UU. fueron fundamentales en su victoria los debates televisados que peleó contra el entonces vicepresidente y candidato por los republicanos, Richard Nixon. Para el del 26 de septiembre de 1960 –que hoy se puede ver completo en Internet– Nixon no se quiso maquillar, se sentó chueco y se mostró tieso mientras Kennedy nadaba con la agilidad de un pez en las aguas del arte de hacerse ver y vender una imagen. Relajado, cruzado de piernas, impecable en sus zapatos de charol, se metió en el bolsillo a gran parte de los 70 millones de habitantes de su país que siguieron la transmisión. Quienes escucharon radio dieron por ganador a Nixon. Según Marshall McLuhan, autor del concepto que dice que el medio es el mensaje, el aire casual de JFK sumado al de su esposa, Jackie, y sus dos pequeños hijos era más fácil de ver y a la gente se le hacían más amenos para dejarlos entrar al living de sus casas.

Ejerciendo el cargo de más poder en el mundo mientras exponía su vida familiar, John F. Kennedy personificó a los años 60 hasta tal punto que medio siglo más tarde sigue siendo ícono indiscutido de esa cultura popular que transmitía optimismo, informalidad e igualdad para todos los seres humanos con el mismo impulso con el que empezaba a vender hamburguesas y bebidas Cola en vasos XX large o elevaba al éter a actores recios y monosilábicos como Charles Bronson o Clint Eastwood.

El estilo Kennedy ya existía. Se llamaba Ivy –término proveniente de la Ivy League, la Liga de la Hiedra, tal como se conoce a las prestigiosas universidades de la costa este–. Era el modo adoptado por los chicos de papá seguros de sí mismos, algo insolentes, pero elegantes y sofisticados. Ayudado por su mujer, Jack supo ser su abanderado: camperas de lana liviana o sacos con dos botones, corbatas delgadas a rayas, pantalón arremangado a la altura del tobillo, mocasines o náuticos… Un cóctel casual, pero bien estudiado. Y marcó tendencia hasta en los detalles: en 2005, la empresa de relojería Omega adquirió el reloj de pulsera que supo lucir. Estaba en la Robert White Collection, una colección de más de 100.000 artículos pertenecientes a JFK entre los que se encuentran, por ejemplo, las dos banderas que flameaban en el Lincoln Continental en el que viajaba cuando recibió las descargas homicidas. Omega, decíamos, recuperó la pieza por 350 mil dólares y luego de exhibirla en sus boutiques alrededor del mundo la depositó en su museo de Suiza. Jack había adoptado ese diseño ultrafino en oro 18 kilates y partes de plata con malla de cuero cuando aún no era presidente. Se lo mostró su amigo Grant Stockdale. Entonces, Jack se sacó el pequeñito ordinario que llevaba puesto y lo tiró. En 2009, Omega creó un anuncio con motivo del 40º aniversario del descenso del hombre en la luna. Sucede que el Speed-Master de la firma fue el primer y único reloj que llegó hasta allí arriba tras ser testeado y aprobado por la NASA. Pudiendo jactarse un rato largo de ese hito, la marca prefirió usar sólo la imagen de Kennedy acompañada por su célebre frase: Elegimos ir a la Luna. El aviso a página completa fue publicado durante al menos dos meses en las más importantes revistas de actualidad del globo. Su figura, tan vital que parecía actual, ocupaba todo el centro de atención. También hubo una versión para televisión de 31 segundos que reproducía el párrafo más importante de su profético discurso de 1961.

La construcción de un presidente

"La suya fue una vida privilegiada que ninguna persona sensata querría. No tenía tiempo ni espacio para ser realmente feliz. Toda la energía, siempre, estuvo puesta en la búsqueda del objetivo ordenado por papá." Con estas palabras, el historiador Geoffrey Perret se refiere al signo de estrella y estrellado con el que John Fitzgerald Kennedy llegó al mundo el 29 de mayo de 1917, en Brookline, Massachusetts. Empresario, diplomático y figura política nada querida por la comunidad irlandesa de los Estados Unidos con la que compartía orígenes, su padre, Joseph Kennedy, se fijó como meta para el primogénito Joseph Jr. la presidencia de la nación. Cuando éste murió durante la Segunda Guerra Mundial, el siguiente en la línea sucesoria –John– tuvo que resignar su intención de convertirse en periodista para postularse, en 1946, al cargo de representante por el Estado de Massachusetts. "Lo venderemos como jabón en escamas", dice Perret que dijo entusiasmado el padre millonario.

JFK cargaba con un impensado as: su calidad de héroe de guerra de la II WW, obtenida tras el hundimiento de la lancha torpedera PT109 que estaba tripulando en las islas Salomón de Oceanía en agosto de 1943. La nave fue embestida y hecha pedazos por un destructor japonés durante una misión nocturna en una noche sin luna. Realidad o leyenda, la historia dio por válido el alegato que cuenta que el joven Kennedy se lanzó al mar hiriéndose gravemente la columna, pero que aun así ayudó a llegar a una isla desierta a sus diez compañeros. Desde esa sólida plataforma, oportunidad y handicap, se inició en la política. La PT109 sigue siendo una de las embarcaciones más famosas de la armada de su país. Aún se venden modelos a escala, además de muñecos G.I. Joe en versión JFK comandándola. En Amazon.com, el G.I. Joe John F. Kennedy de 30 centímetros de alto se consigue por 79 dólares. Incluye pantalones color caqui tropicales, lentes de sol, minimapa de las Salomón y pistolita en miniatura calibre 38. En YouTube está el tráiler original del film de la Warner PT109, dirigido por Leslie Martinson y basado en la experiencia de Jack Kennedy durante el gran conflicto. Protagonizado por Cliff Robertson, fue la primera cinta comercial hecha sobre un presidente mientras aún estaba en el cargo. Se estrenó cinco meses antes de su muerte.

Menos atenciones recibió la polémica miniserie de 2011, The Kennedys, por la que Greg Kinnear fue nominado a un Emmy. Antes de su estreno en el canal independiente de pago Reelschannel, había sido rechazada por varias cadenas a pedido de la familia Kennedy que adujo malicia y falacia en la biografía ficcionada. Oliver Stone también fue duramente criticado por JFK, de 1991, que a propósito del magnicidio de Dallas sugería que CIA, mafia, policía y hasta el mismo vicepresidente Lyndon Johnson tenían las manos manchadas con la sangre del líder político. Rob Lowe, Martin Sheen y Patrick Dempsey son algunos de los actores que también lo interpretaron.

Los Simpson lo mencionaron y asociaron históricamente en la mayoría de sus 24 temporadas. La madre de Marge se llama Jacqueline Ingrid Bouvier, aunque sus rasgos apáticos, pesimistas y algo vulgares nada tienen que ver con la sofisticada primera dama. En Springfield se vio a Jack en un viejo clip de TV diciendo que la cerveza Duff era su favorita; a Marge, luciendo un traje rosa similar al que llevaba Jackie el día del asesinato, y al abuelo Abraham en un flashback a la Segunda Guerra Mundial dándole al joven Kennedy una paliza y tirándolo por la borda del PT109, luego de que éste voceara el mismo Ichbinein Berliner –Soy berlinés– que dos décadas más tarde pronunciaría, tal estrella de rock en un escenario de su gira, en Berlín Occidental durante el acto por el 15º aniversario del bloqueo impuesto a la ciudad alemana por la Unión Soviética. Opuesta en sofisticación, la serie Mad Men, creada por Matthew Weiner y ambientada en una agencia de publicidad durante los promisorios años 60, se vale para un capítulo específico por temporada de un hecho histórico tan importante que, filtrándose a través de las vidas de sus personajes, los excede. En la temporada uno ese hecho fue el debate Nixon-Kennedy que terminó definiendo el resultado electoral. En la temporada tres, el asesinato.

Mantenerse en pie

Parece improbable que un hombre tan atormentado por sus dolencias físicas como JFK –le dieron la extremaunción cuatro veces– haya pasado por la armada de su país como un héroe. Su historia clínica podría competir por el puesto a la más patética para alguien que, así y todo, llegó a la cumbre del poder mundial. Frecuentes cuadros de colitis, dolores de espalda, osteoporosis, enfermedad de Addison, síntomas de la que luego se conocería como celiaquía... La publicó la revista Health, apoyada en los registros a los que tuvo acceso, favorecido por su gran prestigio, el historiador Robert Dallek. Se los habían mostrado tres consejeros personales de la familia, que los tenían bajo siete llaves –pudo tomar notas, pero no hacer copias–. El primer mandatario tomaba hasta ocho remedios por día, entre analgésicos, ansiolíticos, estimulantes, píldoras para dormir, hormonas para mantenerse lúcido en momentos de estrés, barbitúricos e inyecciones de gamaglobulina.

En 1962 se hizo especialmente público que estaba consumiendo un producto llamado Metrecal, el primer suplemento dietético líquido de la cultura popular en Estados Unidos. El mensaje que quería dar era que no sólo se debían tonificar los músculos y mantener un peso adecuado por una cuestión estética, sino como un deber para combatir a los enemigos del país: rusos, cubanos y cualquiera que se les animara. Al presidente lo imitaron millones de estadounidenses. También accedió a ser compañero de andanzas del que ya empezaba a perfilarse como el ícono mayor de la historieta, Superman, con el fin de "sembrar en la sociedad la idea de un futuro vigoroso y optimista". El superhéroe tenía seis publicaciones mensuales que niños y adultos consumían como pan caliente, y el editor de DC Comics Mort Weisinger no dudó en incorporar a ese mandatario en ejercicio, joven, buenmozo y dinámico en sus aventuras. Se lo vio en el número 56 de octubre del 61 de la serie Superman’s Pal Jimmy Olsen: en la historia gráfica, Superman le hacía entrega de un repulsor de meteoritos fabricado en Kriptón como gesto de apoyo a la carrera espacial que JFK se había puesto entre ceja y ceja. El éxito fue total. La alianza entre el hombre de acero del cómic y el chico de oro de la política incluiría merchandising y avisos de comidas y bebidas saludables, pero la truncó la muerte.

Jackie bien diseñada

La primera vez que Jackeline Bouvier vio al apuesto congresista que terminaría siendo su marido fue en un tren que iba desde Washington hasta Nueva York. Era 1948. Años más tarde ella recordaría haber hablado entonces con "un atento joven, alto y delgado con un pelo rojizo muy largo". Se casaron un 12 de septiembre, cinco años más tarde, en Rhode Island.

Jack y Jackie formaron una pareja mediática y alcanzaron la misma fama que estrellas del cine o de la música. Según una serie de conversaciones que la ex primera dama mantuvo con el historiador Arthur Schlesinger, su papel consistía "en no atormentar a su marido con comentarios o preguntas sobre seguridad laboral o derecho internacional, como Eleanor Roosevelt hizo con Franklin, sino brindarle un clima de afecto, con invitados interesantes, comida agradable y niños de buen humor para ayudarlo a escapar de la presión de dirigir el mundo libre en medio de uno de los períodos más peligrosos de la Guerra Fría".

Jackie, además, se convirtió en ícono de femineidad hasta el punto que Liz Taylor, Doris Day o la misma Marilyn intentaban seguirla en estilo como satélites. La francesa Coco Chanel era su diseñadora favorita, pero la crítica se preguntaba por qué no optaba por modelos norteamericanos. Una de las primeras medidas tras el triunfo de 1960 fue contratar a Oleg Cassini, francés radicado en Estados Unidos, amigo de su suegro Joseph y vestuarista de actrices de Hollywood. No bastó: ese año de campañas y victorias, el Women’s Wear Daily –la biblia de la moda en EE.UU.– reportó que se habían gastado 15 mil dólares en un año –100 mil dólares de hoy– en su imagen. Nuevamente intervino papá Joe y se hizo cargo de los gastos en ropa de la señora Kennedy. Después de todo, era una star en su propio escenario, la Casa Blanca, y en la era de la televisión los contribuyentes no querrían una primera dama de aspecto opaco, sino una muñequita viviente, pero sin ser ellos quienes pagaran la cuenta. Era un Chanel, sin embargo (Karl Lagerfeld sostiene que era una réplica hecha por Cassini), el trajecito rosa que vestía en Dallas en el momento de los dos disparos mortales asestados por Lee Harvey Oswald en la cabeza de su marido. Se negó a cambiárselo para regresar a Washington en el Air Force One en el que viajaba también el féretro. Lyndon Johnson juró la presidencia a bordo. Ella estaba a su lado, manchada de sangre. Digna hasta en su propia catástrofe, dijo: "Quiero que vean lo que le han hecho a Jack".

Jackie aún tiene su propia serie de muñecos de papel, paperdolls, figuritas que se visten con modelos que se les sujetan con pestañas. Dover publications, eBay y Amazon venden la de la familia presidencial, con John y los dos niños, a 6,95 dólares. El guardarropa de papel incluye 34 vestidos originales, accesorios y artículos personales.

"Mientras JFK estaba ocupado con la presidencia, ella estaba creando Versailles", dijo Cassini en una oportunidad, refiriéndose al poder de decisión de la mujer sobre muebles, tapices, banquetes, conciertos e invitados de la Casa Blanca. Su proyecto estrella fue la restauración del emblemático edificio. Cuando estuvo terminada, fue anfitriona de un programa de la CBS guionado por ella misma en el que se mostraban los resultados. Fue el Día de San Valentín de 1962 y lo siguieron 50 millones de estadounidenses.

Sobre sus conversaciones con Schlesinger, contenidas en el libro Jacqueline Kennedy: Historic Conversations on Life with John F. Kennedy, dijo su hija Caroline: "… mis padres compartían la convicción de que la civilización norteamericana había alcanzado la mayoría de edad (...) Creían que Estados Unidos debía liderar con sus ideales, no sólo con el poder político y militar, y querían compartir con el mundo nuestros logros culturales y artísticos. Mi madre tuvo un papel decisivo en el desarrollo de lo que ahora se llama «diplomacia suave» (…) Causaba sensación a nivel internacional".

Marilyn en foco

El feliz cumpleaños más famoso: ''''Hubo un suspiro colectivo. Entonces Marilyn comenzó a cantar''''. recuerda el fotógrafo Bill Ray; quien capturó un momento único
El feliz cumpleaños más famoso: ''''Hubo un suspiro colectivo. Entonces Marilyn comenzó a cantar''''. recuerda el fotógrafo Bill Ray; quien capturó un momento único
"No conozco a nadie que haya visto esta foto y que no sepa que se trata de Marilyn, en el Madison, cantándole el Happy Birthday Mister President a Kennedy." Bill Ray habla con la Revista desde su casa de Nueva York, ambos frente a la icónica imagen de la rubia de Hollywood, de espaldas, que él tomó hace 51 años siendo entonces fotógrafo de la revista Life. Fue tan intenso ese instante que logró borrar de la memoria colectiva el resto de detalles importantes del evento del 19 de mayo de 1962 con el que la ciudad homenajeaba al presidente por su 45º cumpleaños: delante de ella, además de Kennedy, había 17 mil personas escuchándola, y entre los artistas que se presentaron esa noche estaban Ella Fitzgerald, Danny Kaye, Henry Fonda, Maria Callas y Jimmy Durante. Su versión íntima y entrecortada del Feliz cumpleaños se analizó y parodió hasta el hartazgo. "Tanto para cholulos de las estrellas como para historiadores llenos de polvo, la noche en que Marilyn le cantó a JFK sigue siendo una extraña conjunción de sexo, política, poder y cultura pop", dice Ray.

P: ¿Qué recuerda usted?

R: Fue una noche divertida y relajada, la gente charlaba y fumaba en sus asientos. De pronto las luces se apagaron y un foco cegante apuntó hacia Marilyn Monroe. Nadie la había visto subir al escenario. Deslumbraba en un vestido color piel lleno de cristales que parecía que se lo habían cosido puesto. Hubo un suspiro colectivo y la sensación de que una corriente eléctrica nos atravesaba a todos. Entonces empezó a cantar.

Bill Ray evoca que Kennedy dijo a la multitud que luego de eso podría retirarse feliz de la política. Cuando se dio vuelta, ella se había evaporado. Jackie, a todo esto, estaba estratégicamente de visita a unos parientes en Virginia. Marilyn murió menos de tres meses después.

P: ¿Qué pensaba de él?

R: En 1960, cuando él era candidato, yo tenía 24 años. Como la mayoría de la gente joven estaba impresionado por su figura. Aún conservo el clip de corbata del PT 109 que me regaló. Veníamos de ocho años con el general Eisenhower, nada progresista y con una salud delicada –tuvo dos ataques cardíacos–. Ike y Mamie eran como unos abuelos de Kansas dentro de la Casa Blanca. Jack y Jackie eran jóvenes y bellos, lucían ropas maravillosas y exhalaban charme y buen gusto. El eslogan de su campaña fue Pongamos el país en movimiento. Los encontré irresistibles. ¿Defectos? Su estado de salud era un secreto y pocos sabían que era tan mujeriego. Si lo sabían, no creían que fuera algo tan malo: era rico, guapo y vivía una vida que la mayoría le envidiaba.

P: ¿Por qué se lo recuerda virtuoso e intachable?

R: Ejerció la presidencia entre el 20 de enero de 1961 y el 22 de noviembre de 1963. ¡Estaba aún tan lleno de promesas! El shock que causó su muerte es imposible de describir. Como tantos otros mártires, se volvió un santo. Su carisma era real, entraba a una habitación y su sonrisa iluminaba todo. Hacía bromas y todo lo hacía fácil. Cuando falleció Jackie, creí que recibiría cientos de llamadas pidiéndome fotos de su boda con Onassis. No fue así. Descubrí que en el proceso de construir el mito, su matrimonio con el millonario griego había sido borrado de las mentes de los norteamericanos. Para ellos, Jack y Jackie están juntos en la eternidad.

Bill Ray es autor del libro de fotografías Jack & Jackie, imágenes y memorias de Camelot.

El mito y el hombre

Los atisbos de revisión histórica sobre el paso de JFK por el gobierno han sido más bien laxos. Pero algunos como el historiador Geoffrey Perret se atrevieron a hacerse algunas preguntas: "¿Fue realmente un don nadie costosamente modelado como una figura de cera? No, la realidad es que comparado con Clinton, Kennedy realmente se parecía al rey Arturo de su Camelot admirado. (…) La imagen habitualmente cultivada de un hombre de Harvard, católico y héroe de guerra se estrella espectacularmente contra su vida privada. (…) Guiado por su eterna fascinación por Lord Byron y el movimiento de los románticos que creían que la vida era realmente una actuación, poeta y político sabían lo que cualquier artista sabe: sólo puedes ir tan lejos como tu audiencia te lo permita. (…) El romance entre Jack y Jackie fue sobre ellos y no entre ellos. Él amaba los westerns de John Wayne, ella podía escuchar durante horas a Charles Trenet o Edith Piaf. Su propia vida estaba cubierta de secretos y mentiras. No era un charlatán, sino una paradoja: el mentiroso enamorado de la verdad, el estilo versus la sustancia, las cenas oficiales servidas por un chef francés mientras América iba camino a convertirse en una nación de comida rápida".

En Shooting Kennedy, JFK y la cultura de las imágenes, David Lubin reflexiona sobre el cambio de significado de los fenómenos visuales que tuvo la era que le tocó vivir a los Kennedy. Lubin habla con la Revista desde su despacho en la Wake Forest University de Carolina del Norte, donde enseña Historia del Arte: "No coincido con que su reputación se mantiene inmaculada. Declinó en los 70 cuando nos desengañamos con Watergate y Vietnam, y fue especialmente golpeada gracias a una serie de revelaciones sobre sus infidelidades. Pero luego de las desilusionantes presidencias de Nixon, Ford, Carter, Reagan y los Bush, JFK recuperó puntos, y su estilo y palabras de inspiración impresionaron a una nueva generación. Su muerte fue tan traumática como Pearl Harbor y el 11-S".

P: ¿Qué tuvo él de especial?

R: Combinación de momento justo, lugar correcto, tecnología idónea y hombre adecuado. Nixon también tuvo la tevé a su disposición. Pero Jack parecía vigoroso e irradiaba carisma. Sabía cómo hablar en un medio joven.

P: ¿Por qué ellos sí y el resto no? ¿Sólo carisma?

R: Ambos, Jack y Jackie, entendieron la importancia de los símbolos y rituales en la democracia. Reagan y Clinton de hecho aprendieron mucho sobre el carisma de Kennedy. El presidente y la primera dama eran aristócratas naturales, pero él tenía un toque particular que hacía que la gente se sintiera identificada mientras que Jackie era una artista de la actuación. En dos días improvisó el gran funeral de Estado que fue seguido por millones de personas alrededor del mundo. En un momento de incertidumbre y dolor colectivo, los norteamericanos fueron inspirados por la dignidad que ella y su familia mostraron. ¡Fue una obra maestra!

P: ¿Lo protegió la muerte?

R: Podríamos especular sobre qué podría haber sucedido si no lo hubieran matado. Yo soy reacio a hacer eso. El legado de Kennedy, más allá de sus defectos personales y sus errores de cálculo políticos, es su elocuencia a favor de los valores de la libertad y su coraje para defenderlos.

La muerte, el fin, el comienzo

Magnetismo familiar
Magnetismo familiar Crédito: Corbis
Decía José Saramago en su Ensayo sobre la ceguera que quien va a morir está ya muerto y no lo sabe. JFK, el hombre entonces más poderoso del mundo, probablemente ni se enteró que se moría. Recibió dos impactos de bala en su cabeza a las 12.30 del 22 de noviembre de 1963 mientras circulaba en un automóvil descapotable por la plaza Dealey del centro de Dallas. Falleció 30 minutos después en el Hospital Parkland Memorial. Su asesino, Lee Harvey Oswald, fue arrestado y a los dos días fue ultimado por Jack Ruby mientras era trasladado a la prisión del Estado. Especulaciones al margen, oficialmente la comisión Warren –creada para investigar el magnicidio–concluyó que Oswald había actuado solo y que ni la CIA ni rusos ni cubanos tuvieron que ver con la muerte.

Fue enterrado en Arlington, donde además están su esposa, su hijo John John y dos niños más, fallecidos a muy temprana edad. En su tumba brilla la llama eterna que encendió Jackeline mientras el Air Force One sobrevolaba el cementerio militar en señal de homenaje. Varios detalles ceremoniales fueron imitados del funeral de Abraham Lincoln a pedido de la ex primera dama. Completa, sintetizada, en blanco y negro o a color, la despedida a JFK también está en Internet. Cerca de su tumba, una losa reza la frase de su discurso inaugural de 1961: "Y así, mis compatriotas estadounidenses, no se pregunten lo que su país puede hacer por ustedes, pregúntense lo que ustedes pueden hacer por su país. Mis compatriotas ciudadanos del mundo, no pregunten lo que Estados Unidos puede hacer por ustedes, sino lo que juntos podemos hacer por la libertad del hombre".

Aquejado, canchero, infiel, romántico, héroe de guerra, invento paterno, idealista, visionario, estratega, ícono pop. Tal vez ni el mismo Kennedy supo quién era realmente. Su verdad se fue con su muerte hace cincuenta años, adentro de su propia leyenda.

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