La bisnieta de Wagner

Rebelde y segura de sí misma, Katharina es la heredera de una obra monumental y está dispuesta a inquietar a los más conservadores con tal de acercar la música de su bisabuelo a las nuevas generaciones
Cecilia Scalisi
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25 de septiembre de 2011  

Nunca se dejó encasillar en el rol de la escultural valquiria, de belleza esplendorosa e impactante, que sólo sonríe para las fotos de la Boulevard-Presse (la prensa del jet set, en alemán). Ni siquiera cuando desde las terrazas del Festival de Bayreuth, que creó el propio Richard Wagner para ejecutar exclusivamente su música, saluda al público que llega hasta allí de todas partes del mundo. Tras haber sido elegida por abrumadora mayoría para asumir la dirección del festival –durante años disputada por varios herederos de Wagner, todos personajes destacados de la vida cultural alemana, en públicas controversias con repercusiones políticas–, tampoco quiso erigirse en el mentado símbolo de representación y poder que se le adjudica a la cima de la colina verde (como se llama a Bayreuth por el sitio donde está ubicado), sino como sucesora de una obra monumental, con la misión de difundirla para las nuevas generaciones.

Rebelde y segurísima de sí misma, talentosa y capaz, desafió desde chica, con personalidad volcánica e importantes méritos, todos los rótulos impuestos desde afuera. Antes de los treinta, se convirtió en todo lo que de ella se esperaba (ver Perfil).

Es la bisnieta de Richard Wagner y la tataranieta de Franz Liszt; sobrina del famoso Wieland –uno de los grandes innovadores de la régie de ópera– y sucesora de su padre, Wolfgang, en el más antiguo festival de ópera del mundo. Se llama Katharina y llega por primera vez al país en estos días, invitada por el Teatro Colón de Buenos Aires, para presentar su revolucionario proyecto para el Año Wagner (2012), Colón-Ring: un Anillo del Nibelungo, que compacta en siete horas totales de música las dieciséis horas originales. Se verá a manera de gala en el máximo coliseo porteño el día de la première mundial, 27 de noviembre de 2012, en una sola jornada que durará del mediodía a la noche.

–¿Cómo ha influido tu padre en la formación de tu carácter?

–Siendo niña, mis padres me permitieron experimentar e intentar de todo. Pero me enseñaron, al mismo tiempo, que si decidía hacer algo, debía hacerlo sola. Ese tipo de formación educa un carácter muy definido y yo he sido formada sobre esa base de independencia. Después, si uno elige desempeñarse profesionalmente en la vida pública, debe saber convivir con ella. Y si uno además ha nacido en una familia históricamente pública, ya es otra cosa. Pero mis padres se esforzaron para que creciera en una atmósfera de naturalidad, permitiendo que me comportara y me expresara espontáneamente.

Mujer de gran carácter, Katharina establece dos puntos previos al diálogo con LNR: su presencia en Buenos Aires está ligada necesariamente a su colaboración con el Teatro Colón y no a su rol de heredera de Bayreuth ni a los vínculos del clan Wagner, de modo que no son estos temas de los que quiera conversar en esta nota. Tampoco sobre la remanida relación entre el nazismo y la música de su bisabuelo, aun cuando recientemente se haya presentado, con dirección de escena de su propia firma, la ópera más emblemática de esa asociación: Los maestros cantores de Nürnberg. Al respecto, explica: "Es una obra signada indefectiblemente por esa historia y ese es el primer desafío que plantea su producción. Las obras que trascienden la época en que fueron compuestas deben reflejar algo de la vida que vivieron a partir de ese momento. Wagner ha sido usado y abusado por el nazismo. Y claro que el tema está siempre presente, pero también es verdad que yo no puedo verlo más que desde una perspectiva histórica, como algo que he recibido por lo que me contaba mi padre. Felizmente, no he tenido que enfrentar esa realidad. No he vivido esa época y, como siempre digo, tampoco puedo modificar ese pasado".

–¿Cómo es formar parte y ser la cara más visible de la familia Wagner, blanco de intrigas y controversias por la sucesión de Bayreuth?

–No es mi estilo ventilar públicamente los conflictos familiares. No me gusta ofender a la gente, menos a un pariente. Si hay discusiones internas, no tiene por qué enterarse todo el mundo. No estoy de acuerdo con que otros miembros de la familia actúen así, pero no he sido nunca yo, ni lo seré, la que salga a acusar o a juzgar a la familia Wagner.

Ser o no ser un wagneriano

Para el mundillo de los melómanos internacionales, ser un wagneriano implica pertenecer al círculo de los habitués del festival. A saber: participar regularmente del culto de Bayreuth para experimentar el verdadero Wagner (el que él mismo dispuso), que es sólo el de la orquesta del Festspiel y del foso místico (pues toda otra infraestructura para hacer oír a Wagner, además de una herejía, no es más que una mala copia); peregrinar al Festspielhaus (sede del festival) y formar parte del ritual que cada verano se cumple en la villa bávara, con esos pequeños tips que sólo se conocen a través del boca boca, de lo que se debe hablar y de cómo seguir la ceremonia. Codearse en la colina verde con la crème de la crème cultural y política de Alemania, y de otras partes del mundo; ser miembro de una sociedad reconocida y acceder a la entrada (por la cual muchos aguardan en una lista de espera entre diez y quince años y abonan cifras siderales en la reventa) para ingresar así a esa suerte de cofradía musical para la cual todo aquel que no participa, es como un wagneriano de pacotilla, un wagneriano de los discos, un melómano de segunda clase.

Quien verdaderamente haya asistido con frecuencia al festival, quien incluso haya disfrutado sin fanatismo de esa parafernalia, compartido pintorescas conversaciones e intercambiado opiniones con los habitantes de Bayreuth (en taxis y hoteles, por ejemplo), reconocerá que la mayoría de ese público dogmático, casi religioso, que desconfía de toda interpretación de Wagner fuera de ese lugar, ha ido envejeciendo no sólo en su edad sino también en sus ideas sectarias y en su concepción del mundo. Wolfgang Wagner fue quien signó hasta su muerte gran parte de ese espíritu elitista.

Y es ahora el tiempo de Katharina, el de los nuevos aires. Con sus por entonces 30 años, en 2008 llegó a la máxima posición del Festspiel, imponiéndose con todos los pronósticos a su favor –junto con su media hermana, Eva Wagner-Pasquier–, como codirectora de uno de los íconos culturales más potentes del mundo, tras años de especulaciones por parte de los medios acerca de la eventual destinataria de semejante herencia, siempre fuertes mujeres en danza en torno a Wagner (como otrora lo fueron Cósima y más tarde su nuera, la implacable Winifred) A la sazón: las medias hermanas Katharina y Eva, y la prima hermana Nike, hija del célebre Wieland y directora artística, por su parte, de la fiesta cultural de Weimar: los Pèlerinages, en homenaje al otro ancestro ilustre, Franz Liszt.

Por la juventud y personalidad de la blonda, se esperan de ella intensos vientos de cambio y apertura. Entre algunas de las innovaciones más resistidas por ese acérrimo círculo wagneriano están los proyectos de ampliación a nuevos públicos, tildados de populistas por atentar contra el código de exclusividad. Mientras tanto, frente al exacerbado fanatismo, Katharina se plantea preguntas inteligentes, por ejemplo acerca del éxito o fracaso de una producción: "A veces hay parte del público que no reacciona bien. Aun así no se puede generalizar sobre el resultado de una propuesta. Tomemos el caso del famoso Anillo del siglo, de Patrice Chéreau y Pierre Boulez, Bayreuth 1976 (que horrorizó a los wagnerianos por romper convenciones escénicas y musicales, y mostrar una lectura de la Tetralogía completamente nueva para entonces). Hubo polémica y feroces críticas, fue un verdadero escándalo y mucha gente odió esa producción. Paradójicamente, con el paso del tiempo, ésa se convirtió en una versión de culto que pasó a la historia como un hito de la interpretación del Anillo. ¿Qué significó todo eso? ¿Qué sucedió mientras tanto? ¿Cómo ese escándalo inicial llegó a convertirse en una ineludible pieza de culto?"

Una mujer explosiva

Con su despampanante metro ochenta y una interminable cabellera rubia, nunca pasa inadvertida esta chica de ojos lánguidos y mirada melancólica. Pero detrás de ese rostro angelical, que contradictoriamente aparenta ser vulnerable, se esconde un carácter explosivo, un aplomo arrollador que se traduce en una variada paleta de expresiones con las cuales siempre queda rotundamente clara esa naturaleza resuelta que la distingue, esa firmeza casi guerrera que se impone sobre cualquier obstáculo. Inquieta e hiperactiva, se desenvuelve espontánea y gesticula con gracia femenina al hablar en un alemán de marcado acento bávaro, ese amable canto sureño que conserva como tradición de familia a pesar de los años en Berlín, repartiendo el tiempo y las obligaciones entre sus tres residencias favoritas: la capital alemana, la capital wagneriana (Bayreuth) y su solitario refugio bajo el sol, en las islas Canarias, donde sólo acompañada por su novio, toma una saludable distancia de los flashes y los escenarios líricos.

–¿Qué opinás de la muletilla ¡Qué diría Wagner si... viera un Anillo compacto en una sola jornada?"

–Opino que es totalmente ocioso ponerse a discutir sobre qué hubiera sostenido mi bisabuelo respecto de esta idea. Montar en una gala un Anillo compacto en el cual podemos contar lo sustancial de la historia y de la música en una sola función no implica de ninguna manera un reemplazo de la Tetralogía. Es absurdo pensar así y es estéril sostener esa discusión. Esto es lo mismo que discutir con quienes se preguntan: "¿Qué hubiera dicho mi bisabuelo sobre las innovaciones en la colina verde?". Es obvio que estoy profundamente comprometida con honrar la memoria de Richard Wagner, así lo siento y trabajo por ello. Pero también es mi misión poner sus composiciones al alcance de la gente, como lo estoy implementando con las transmisiones en vivo por TV e Internet. Mi misión sobre esta herencia cultural es mantener viva la obra de Wagner. Y las decisiones sobre qué y cómo lo hago las debo tomar en el aquí y ahora de mi propio tiempo. En este sentido, mi bisabuelo hubiera actuado como yo: aquí y ahora.

–¿Cuáles son tus expectativas en esta colaboración con el Teatro Colón?

–El Teatro Colón es el lugar ideal para realizar este proyecto porque luego de su reapertura y de la espectacular restauración y renovación tecnológica es el escenario que conjuga el glamour y lujo de su edificio con las mejores condiciones tecnológicas y los más modernos equipamientos escenotécnicos.

–¿Cuáles son las concepciones que te motivan tan profundamente?

–En general, me interesa más el drama que la comedia, pero no tengo en verdad ningún canon temático, sino que más bien elijo cada proyecto individual. Trabajo primero intensamente sobre la reducción para piano, luego sobre el libreto. Me pregunto si esa idea tiene algo que ver conmigo y con mi historia, si tengo algo para contar al respecto…, si la respuesta es positiva, recién entonces acepto una régie. Tomo mis decisiones sobre la base del potencial que puedo advertir en cada proyecto y en las posibilidades reales de llevar al escenario una producción que cumpla con las altas demandas de calidad que les impongo a mis realizaciones.

–¿Qué reacciones esperás por parte del público?

–Para mí es esencial que el público se sienta tocado. Por supuesto que hay que descontar que habrá expresiones de rechazo, lo cual para mí es normal y también muy bueno porque implica que la propuesta es movilizadora. Pero no se trata de una mera provocación, como muchas veces se pretende simplificar, sino de mi trabajo sobre las obras y de mi concepción sobre cada una de esas piezas. Eso es lo que llevo al escenario y estoy dispuesta a todo lo que de ello resulte. Sé tomarlo como parte de la cosa porque, además, es precisamente uno de los costados emocionantes de este trabajo. Voy a decirlo de un modo claro: la única reacción que debe temer un régisseur es la indiferencia. Y lo peor que le puede pasar a un teatro es que no pase nada.

Fotos Enrico Nawrath, por gentileza de la Oficina de Prensa de Katharina Wagner.

PERFIL MUSICAL

  • Bisnieta de Richard Wagner y tataranieta de Franz Liszt, es la directora del Festival de Bayreuth, el más antiguo del mundo de la ópera.
  • Es régisseur (directora de escena) graduada en la Freie Universtität de Berlín.
  • Desde adolescente se desempeñó como asistente de régie en Bayreuth y más tarde como asistente del legendario Harry Kupfer en la Staatsoper de Berlín (la ópera de Barenboim).
  • A partir de los 23 años se convirtió en la mano derecha de su padre, Wolfgang, en la dirección del Festival de Bayreuth.
  • A los 24 debutó con El holandés errante convirtiéndose en la directora de escena más joven de la historia de Bayreuth. Tuvo a cargo siete producciones (cinco de ellas, óperas wagnerianas), en grandes casas como Deutsche Oper Berlin y Munich
  • Su próximo proyecto será producido por el Teatro Colón, para 2012.
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