La importancia de no ser nuestros propios enemigos

Crédito: Corbis
¿Qué sucede cuando nos convertimos en nuestro mayor obstáculo? La difícil tarea de aprender a lidiar con uno mismo.
María Gabriela Palleros
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10 de marzo de 2016  • 00:20

No se trata de un tema simple, principalmente por dos motivos, primero porque nadie es plenamente consciente de las propias conductas que nos pueden actuar en contra, y segundo, porque cuesta mucho llegar a la raíz de las creencias que las motivan. Sin embargo, a veces, se vuelve moneda corriente, enfrentarnos a situaciones en las que simplemente nuestra visión es la que termina siendo el peor consejero.

Va más allá de tomar malas decisiones o de ser pesimistas, hablamos de cuando nuestros criterios de felicidad no se ponen de acuerdo con nuestras acciones, sabemos lo que queremos alcanzar, pero no hacemos nada lograrlo, o lo que es peor aún, terminamos haciendo lo contrario mientras nos convencemos de que lo otro no era para nosotros. Desde ya, que en este aspecto, juega un rol fundamental la autoestima y la falta de confianza, pero lo que subyace, sin duda, es el miedo a poder obtener aquello que deseamos y no saber qué hacer con ello.

Por otro lado, también están los enojos que arrastramos con nosotros mismos. Este punto es fundamental porque se proyecta en todo lo que encaramos. Más de una vez responsabilizamos a los demás por situaciones que nos pasan, cuando la verdadera causa no es, ni más ni menos, que uno mismo. Volcamos enojos antiguos en situaciones actuales que nos llevan a perpetuar círculos difíciles de romper. Acá no tiene que ver ni las circunstancias ni las personas que nos rodean, son nuestros propios fantasmas los que terminan truncando cualquier proyecto que nos propongamos llevar adelante. Por esta razón, poder distinguir esos enojos es lo único que nos puede correr del lugar de tener que revivirlos inconscientemente a diario y que se transformen en conductas que no nos dejan nada productivo.

Necesitamos comprender que solamente de nosotros puede partir el empuje que nos permita el cambio, porque mientras sigamos aferrados a creencias que se nutren de nuestras inseguridades, nunca vamos a poder hacer una lectura completa de la realidad y dispararemos actitudes defensivas frente a todo lo que no encuadre con nuestro esquema. Tenemos que despegarnos de las conductas que no lastiman, no solo diferenciando su carácter autodestructivo, sino dándole un nivel análisis que nos lleve poco a poco a desterrarlas.

¿Por qué es importante no convertirnos en nuestros propios enemigos?

Crédito: Corbis

-No podemos proyectar. Cuando no tenemos registro de que derrumbamos todo lo que intentamos construir, se hace imposible poder avanzar, nos estancamos en una posición que no nos permite elaborar planes ni tampoco concretar nuestras metas.

-Desarrollamos una visión hostil del mundo. El no poder alcanzar una mirada introspectiva frente a las propias conductas que nos restan, va alimentando la idea de que nuestro contexto tiene la responsabilidad exclusiva de que las cosas no sean como queremos. Esta manera de percibir la realidad hace que nuestras estructuras se vuelvan rígidas y poco permeables al cambio.

-Mal uso de nuestra energía. Tenernos a nosotros mismos como enemigos es agotador e implica un desgaste sostenido de fuerzas, dado que nunca nada será suficiente si no somos capaces de fijarnos los propios límites.

-Interfiere en nuestras relaciones personales. Si la manera que tenemos para vincularnos con los demás siempre termina en conflicto, y jamás nos detenemos a analizar el porqué, nos vemos atados a un patrón de conducta que impiden que podamos fomentar lazos estables.

Nadie decide transformarse en su propia contra, ni tampoco es simple enfrentar las consecuencias que esa actitud genera. Por eso, es importante trabajar sobre nosotros mismos y no solamente quedarse con los hechos, necesitamos aprender a ver qué es lo que queremos y cuáles son nuestras conductas para lograrlo. A veces nos quedamos frenados intentando modificar situaciones en las cuales no tenemos ningún control, en lugar de intentar cambiar cosas que están a nuestro alcance y que son fundamentales para que todo lo demás se reordene. Debemos intentar a reconocer lo que no nos gusta de nosotros mismos para no convertirnos en nuestra sombra, aquella que sin poder distinguirla acabe por impedir que cumplamos todo lo que anhelamos, tal como lo expresa Carl Jung, quien mira hacia fuera sueña, pero quien mira hacia adentro despierta.

¿Y vos? ¿Qué opinas sobre este tema? ¿Alguna vez fuiste tu propio enemigo? Además: Aprendé a tomar decisiones y hacerte cargo y ¿Por qué nos impacta tanto la noticia de Juana Repetto?

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