La falsa dicotomía entre seguridad y libertad

Gustavo Bustamante
Gustavo Bustamante PARA LA NACION
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22 de mayo de 2020  • 11:22

Así como Julio César ante el rio Rubicón atormentado por las dudas dijo "alea iacta est" ("la suerte está echada") que expresa el hecho de lanzarse irrevocablemente a una empresa de arriesgadas consecuencias. Así es vivenciado por mucho el traspasar la puerta de sus casas.

A partir del Covid 19 podemos clasificarnos como: grupos de riesgo o no, sintomáticos o asintomáticos, informado o desinformados, cuidadosos y descuidados, etc. Pero también la división podrá ser salidores o no. Hasta en las familias y las parejas pueden dividirse en estos grupos por elección o por necesidad. Están los que salen solo a lo esencial o a trabajar, los que buscan recrearse, los que no soportan el encierro; y los que viven en un estado de calma desde el encierro y no negocian movilidad por tranquilidad.

Muchos de mis pacientes que viven en el mundo de las fobias y los trastornos de ansiedad me dicen que les vino muy bien el #quedateencasa, ya que les permitió aislarse de la amenaza, les alivio el tener que enfrentarse a los peligros a las cosas que pasan allá afuera. Les confirmo lo bueno que era lavarse en extremo, lo saludable de tener distancia y lo importante de estar en alerta cada vez que salen a la calle. Construyeron una fortaleza en sus casas, la fortaleza del control. La idea de que en casa contamos con la "base segura", la seguridad puesta en los límites de las paredes. "Aquí se lo que pasa. más allá de la puerta no lo sé." La suspicacia, la sospecha y la ansiedad paranoide se alimentan de la distancia. Cuanto más lejos menos objetivos somos. Nos faltan datos o los datos son confusos, pero así y todo necesitamos conclusiones, y como siempre pasa con el miedo: cuanto más rápido tengamos las conclusiones mejor, al menos para salir de la rumeación mental que nos genera la duda. Sin importarnos en caer en el sesgo confirmatorio que solo hace reforzar lo que ya pensamos anteriormente y que puede estar equivocado. Cuidado a los que están en esta orilla del rio con el Síndrome de la Cabaña

En la otra orilla están los otros, los que salen y se arriesgan; y que cuando vuelven, deberán pasar por rigurosos controles de limpieza y de verificación. Para que la amenaza siga quedando allá afuera. Y que no ingrese. Pero ahí es cuando sobreviene el descontrol, el terror, el temor frente a lo incontrolable. Saltan las dudas, los interrogatorios "Donde y con quién estuviste?, Había mucha gente? Mantuviste la distancia? Te tocaste la cara? Compartiste un mate?" Se generan los reproches en algunos casos, se caen en conclusiones anticipadas. Endilgándolo de irresponsable, de poco cuidadoso. En las sesiones escuchamos peleas de pareja, familiares y hasta entre vecinos.

El miedo a la incontrolabilidad del otro. El miedo a la enfermedad, al sufrimiento.

Se crea así una falsa antítesis, la de la seguridad vs. libertad, las dos orillas del rio. Poco a poco vamos a tener que aumentar ambas en nuestro interior. Es la única forma en la que podemos sobrevivir a cualquier pandemia, junto a seguir aprendiendo a tolerar la incertidumbre.

El autor es doctor en psicología clínica y presidente de la Fundación Fobia Club

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