La consigna en esta fecha: apelar a las sensaciones

Varios recursos que engalanan el espacio
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22 de diciembre de 2001  

Desde mi punto de vista, la Navidad siempre merece una decoración especial. Este concepto va más allá de la fiesta religiosa. Considero que en estas fechas nuestra sensibilidad se agudiza y nos entregamos un poco más al amor.

Respecto de cómo ambientar el hogar, a mí me gusta ver la casa decorada recién en la Nochebuena. Mi primer recurso consiste en disminuir el nivel de iluminación de las lámparas: opto por distribuir velas por todos lados. A veces las elijo en verde, blanco y colorado, aunque en la mayoría de las ocasiones las prefiero en tonos neutros como base y las combino con algunos modelos en tonos plateado o dorado.

El segundo recurso que utilizo son los jazmines. Creo que es, por excelencia, el perfume de la Navidad en nuestra ciudad. Por eso los empleo en los arreglos florales, en los tradicionales jarrones o haciéndolos flotar en bandejas y bols de vidrio.

También incorporo el árbol, por toda la carga simbólica que posee. Empleo unas lindísimas ramas secas a las que rodeo con las típicas luces.

Mi idea principal es que el clima y la ambientación de la Navidad deben pasar por despertar los sentidos. Y no tanto por una decoración armada y acartonada.

Por supuesto, el gran recurso para la ambientación es la mesa. En este caso hay que dejar que la imaginación vuele. Son de mi preferencia las de estilo veraniego, frescas y naturales: una elegante combinación de colores, muchas velas, buen cristal y un centro de mesa creativo.

Creo que esta Navidad encuentra al mundo muy convulsionado y con un deseo generalizado de vivir un poco más hacia adentro. Por eso regalaría objetos para la casa. A muchos les encantará recibirlos. Además, por lo general son compartidos y eso, en estos tiempos tan individualistas, es bueno.

El autor de esta columna es arquitecto, responsable de La Compañía.

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