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Lifestyle

La humillaron por tener unos kilos de más; eso la motivó a empezar un cambio

Jimena Barrionuevo
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13 de agosto de 2019  • 09:45

Ocurrió en el momento exacto en que Cynthia Navarro (33) estaba lista para el cambio. Hacía más de un año que batallaba contra esa sensación de angustia que le oprimía el pecho, le ocasionaba ataques de llanto inesperados y la dejaba en un estado de tristeza constante del que no se podía despegar. Nadie lo supo entonces, ni siquiera su pareja, su familia, ni su círculo más íntimo de amigos, pero estaba deprimida y aquel "gorda cerda" que le gritaron una tarde en la calle, la dejó pensando una noche entera. Era hora de hacer algo por su bienestar.

"Me sentía poco querida, muy descuidada, las comparaciones me mataban por dentro y me refugié en la comida. Sin darme cuenta, empecé a subir de peso, lo sentía como un castigo a mí misma, por no ser buena en nada. Me estaba muriendo por dentro de la tristeza que tenía. Necesitaba salir de ese encierro, no quería que mis hijas me vieran así ni que naturalizaran algo que no es normal. Y fue entonces cuando supe que necesitaba ayuda".

Buscó el apoyo de una psicóloga que le aclaró el panorama, la tranquilizó y acordaron que, desde ese momento, Cynthia necesitaría hacer actividades por y para ella. Así que el primer paso que la joven dio fue anotarse en un gimnasio. Acto seguido sacó turno con una nutricionista que la ayudó a cambiar su alimentación. "Me ayudo a manejar la ansiedad, a conocer hábitos saludables y aprendí a no comer hasta que la panza me reventara. Además, sumé clases de spinning a mi rutina, lo que me ayudó aún más a bajar de peso. Pasado el tiempo, pude notar como mi cuerpo comenzó a cambiar, la ropa me quedaba mejor, me sentía mas deshinchada, la piel estaba suave y ¡hasta tenía más energía!".

Mientras su imagen externa cambiaba, algo en su interior también se había modificado. La reflexión y los nuevos hábitos que incorporó, la llevaron a tomar distancia por unos meses del padre de sus hijas -con quien está en pareja hace más de 16 años-. "Fueron meses que me sirvieron para pensar, para ver lo que quiero y lo que ya no quiero para mi vida, y para darme cuenta de lo que valgo como mujer. Viví muchas situaciones feas en el vínculo con mi marido y me quedé estancada. No supe entonces cómo seguir o cómo salir adelante. Pero decidí apostar de nuevo por mi familia y volvimos a estar juntos".

Cynthia también se animó a hacer un terciario que había postergado y, al poco tiempo, se recibió de despachante de aduanas. "Todo lo que viví en este proceso me dio mucha seguridad en mi misma. Logré tener constancia en todo lo que inicio, descubrí mi pasión por la cocina y por los viajes".

Su vida ahora es ordenada y con decisiones conscientes. Con constancia y perseverancia logró bajar 13 kilos en un año. Trabaja de lunes a viernes de 10 a 18 en una oficina y, a las 20, cuatro veces por semana, toma clases de Kangoo Jumps, una disciplina que se vale de una botas transformadas en trampolín que permiten realizar gran cantidad de actividades físicas. En la clase, por medio de saltos, se fortalece la musculatura, mejora el equilibrio y se trabaja el sistema cardiovascular. "Algunos días mis hijas me acompañan al gimnasio y otros se quedan con el papá. Sostener la actividad física me dio confianza en mí misma: ahora puedo ponerme una bikini, me gusta planear viajes con mi familia y ya no me avergüenzo de mi cuerpo".

La voz del especialista

Florencia Lucente es nutricionista (MN 2432) de los Centros de Diagnóstico DIM y en este audio explica cuáles son las consecuencias del sedentarismo en la mujer.

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