Juan Marconi: "Te van a respetar más siendo empático y tranquilo"

Crédito: Catalina Bartolomé. Producción de Lula Romero.
Inés Pujana
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3 de mayo de 2019  • 10:45

Lo descubrieron en un casting para CQC, en el que no quedó, pero que le abrió las puertas al mundo de la televisión. Fue notero en Pura química, conductor de ESPN Redes y ahora coconductor de El gran premio de la cocina para canal 13 junto con Karina Zampini. Se define como familiero, enamorado y bastante cabrón, pero para esta nota logramos sacarle más de una sonrisa.

Fuiste a un casting porque tus amigos te mandaron, ¿qué vieron en vos que vos no habías visto?

Cada tanto salía la publicidad en la tele y mi mejor amigo me decía: "¿Por qué no te anotás?"; después mi mamá: "Juancito, ¿viste lo del programa?". Yo creo que vieron esa forma de ser espontánea que tengo con mis amigos, esa rapidez en un diálogo común. El rol en CQC era hacer entrevistas con una cuota de humor y carisma, que no es que yo no me daba cuenta que tenía, pero no era consciente de llevarla a la tele.

Sos noviero: estuviste 12 años con la misma chica...

La conocí en primer grado, imaginate. Fue mi primer amor, fuerte, fuerte: enamoramiento, mariposas, locura total. Estuvimos algunos años y era "o concretamos el cuentito de los chicos que se conocieron en el colegio y se casaron o no". Y bueno, terminó en no...

¿Y ahora estás noviando otra vez?

Sí, desde hace muy poco tiempo y muy contento.

¿Qué encontraste en ella?

Simpleza. Es un poco lo opuesto a mí: muy vergonzosa, muy perfil bajo, muy simple. Esa simpleza la hace ser muy hermosa. Es buena persona, buena compañera de laburo, familiera a morir... Tiene un solo defecto y es que es muy hincha de Boca.

Decís que la simpleza te atrae mucho, ¿a qué le huis?

De todo lo que me genera ruido, escapo. De la mala gente. Pasa en el laburo, que por ahí hay jefes que conmigo son muy sociales y buena onda, y que yo sé que no son buena gente. Trato de huirles, pero no desde no tener relación, sino desde no creer que el que es buena onda conmigo lo es con todo el mundo. A mí, que soy una persona pública, me sonríen, pero después al productor o al cámara lo tratan como el culo. Entonces huyo un poco de relacionarme con gente así. Después hay cosas más extremas. Trato de huir de las adicciones, por haber visto a amigos que estuvieron en esa y decir: "Esto empieza como una boludez y termina mal".

¿Tu viejo -Guillermo Marconi, ex árbitro- fue como una escuela para vos?

La verdad es que sí. El tener personalidad y bancar la parada en un laburo público como es el mío pude haberlo sacado de él, de verlo todo el tiempo. Aparte, mi viejo tiene una personalidad muy fuerte, que en su profesión es necesaria, porque hay que tener temperamento para bancarse que te insulten todo el tiempo, y eso es algo que mamé desde muy chico.

Hace un tiempo contaste que los llamabas todos los días a tus viejos, ¿lo seguís haciendo?

¡Sí! La verdad es que hablo todos los días. A veces pueden pasar un par de días que no, pero en todo momento estoy consciente de eso. Digo: "Che, no llamé a mi vieja". Ahora, como existe el WhatsApp, las llamadas por ahí se transformaron en notas de voz o mensajes en el chat grupal de la familia. Pero necesito ese contacto permanente.

¿Te pasa lo mismo con tus amigos?

Cuando era chico me inculcaron eso de que "los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano", pero con el tiempo lo fui cambiando. Yo pensaba que a los amigos de toda mi vida nunca los iba a cambiar y que iban a estar toda la vida, y es cierto, pero también aparece gente nueva que te cambia para bien. En mi caso, mis nuevos amigos me hicieron abrirme y salir del personaje de "no necesito más amigos que los que tengo". También me considero un pibe que conecta muchos grupos. Me gusta ser como un nexo.

Crédito: Catalina Bartolomé. Producción de Lula Romero.

¿Algo que ver con la carrera de Relaciones Públicas que estudiaste?

Tiene que ver. Muchas veces me dicen: "¡Qué vago! Estudiaste Relaciones Públicas", que es algo que mucha gente asocia con el tarjetero del boliche, pero es una carrera que a mí me ayudó muchísimo en la vida. De pendejo era muy egocéntrico, medio caprichoso. Ahora me siento mucho mejor pensando más en el resto que en mí: ayudando a alguien, llamando, estando. Boludeces. Me doy cuenta de que con muchas cosas que parecen no ser importantes le cambiás el día a alguien.

¿Sos cabrón?

Muy cabrón, de enojarme por cosas sin sentido. A veces me enojo y me quedo ahí. Otras veces digo: "Pará, me estoy enojando, ¿qué hacemos con esto?". Lo veo como algo que está y después pasa. Eso me lo dio un poco el tiempo. Antes iba al choque. Ahora estoy un poco más tranquilo.

¿Dónde aprendiste eso?

Hubo una situación que me ayudó mucho: arranqué a conducir a los 24 años en un canal de deportes y, sin darme cuenta, tenía actitudes malas. Como conductor, mandaba una nota y, si tardaban dos segundos más, decía: "Dale, hermano, no es tan difícil". Ahora lo escucho y me da rechazo. Un jefe me agarró un día y me dijo: "Esto así no va, o te calmás...". Lo mío no era de mal tipo, era de ansioso, de querer que todo saliera bien. Esa charla me hizo entender que nadie se equivoca con intención, nadie quiere ir por la vida equivocándose. Lo mismo con las redes sociales: antes contestaba todos los insultos. Toda la energía estaba en hacer creer que yo era el más enojón de todos, tipo "acá estoy yo". Un tarado. Me sentía más macho, más vivo, más pillo, y decía: "Si confronto y me peleo me van a respetar más". Y nada que ver. Todo lo opuesto. Te van a respetar más siendo empático y tranquilo.

¿Quién es tu ejemplo a seguir?

A nivel profesional, hay varios que me gusta cómo se manejan, desde que los veía en la tele y ahora que los veo en el mismo ámbito. De Iván de Pineda me gusta todo lo que hace, desde lo laboral hasta cómo se maneja. Sé que es buena gente, por lo que he visto y porque se sabe, en el medio se sabe casi todo. De Germán Paoloski también me gusta mucho la coherencia laboral que tiene; cada vez que hace algo, sabe por qué lo hace y cómo lo hace, y también es un tipo querido.

Hace un tiempo dijiste: "El laburo es el laburo, pero mi vida es mi familia, mis amigos...".

Desde ya. Igual, también tiene que ver, me parece, con una crianza, y con una actualidad de la que, toco madera, no dependo... Que suene bien, yo quiero trabajar toda mi vida y amo laburar de lo que laburo, pero por suerte mi viejo tiene una situación que si yo el día de mañana no tengo laburo, puedo elegir qué hacer. Es un privilegio que tiene un porcentaje mínimo del país. Yo tuve la posibilidad de elegir para que viniera la incertidumbre de decir: "Pará, lo que estás haciendo, ¿lo podés hacer en otro lado?". Tampoco quiero llegar al punto de laburar en un programa a las 6 de la mañana, a las 5 de la tarde y a las 11 de la noche y estar todo el día laburando. Yo hoy estoy a la tarde en el Gran premio de la cocina, tengo la mañana y la tarde libres y la noche también, salvo eventos o distintos laburos que me van saliendo, y estoy feliz. Eso no quiere decir que el día de mañana no lo haga, pero hoy ni en pedo me meto en esa máquina.

¿Tus prioridades pasan por otro lado?

¡Claro! Es estar con mis amigos, ir a un casamiento, levantarme con mi novia y desayunar tranquilos. Repito: es algo que, por suerte y gracias a Dios, hoy puedo hacer. Quizás el día de mañana tenga dos hijos y diga: "Che, no me alcanza, quiero tener otra situación" y labure más y genere más. Hoy estoy contento con lo que tengo.

Maquilló y peinó Josefina Mercau. Agradecemos a Ay Not Dead, Bolivia y Nike por su colaboración en esta nota.

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