Joan Garriga. "La pareja no es el único camino"

Crédito: Gentileza de Joan Garriga.
Soledad Simond
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8 de septiembre de 2020  • 15:24

Encontré su libro El buen amor en la pareja como un hallazgo en Madrid hace un tiempo por recomendación de un amigo, y se volvió una guía práctica que me invitó a ser mejor compañera de mí misma y de los demás. Este best seller, publicado originalmente en 2013, ahonda en cómo nos amaron, cómo nos amamos y cómo queremos que nos amen, pero Joan Garriga tiene un recorrido más universal que los avatares románticos. Es quien introdujo las constelaciones familiares en España, es psicólogo humanista, fundó el Instituto Gestáltico en Barcelona, pero sobre todo, es un sabio de los desafíos humanos. Tuve el lujo de entrevistarlo en vivo (podés encontrar la entrevista completa en el IGTV de @revistaohlala). En ese encuentro hablamos mucho no solo de amor, sino del buen amor, aquel que promueve el respeto, la paridad y la flexibilidad de roles, el tema principal de su último libro, Bailando juntos, que podés conseguir en forma de ebook y tiene una lectura accesible a pesar de introducir conceptos sistémicos muy profundos, con esa simpleza del que sabe y no necesita presumir. "Me interesa que aquel que lea mis libros pueda recibir algún estímulo que lo ayude a ponerse en paz con sus padres o llevar mejor los asuntos de pareja o los duelos, las pérdidas, es decir los tramos de la vida en los que pasamos por pasos estrechos", y así comenzamos a hablar de la pareja.

¿Cómo se descomprime la tensión de la convivencia, especialmente algunas que, por el aislamiento obligatorio, comparten las 24 horas?

Creo que desde la sinceridad, sobre todo. Ojalá este tiempo esté siendo una oportunidad para dejar caer la máscara, poder reconocer la propia verdad. También compartir los temores, si los hay, las angustias, las vulnerabilidades de cada uno, y también las fortalezas. Que sea una oportunidad para salir de los roles que son muy fijados dentro de una pareja y poder ganar un poquito de flexibilidad: el que parecía siempre tan fuerte quizá pueda compartir sus temores, o el que parecía tan débil o asustado tal vez pueda compartir que está más confiado. Y como a mí me gusta decir, "la mejor pareja es la que tiene un repertorio flexible de danzas, y la peor es la que danza bailes muy estereotipados", en los que siempre uno funciona con un rol y el otro con otro, que suelen ser complementarios o competitivos.

Amar es darse, es dar al otro la propia realidad momento a momento. Amar significa también acoger la propia realidad del otro momento a momento. Así que cuando se puede progresar en esa dirección, yo creo que es una bendición para las parejas y para las familias. Y cuando no, que es el lado contrario, se enquistan o se encasillan, se rectifican en posiciones extremas y entonces la danza no trae bienestar. Hay que generar flexibilidad en las danzas. A veces estamos tristes, otras veces nos sentimos contentos, fuertes, y otras tantas veces nos sentimos débiles. La vida es movimiento, cambio y transformación permanentes. Creo que estamos mejor en las relaciones en general cuando no tenemos que representar ningún rol sino que estamos viviendo la danza de la vida de cada momento.

"Creo que estamos mejor en las relaciones

Me pareció tan acertado el título de tu nuevo libro, Bailando juntos, me hizo acordar a mi época en que bailaba tango, donde el abrazo de los bailarines es tan necesario para que esas dos energías se sostengan y, a la vez, logren moverse.

Cualquier bailarín se da cuenta de que con cada partener se crea un mundo propio y esto es lo bello de la vida. Todos somos singulares. A veces estás bailando con una persona y algo no fluye, chirría, se desacompasa y quisieras que la cosa fluyera bien. Y con otra persona no chirría, compasa y es fácil, es sencillo. Con la pareja es lo mismo: hay que encontrar un buen compañero de baile y que sea fluido, que no chirríe demasiado. Cuando se inicia una relación, uno de los encajes iniciales más importantes, que a veces llevan un tiempo, es: ¿cómo se define una relación? A veces uno define una relación "...hasta la muerte", y el otro dice: "Bueno, una parte juntos y una parte de un cierto aire y renovando los votos y el amor cada día". Cada quien trae al mundo del amor sus propias imágenes de lo que es una pareja o lo que pretende de una pareja. Y ahí hay que encontrarse o encontrar la manera de que encaje, que sea útil para los dos, con roles que también tengan flexibilidad, que tengan movimiento. Es cierto que hay parejas que funcionan muy bien, son clásicas, en las que uno toma el mando y el otro toma la obediencia. Pero, claro, cuando uno está siempre mandando y el otro siempre obedeciendo no nos podemos preguntar: ¿se encuentran como iguales?, ¿se encuentran como razonablemente adultos o están ejecutando roles antiguos? En fin, ahí cada quien hace lo que puede y es una bendición cuando los dos sienten que discurre con facilidad.

Crédito: Gentileza de Joan Garriga.

Es una de las cosas que dice El buen amor en la pareja: "Tiene que ser fácil". No sé de dónde sacamos ese arquetipo de que tiene que ser sacrificado, que hay que remarla...

Esto lo tomé de un maestro espiritual que ya murió, Swami Prajnanpad. Él estableció cinco ideas que a mí me parecieron muy bellas y compatibles con el trabajo terapéutico. Una de ellas era que sea fácil. Yo creo que a veces hay que remar y hay que tener capacidad para manejar los conflictos, y a veces un cierto sacrificio puede ser útil. Pero que sea fácil significa especialmente que el campo no esté inundado de grandes asuntos emocionales, cuya energía viene suministrada por el pasado. Eso tiene mucho que ver con que seamos adultos, que seamos de naturalezas compatibles, que experimentemos confianza, que yo dentro de mi cabeza no tenga una imagen de ti de que sos mi enemiga, como muchas veces ocurre. Y que tengamos el corazón grande y nos deseemos bienestar mutuo.

¿Cómo se identifica si hay simpleza en nuestras parejas?

Creo que en la pareja hay preguntas: ¿esto me hace bien?, ¿me hace mejor persona?, ¿nos hace mejores personas?, ¿nos da un lugar de paz y tranquilidad?, ¿nos sentimos pertenecientes?, ¿la vida es más bonita? Y son respuestas muy importantes. Yo tengo un amigo muy querido, muy cercano, que se ha pasado años dando tumbos con parejas y ahora parece que la vida le regaló hace un tiempo una compañera, y cuando me lo encuentro y le pregunto: "¿Qué tal, cómo te está yendo?", me dice: "Es fácil, no sabía que esto fuera posible". Y tiene mucho que ver con el respeto. No estoy pretendiendo que te ajustes a la imagen que yo estoy pretendiendo que debería ser, que seas distinto de como eres. A veces es difícil y queremos que el otro se corresponda a nuestras expectativas: que encaje. Sin embargo, cuando hay respeto, hay comodidad, y se produce un ajuste espontáneo.

¿Por qué tantas veces nos gustan los "malos", los que no nos corresponden, los que nos dejan esperando, los que nos la hacen difícil?

Bueno, primero, mucha gente tiene una cierta adicción a la intensidad, y después es paradójico: un mal actual de los hombres es que estamos un poco debilitados porque llevamos culpas que pertenecen a nuestros padres, a nuestros abuelos, y muchas mujeres hablan del hombre suave, pero luego quieren un hombre que perciban bien plantado en la vida.

"Una de las misiones de paz que yo creo que

Más "cavernícola".

¡Eso! Un poco primitivo. Pero cuando la mujer ve la verdadera vocación del malote y acaba jodida, medio maltratada, medio desconsiderada, medio humillada, esto ya hay que mirarlo con un poquito más de claridad. Por ejemplo, en el libro nuevo, Bailando juntos, una de las preguntas que tiro es: "¿Qué hace que muchas personas se mantengan conectadas o unidas a otras personas que no las tratan bien? ¿Por qué el maltrato apega tanto?". Parecería natural que si a mí no me tratan bien, yo me voy; o si yo no trato bien a otra persona, me parecería natural que esa persona se vaya. Pero ¿por qué nos quedamos en situaciones en las que no nos sentimos bien tratados? Mi respuesta es mucho más amplia y hay asuntos transgeneracionales, pero creo que es porque en todas las personas hay semillas ocultas de no haber sido bien tratadas. A veces muy gravemente y a veces muy suavemente, pero quién no ha tenido un pequeño abandono, una pequeña falta de respeto cuando tenía cinco años, siete. Y claro, quienes ejercían estos "no buenos tratos" eran los padres, que son los seres más profundamente amados por un hijo. Pero cuando de adultos no nos tratan bien, se despiertan estas células dormidas de la infancia, entonces fantaseamos que a esa persona que no nos trata bien la amamos tanto como en su momento amamos a nuestros padres. Y ahí empiezan los grandes enredos. Una cosa, entonces, es disfrutar de alguien fuerte, que toma un lugar plantado, y otra cosa es arriesgarse a situaciones de maltrato. Ahí yo creo que mejor no insistir mucho, mejor irse. También creo que hay otro maltrato, no tan explícito, en el hecho de querer cambiar a otra persona. No solo está el malote, también está la mujer que quiere cambiar al malote.

La que se enamora del Che Guevara y quiere afeitarlo.

Y claro, ahí empiezan las guerras y las luchas. Cada quien sabe sus posibilidades, pero en la lucha siempre hay heridos. Hay que cuidarse muy bien porque luego hay muchas heridas emocionales, traumas, cosas que se anclan y nos contraen adentro y dificultan el camino. En este mundo que nos toca vivir se mira la pareja desde una perspectiva muy patrimonial: "quiero tener pareja". Como si fuera un bien de uso que tiene que estar al servicio de mi yo personal. Claro que una pareja tiene que ayudarme a crecer y, si muchas cosas ocurren, podemos estar felices, pero creo que ayuda un poco quitarse esta idea-zanahoria tan infantil de "si tengo pareja, por fin, estaré bien, mis males se calmarán".

¿Cómo soltar, entonces, el arquetipo Susanita, que nos hace sentir que no somos suficientes?

Por un lado, creo que es bueno que la cultura nos suministre muchos arquetipos, diferentes. La pareja no es el único camino. Es cierto que los seres humanos no podemos vivir sin contactos, sin amores, sin personas significativas; somos mamíferos. Pero sabernos amados no significa necesariamente una pareja, puede ser un amigo u otras personas. Cuando las cosas van bien en la pareja es muy bonito, pero hoy en día la vida es más gaseosa, también se generan espacios para el encuentro con uno mismo o para abrir otras puertas relacionales u otras modalidades de amor. Creo que podemos estar muy bien en pareja, y muy bien solos, y que la vida nos regala tramos en que estamos en pareja, tramos en que estamos solteros. Siempre digo que lo peor para un mamífero es la inseguridad: la inseguridad de que no hay nadie ahí, el desamor. Por eso conviene tener universos de relaciones ricos, que no sean solo la pareja, y dedicar la energía a hacer crecer el espacio interno para ser compañero o compañera.

¿Qué significa esto?

Estar más en paz con los padres; haber integrado, soltado, agradecido, aceptar lo que pude ser con las parejas anteriores; no estar repitiendo patrones, los de nuestros padres o abuelos. Hacer crecer así al hombre o a la mujer, o la identidad sexual que uno siente que encarna en esta vida. Hay una grandeza que se logra solo cuando uno se enraíza en la grandeza del linaje de los hombres y mujeres del propio sistema familiar.

En esta deconstrucción que estamos viviendo hombres y mujeres, ¿cómo podemos honrar nuestro linaje?

Creo que lo mejor que podemos hacer es respetarnos mutuamente. Cuando una mujer es capaz de mirar a un hombre y sentir un respeto profundo, que no viene de una pose, no viene de una ideología, sino que viene de un movimiento espontáneo natural, entonces el hombre, espontáneamente, se siente invitado a asumir él su propia grandeza. Y creo que un hombre también puede reconocer lo femenino, lo profundo, la grandeza de una mujer, y así inclinarse y sentir un profundo respeto ante el misterio, la hondura y la grandeza de ser mujer. Para una mujer es irresistible sentirse respetada. Insisto, lo que se opone a esto es que demasiado a menudo queremos cambiar al otro, o demasiado a menudo nuestro padre no respetaba a nuestra madre y nuestra madre no respetaba a nuestro padre. Era un campo de lucha y así lo perpetuamos. Pero una de las misiones de paz que yo creo que deben desarrollarse más y más profundamente en este mundo es la paz entre hombres y mujeres dentro de las familias. Porque yo no tengo ninguna duda de que la guerra más cruenta, más dolorosa, la que genera más víctimas, que se libra todos los días en el mundo, es dentro de las familias. No en Irán, no en Arabia Saudita, sino dentro de las familias, y el asunto pendiente es la paz entre los hombres y las mujeres..

4 conceptos más para atesorar

  • Aceptar la realidad. Siempre digo que solo hay un maestro, es un maestro implacable y es la realidad. En la vida nos hacemos discípulos de la realidad sí o sí, o la padecemos. Todo sufrimiento es un tratar de decir "la realidad está equivocada". "¿Por qué murió mi madre?, no debería haber muerto", por ejemplo. Ya lo decía bien el filósofo Baruch Spinosa: "La realidad y la perfección son la misma cosa". Más allá del cuento que nos contamos, aquí estamos.
  • Comunicarse bien. Hay que comunicarse bien, no comunicarse tanto. Comunicarse bien quiere decir que mientras yo esté viviendo, estoy comunicando quién soy. Cuando la gente dice que quiere comunicarse, en verdad quiere decir que necesita metacomunicarse: "Vamos a hablar de lo que significa lo que has hecho hace cinco minutos". Esto es muy desgastante, es un avispero. Significa que ya no están viviendo, sino que están intentando analizar y reflexionar todo lo que están viviendo.
  • Mirar con asombro. Yo te miro a ti, tú me miras a mí. Un gran ejercicio para las parejas, para la vida y para el encuentro humano es la mirada aconceptual o contemplativa. Yo no te miro a ti a través del filtro de mis propias imágenes que tengo de ti, sino que hago un poco el esfuerzo: como la mirada del marciano, como si uno acabara de aterrizar, es la mirada del asombro. Ayuda mucho en la vida hacer el ejercicio meditativo de solo mirarse y poder ver al mismo tiempo la cadena de prejuicios que uno tiene sobre el otro y tratar de dejarlos de lado un poco.
  • Estar en el presente. Es estar aquí, es estar ahora. Como decía mi maestro Claudio Naranjo -que murió hace un año-, "la presencia de estar aquí, estar ahora, estar en este momento, no estar ahí, no estar en otro momento". La vida es el ahora, lo que nos sostiene es el presente.

Sus libros

Tiene una obra amplia, pero los que profundizan en la temática amorosa son El buen amor en la pareja y Bailando juntos; ambos podés descargártelos como ebook. Más info: planetadelibros.com.ar

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