Juan Carr

Cinco años con la gente

La Red Solidaria existe gracias al esfuerzo de muchos voluntarios. Hoy, este sistema que pone en contacto a los que necesitan con los que pueden ayudar cumple un lustro y Juan Carr, su creador, nos cuenta cómo surgió esta idea una noche de verano
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13 de febrero de 2000  

La Red Solidaria, que este mes cumple cinco años, es un fenómeno que ha encontrado eco y respuesta positiva. En un mundo individualista y mediático ha sabido pulsar una cuerda en la conciencia de la gente, un sentimiento muchas veces dormido u oculto: el sentimiento de solidaridad con los que más necesidades insatisfechas tienen.

Cómo nació la Red Solidaria y qué proyectos tiene serán algunas de las cosas que cuente su principal ideólogo y creador, Juan Carr.

"Era una noche de febrero, no tengo idea de qué día fue. No podía dormir. A la mañana desperté a mi mujer y le dije: María, tengo la Red Solidaria, ésta es la respuesta. En ese momento teníamos dos hijos. Ahora son cinco." La respuesta que buscaba Juan Carr tenía que ver con el sentido de su propia vida. A modo de iluminación y sin todavía saberlo, estaba gestando un movimiento que iba a dar respuesta a las necesidades de miles de personas tanto dentro de nuestro país como más allá de las fronteras.

Para llegar a una respuesta tuvo que haber primero una pregunta: "¿Qué estoy haciendo para paliar el hambre?" Juan tenía conciencia de que no podía dar una respuesta. "Llegó un momento en que ni siquiera podía leer los diarios, me afectaban las noticias, porque sentía que no estaba haciendo nada por el otro. Me había casado, tenía hijos, trabajaba, pagaba los impuestos pero nada más."

Juan Carr tiene 38 años y desde los 9 formaba parte del Grupo Scout de la parroquia de San Gabriel de Vicente López. Participó del grupo durante diez años, y le reconoce haber tenido impor-tante participación en su for-mación humanista. "Cada día que pasa debes hacer algo por el otro" le habían marcado a fuego, aunque la sensibilidad nació con él. Juan es esquivo a la hora de contar cosas de sí mismo, y prefiere hablar de la Red So-lidaria. Pero a nadie escapa que él fue su creador y motor prin-cipal. Después de insistir aparecen, a modo de anécdotas, los días y noches en que se acercaba a los linyeras de su barrio para ofrecerles llevar sus bol- sas o cuando salía a buscarlos mientras dormían para taparlos en las noches de invierno. Hay muchos hechos en su memoria, pero dos lo marcaron en su adolescencia de manera especial.

"Un día, entre las dos misas de la tarde, murió un linyera que estaba en la puerta de la parroquia. Habían pasado alrededor de 2000 personas y nadie se había dado cuenta de que él estaba ahí, se había muerto al lado nuestro. Sentí algo raro. Recuerdo que me paré arriba de un banco y empecé a gritar. Era un reclamo a todos los que estábamos ahí. ¿Cómo nosotros, que veíamos a Jesús crucificado en la misa no habíamos visto que en ese momento teníamos ahí a quien lo representaba y se había muerto sin que nos diéramos cuenta? Ese fue un momento importante, me di cuenta de la capacidad que tenemos de marginar. Esto lo digo con amor, porque yo también estaba ahí." Siempre se incluye a la hora de rendir cuentas. Toma lista de las cosas que están mal y se arremanga la camisa a la hora de ponerse a trabajar.

"Otro momento que me dejó su marca fue con Héctor, un linyera que prácticamente vivía en la puerta de la parroquia. Un día fui y le pregunté si necesitaba algo, él me respondió que tenía todo, que lo único que necesitaba eran unos anteojos + 3 (así me los pidió) porque, me dijo, el que no lee está muerto. Conseguí los anteojos y se los llevé una noche de invierno mientras él, alumbrado con una luz mortecina, procuraba ganarle al frío. Cuando vio los anteojos, se los puso y empezó a gritar como transformado: "¡Veo, veo, veo!", y me mostraba el horizonte que se le habría mientras me leía una frase: mire, allá dice Salva tu Alma.

En esa noche de febrero, Juan Carr obtuvo una respuesta y la primera en dar su apoyo fue su mujer, María Alemán. Después siguió buscando adeptos. La segunda fue una mujer a quien Juan le cuidaba perros y gatos. La mujer respondió a la propuesta con entusiasmo. Era Irma, voluntaria de la Red que hoy tiene 80 años. A Irma le siguieron un arquitecto amigo de toda la vida y también los dueños de la canchita de fútbol donde Juan se sigue reuniendo los viernes con sus amigos para hacer rodar la pelota.

Entre todos, compraron una línea telefónica y una computadora, que todavía funcionan en esa canchita. La idea original había sido armar una red informática, a la que se integraran otras computadoras que, funcionando en común, pudieran dar respuesta a las demandas de la gente. El teléfono funcionaba entonces -y todavía funciona- con el sistema de transferencia de llamadas.

El esquema original sigue siendo el que rige actualmente: convocar voluntarios que donen su tiempo. Juan Carr, ya desde entonces, repetía: "no quiero tu dinero, quiero tu compromiso".

Este primer equipo de gente con sensibilidad social tenía el lema: "Nuestro sistema tiene que srevir para salvar vidas o mejorar la calidad de vida de los demás".

"Teníamos la seguridad de que la solidaridad estaba intacta -dice Juan-. Debíamos mostrarnos creíbles, actuar de manera que la gente se contagiara esas ganas de ayudar. En esto inventamos un sistema en donde no juntamos, no guardamos, no recolectamos. Mostramos donde está el que necesita una silla de ruedas y el que la tiene. Anunciamos dónde está el uno y el otro, para que vean que es creíble. Y supimos que en la medida que aumenta la credibilidad, aumenta la solidaridad", sigue diciendo Juan, mientras se agolpan en el recuerdo decenas de historias.

Al principio los voluntarios donaban tres horas por día, para la atención del teléfono. Hoy, la red tiene 70 voluntarios. El esquema se repite en Buenos Aires-Capital, Pilar, Neuquén-Río Negro, Córdoba y Rosario. Cuentan con 200 colaboradores circunstanciales para las campañas. "Cuando se los convoca, vienen", comenta.

Los integrantes de la Red Solidaria sabían que en el recuerdo de la gente había un pasado difícil de remontar. Fue cuando en la guerra de Malvinas miles de argentinos habían sido aprovechados en su buena fe. Habían donado los valores, los que tenían y los que no tenían, para enterarse luego de que sus donaciones siguieron un derrotero desconocido, aprovechadas por los inescrupulosos de siempre.

Fueron tres notas en distintas radios y una en La Nacion a los pocos meses de empezar la Red, Solidaria, las que provocaron una explosión. Y la red, en-tonces, supo del impacto que son capaces de lograr los medios, cuando se trata de convocar para la solidaridad. La Red Solidaria no tiene estructura formal ni sede. Aún no han encontrado el motivo para tenerlas. Si los volun-tarios tienen que reunirse, lo hacen en comedores infantiles o en un bar. Lo admirable de este grupo de gente es que propone un modelo solidario constructivo. Y al ser generosos ofrecen el modelo para que otros lo repitan. Juan Carr afirma con conocimiento de causa que "la solidaridad no es para especialistas, es para cualquiera. Nosotros creemos que cualquier persona puede hacer algo por el otro, que no tiene que dejar de hacer lo que está haciendo. Para nosotros la propuesta es simple, diría elemental". Coordinan acciones con fundaciones, con estructuras de gobierno, con las distintas iglesias. Apoyan campañas, pero con una peculiaridad: no firman convenios. Se proponen trabajar juntos desde la acción común.

La solidaridad bien entendida empieza por casa: la red tiene muchos proyectos que van más allá de las fronteras. Quieren estar presentes en las catástrofes mundiales y ya lo han empezado a ensayar. Estuvieron presentes en Kosovo y en Venezuela, pero primero trabajaron arduamente en las terribles inundaciones que en 1998 azotaron el litoral de nuestro país. Postula Juan Carr: "el prójimo es aquel que tiene derecho de esperar algo de mí". Es por eso que entre sus propuestas está el salir a la calle a buscar al que necesita. Propugnan la cultura solidaria, "en la que una persona o una comunidad se detienen a pensar en el otro, o mirarlo, y se proponen transformar la realidad del otro positivamente". Saben que no es una empresa fácil. el desafío es que el proyecto sea a largo plazo, a cinco o diez años. En algunos casos la solidaridad aparece como moda y, aunque no sea el caso de la Red Solidaria, Juan Carr acepta con dolor que a veces es así y trabaja para impulsar una permanencia de los actos solidarios más allá del momento de la emergencia.

Ya con tono imperativo, el creador de la red sostiene: "Las organizaciones en Argentina y en el mundo se dividen en dos; aquellas a las que les interesa el prójimo y además otras cosas, y aquellas a las que les interesan otras cosas y además el prójimo, y esa diferencia es abismal. Para nosotros primero está el prójimo, antes que otros intereses. Si estás tan cerca del dolor, el dolor es el que te ubica. Si no, se puede estar reunido días y días en nombre de los humildes, pero nunca se llega a verlos. Uno está lejos de ellos, lejos del prójimo. Y lamentablemente hay pocas personas dedicadas al prójimo."

En lo concerniente a las motivaciones que impulsan a la gente a ayudar, Juan sostiene que al menos en lo que se puede ver desde la red, hay un amplio espectro.

Puede ser una señora jubilada que quiere colaborar con 1 peso para la campaña de Agustín o el cheque de un empresario que prefiere quedar en el anonimato.

Puede llegar el aporte de alguien que quiere empezar a cambiar su vida porque hasta ese momento explotaba a sus empleados o quien, sin haber cambiado su vida, dona parte de sus bienes y desatiende a su familia.

La Red Solidaria funciona como un alerta. No está en contra de la riqueza ni del crecimiento de los políticos. Pide que los que están en buena posición "no se olviden de los 9 millones de marginados."

Juan Carr no para de hablar, desborda de energía creativa. Su cabeza no para de inventar proyectos. Desde hace cinco años, su vida es absoluta-mente diferente. Dice que no se cansa como antes cuando, trabajando como veterinario, atendía mascotas. Su fuerza se renueva cuando logra salvar una vida o mejorar la coti-dianidad de alguna persona y mantiene su familia dando clases de biología en el colegio Los Molinos.

Ultimamente, alcanzó otro sueño: trabajar para combatir el hambre. Dirige un programa de nutrición que depende del Instituto de Cultura Solidaria en el que se asiste a 10 villas de emergencia. Hay algo que Juan Carr nos deja como mensaje: ayudar al otro, sentirse útil haciendo algo por los demás nos hace sentir más felices.

A la hora de ayunar

  • 350 pacientes con HIV son asistidos con medicamentos.
  • 80 comedores y hogares son cubiertos permanentemente en la parte alimentaria.
  • 16.000 enfermos oncológicos recibieron sus medicamentos.
  • 120 escuelas rurales han recibido aportes de distintos elementos.
  • 35 personas consiguieron trasplante.
  • 28 instituciones de discapacitados recibieron colaboración para distintas campañas.
  • 1072 casos detectados de desnutrición infantil en estudio, para comenzar el tratamiento.
  • 109 casos detectados de desnutrición infantil en 10 comedores comunitarios de diferentes villas de emergencia, de los cuales 35 fueron recuperados.
  • 39 casos de chicos desaparecidos fueron registrados, de los cuales 31 fueron resueltos.
  • 220.000 personas afectadas por las inundaciones recibieron en mano ropa para 6 meses y comida para 10 días.
  • 2000 refugiados kosovares fueron asistidos durante 160 días con comida y alimentos.
  • La red en números

    1er año

  • 25 llamados diarios
  • 90% pedidos
  • Actual

  • 90 llamados diarios
  • 60% ofrecimientos
  • Hasta noviembre de 1999, la cantidad de llamadas recibidas fue de 90.000. Sobre 45.000 llamadas de pedidos, 10.000 tuvieron respuesta definitiva. Durante la crisis en el PAMI, en el mes de noviembre, hubo 500.

    La solidaridad hecha por profesionales

    1) Cátedra de la Solidaridad: especialidad dirigida a profesionales de distintas áreas para reflexionar y capacitarse en temas sociales. Se cursó durante 1999 en el Instituto Pedro Poveda; continúa y crece.

    2) Agencia Humanitaria de Noticias: nació hace cuatro meses. Organiza información, y es el Departamento de Comunicación de la Red Solidaria.

    3) Social Training: armado en conjunto con la gente del Citibank para elaborar estrategias. El programa cubre distintos frentes. Uno de ellos es el armado de un sitio de Internet para alcanzar ayuda humanitaria al exterior.

    4) Red de docentes: convocan a docentes para capacitarlos. Son considerados uno de los principales transmisores de la cultura solidaria. Para este año se proyecta crear una red entre docentes.

    5) Escuela de Líderes o de Valores: la propuesta es convocar a alumnos de los últimos años de la escuela secundaria y formarlos como futuros líderes en el área social.

    6) Missing children: el programa recibe denuncias de chicos perdidos y desaparecidos. Está en red con otros programas en América del Sur. Realiza campañas de búsqueda.

    7) Globalización Solidaria: es un proyecto que tiende a concretar los principios que sustentan la cultura solidaria más allá de las fronteras. Este programa se presenta este año en la Asamblea de las Naciones Unidas, impulsado por la Red Solidaria, donde participa un consejo de notables.

    Estos son algunos de los programas. Hay muchos más y la lista se abre ante cada necesidad. La meta para este año es poder intensificar la ayuda en los rubros de ancianidad, vivienda y trabajo. Los teléfonos de la Red Solidaria son el 4796-5828 y el 4761-7994. La página en Internet es http://www.redsolidaria.org.ar adas de pedidos, 10.000 tuvieron respuesta definitiva. Durante la crisis en el PAMI, en el mes de noviembre, hubo 500 llamadas diarias y un 77 % fue resuelta eficientemente.

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